LECTURAS
- Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2. El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a
Santiago.
- Sal 66. R. Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos
te alaben.
- 2 Cor 4, 7-15. Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte
de Jesús.
- Mt 20, 20-28. Mi cáliz lo beberéis.
La reciente visita del papa León XIV a España, además de su magisterio y predicación confirmando la fe de nuestra Iglesia local, la que peregrina en las tierras y pueblos de España, ha servido para escenificar de manera educativa y necesaria, la riqueza, integridad y diversidad de lo que es la Iglesia, la nuestra y toda la Iglesia. Porque hay religiosidad popular, culto, oración, contemplación; y hay también testimonio, caridad, acompañamiento, solidaridad, compasión... El papa nos lo ha recordado y subrayado, pero el conjunto de actos y localizaciones, la riqueza de experiencias y testigos, muestran que la Iglesia, fundada en el anuncio apostólico del Evangelio, sólo es portadora de ese mismo Evangelio cuando lo vive en todas sus dimensiones, de manera integral, en su complejidad y riqueza. Esta es la fe que reconocemos de manera histórica y simbólica en la figura del santo apóstol Jacob, Yago, Jaime, Santiago. El hijo del Zebedeo, el que con Pedro y su hermano Juan formaba el círculo de confianza de Jesús. Porque son estos tres discípulos los que están con el Maestro en las horas dulces y sublimes (la Transfiguración: Mt 17:1-9; Mc 9:2-10; Lc 9:28-36; 2 Pe 1:16-18) como en los momentos de máxima debilidad (la oración en el huerto de Getsemaní: Mt 26:37 y Mc 14:33); los mismos que lo acompañan en el milagro de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5:37 y Lc 8:51). Este miembro del colegio de los doce apóstoles, elegidos por Jesús de entre los discípulos y discípulas que le seguían, para representar el nuevo Pueblo de Dios, enlaza la historia de nuestra Iglesia con la de todo el cristianismo y la inserta en la comunión de fe que debe expresarse, tanto en la oración y la liturgia, como de manera inseparable en la acción social en favor de los pobres, los privados de libertad, los inmigrantes, la vida en riesgo (no nacidos, enfermos, mayores), la dignidad de todos. A este apóstol que preside la unidad y la fidelidad de la Iglesia española encomendamos nuestra gente, sus problemas y carencias, sus expectativas y dificultades, al tiempo que le rogamos ayude a nuestra iglesia a servir lo mejor posible al pueblo español.










