domingo, 15 de febrero de 2026

18 DE FEBRERO: MIÉRCOLES DE CENIZA

El que nos dijo que somos sal y luz, también nos advirtió de que fácilmente corrompible es cuanto somos. Por eso, los cristianos, que tenemos grabada en la memoria de discípulos la recomendación del maestro para que perseveremos en la oración, el ayuno y la limosna; para que procuremos la autenticidad del que no vive de cara a la galería, debemos tomarnos muy en serio y con la voluntad bien dispuesta las ocasiones de preparación, concentración y recogimiento. La Cuaresma, como el Adviento, nos ayudan a vivir nuestro tiempo como tiempo de salvación, y a eso nos aprestamos con la "determinada determinación" de que sea el día de la salvación.

MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV PARA LA CUARESMA 2026 

LECTURAS

  • Jl 2, 12-18. Rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos.
  • Sal 50. R. Misericordia, Señor, hemos pecado.
  • 2 Cor 5, 20 — 6, 2. Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable.
  • Mt 6, 1-6. 16-18. Tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Una visión excesivamente doctrinal o espiritualista de la fe escamotea su carácter de proceso permanente, de experiencia vital y aprendizaje integral, pues afecta a los sentidos, la inteligencia, las emociones y las actitudes morales. Jesús no era un profesor a distancia, ni sus discípulos lo eran a tiempo parcial. Jesús es un maestro de vida, de la vida que merece la pena, la vida con pretensiones de sentido, verdad y plenitud. Y la vida no puede enseñarse más que compartiéndola. Sus discípulos aprenden conviviendo con el Maestro, colaborando en su misma misión, adentrándose en su íntima vivencia de comunión con Dios. Aunque tengamos, y de hecho necesitamos, tiempos especiales para intensificar nuestras aptitudes de discípulos del Señor, como lo son la Cuaresma y el Adviento, o los retiros, ejercicios espirituales y otras iniciativas de oración y meditación, en el seguimiento de Cristo, la vida toda es "tiempo favorable", "día de la salvación". 

Para esta Cuaresma os proponemos un itinerario marcado por los cinco domingos. Partimos del mismo punto de no retorno donde maduró su misión el que nos guía y acompaña. En el desierto, Jesús descubre y nos muestra caminos que no tienen salida, por los que no avanzaremos si queremos ir con Él: son las vías muertas del materialismo inmediatista; la búsqueda compulsiva de reconocimiento y aprobación; la idolatría del ego y la clausura de expectativas en el individualismo. Son direcciones cortadas porque acaban en nosotros mismos, porque no miran hacia el horizonte de la vida nueva que Dios nos da, sino que mueren en las satisfacciones a corto plazo y en raciones unipersonales.

¿Qué caminos, qué rutas sí conducen hacia el Reino de Dios, en la dirección de las bienaventuranzas y el amor fraterno? Pues, en primer lugar la rendida admiración por el reflejo de la gloria de Dios en el rostro de las personas, que son la cara visible del misterio que nos constituye, aunque sea bajo la débil envoltura de nuestra pequeñez y fragilidad. También está la acción de llenarnos para vaciarnos, de sentirnos interamente habitados por Dios para comunicarlo a nuestros hermanos con las palabras creíbles de la caridad y la solidaridad. En este itinerario, puesta la mirada en la dirección hacia la que camina el que va delante y primero, Jesucristo nuestro Señor, tendremos que mirar para ver y ver más allá de lo que nos obsesiona o nos despista.  Gracias a que hemos adoptado una visión más amplia y profunda, podremos tener como meta y estímulo para caminar, la radiante espectativa de la vida que vence a la muerte, de la resurrección que da plenitud a lo vivido y energía a nuestros pasos hasta llegar a ella. Porque, si con Marta y María creemos que Jesús es la resurrección y la vida eterna, viviremos para no morir a cada momento, moriremos para vivir siempre y siempre por la misericordia de Dios.

CALENDARIO CUARESMAL DE SANTO DOMINGO DE GUZMÁN







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