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lunes, 27 de julio de 2026

DOMINGO 2 DE AGOSTO: XVIII DE TIEMPO ORDINARIO

El drama de la inmigración irregular, con la explotación por parte de las mafias, la trata de personas y el resultado letal por mar y tierra, nos pide una reflexión serena, que, en el caso de los cristianos, siempre deberá ser una reflexión evangélica. Nadie dice que los estados no deban controlar sus fronteras y procurar una inmigración regulada, fruto de la colaboración bilateral y global. Pero el trato humano, el respeto de la vida y la dignidad, la hospitalidad para los que ya están aquí, se imponen cuando con fe primamos la fraternidad sobre otras consideraciones y atendemos al principio de la doctrina social de la Iglesia que habla del fin universal de los bienes.

SÁBADO 8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. MISA Y OFRENDA DE FLORES 19:30

LECTURAS

  • 5, 1-3. Venid y comed.
  • Sal 144. R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias. 
  • Rom 8, 35. 37-39. Ninguna criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo.
  • Mt 14, 13-21. Comieron todos y se saciaron.

El único milagro que se repite en los cuatro evangelios (Mt 14,13‑21; Mc 6,30‑44; Lc 9,10‑17; Jn 6,1‑15) y que en alguno de ellos tiene dos versiones (Mt 15,32‑39; Mc 8,1‑10), es el de la multiplicación de los panes y los peces. Hay quienes querrían leer este milagro como si la multiplicación del alimento fuera espontánea, de la nada; o como si siempre hubiera habido esa cantidad generosa hasta sobrar. Pero en el relato evangélico, lo que se multiplica es la generosidad, la parte compartida y puesta al servicio de la mayoría. Luego, viene la gracia que hace eficiente la comunidad de bienes y sale al paso de la necesidad, de la carencia de los bienes básicos. Pero primero están lo que de hecho tenemos y la intención de no acapararlo de manera egoísta. 
Más allá de las necesarias políticas que salvaguarden el derecho de los países a controlar los flujos migratorios y de las no menos necesarias, por no decir de obligada humanidad, medidas para acoger y atender a la población que llega a los países receptores de inmigrantes, hay que reflexionar sobre las causas que conducen a millones de personas a arriesgar la vida y buscar un futuro mejor, cuando no se trata simplemente de un presente viable, de sobrevivir. Las guerras, las consecuencias de una economía polarizada en el beneficio de unos pocos, los desastres climáticos, los estados dictatoriales y represores, el pasado colonizador, la desregulación del comercio y las inversiones internacionales... son otros tantos factores que forman parte del problema y que no deberíamos ignorar para sólo prestar atención a las dificultades que supone la acogida e integración de la población inmigrante. 
Y cuando, con justicia histórica y realismo político, vemos las múltiples y complejas causas de la emigración, entonces es hora de echar mano, como cristianos, de la Doctrina Social de la Iglesia y recordar dos de sus principios capitales: el destino universal de los bienes y la primacía del bien común. Por eso, la lectura hoy del milagro de la multiplicación de los panes y los peces parte de la constatación de la existencia de multitudes hambrientas, el reconocimiento de que podemos organizar la economía y la sociedad de un modo más humano y la contemplación de la gracia divina que multiplica lo que se comparte porque es Dios quien nos lo dio todo para todos.

domingo, 1 de febrero de 2026

DOMINGO 8 DE FEBRERO: V DE TIEMPO ORDINARIO. CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS

Aquí tenemos la clave de las Bienaventuranzas, en la afirmación por parte de Jesús de que nosotros, los frágiles y contradictorios humanos, las personas, somos la sal de la tierra, la luz del mundo. En esta brillante afirmación con la que el Señor de la historia, el redentor del género humano, nos confirma la buena imagen que Dios tiene de nosotros, su profunda confianza en el bien que nos legó, se encierra la más profunda motivación para creer en la gracia y su designio, para aceptarnos sin dejar de superarnos, crecer y convertirnos a la misericordia del Dios que tan bien nos mira.

CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS CONTRA EL HAMBRE

LECTURAS

Con la misma humildad, que es realismo sincero, con la que san Pablo reconoce "débil y temblando de miedo",  hemos de reconocer, como humanos que somos, nuestra interna fragilidad, nuestra tendencia al extravío, lo susceptibles que somos al pecado y la negación de Dios y su proyecto para con nosotros. Y aún así, el Señor Jesús, que también sabe de nuestra pequeñez e inestabilidad, dice que somos sal y luz, que valemos mucho, que podemos más, que tenemos un destino de eternidad que es Dios. Pero con la sabiduría que le caracteriza como maestro y acompañante de los que le siguen y escuchan, también nos advierte de la necesidad de darle a todo lo valioso que somos y tenemos su verdadero sentido: ser para los demás, tener con los otros. Y así, la propuesta un año más de Manos Unidas, para que nos sumemos a sus proyectos solidarios, se conviernte en mucho más que una obra buena y generosa. Pues se trata de que lo que somos y podemos alumbre, sirva, contribuya a que las bienaventuranzas prometidas para el futuro de plenitud empiecen a ser realidad aquí y ahora. Pero no se trata de mero voluntarismo, sino de la interna coherencia que hay entre el bien que nos habita y su puesta en práctica en el amor, la fraternidad y la caridad. Como los ríos tienden a la mar, la sal y luz que Cristo nos invita a reconocer de la impronta divina que llevamos inscrita en nuestras almas, tienden al servicio, el compromiso y la solidaria corresponsabilidad.


LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: SER UNA LUZ PARA EL MUNDO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: DAR SABOR A LA VIDA

COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: LUZ EN LA LUCHA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN; XIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

  LECTURAS 1 Re 19, 9a 11-13a Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. Rom 9, 1-5 Mt 14, ...