LECTURAS
- Cant 3, 1-4b. Encontré al amor de mi alma; o bien: 2 Cor 5, 14-17. Ahora ya no conocemos a Cristo según la carne.
- Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Dios mío.
- Jn 20, 1-2. 11-18. Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?
Si la tradición espurea de que la santa apóstol de los apóstoles, fue prostituta en una vida anterior a la nueva vida de la fe y el seguimiento, ha prendido con tanta fuerza, ¿por qué no lo ha hecho la de que tras el reencuentro con Jesús, ya resucitado, fue ermitaña, orante, contemplativa, mística? Aparte de que, como dice Jane Schaberg en su precioso, incisivo y sugernte estudio "La resurrección de María Magdalena. Leyendas, apócrifos y Testamento cristiano" (Editorial Verbo Divino) ¿y si hubiera sido en realidad prostituta?, ¿por qué repudiarla si Jesús dijo que "las prostitutas irán delante de vosotros al Reino"? Más significativo que la supuesta relegación de María Magdalena por ser mujer, sería la de hacerlo por ser pecadora, por la estigmatización del pecado que siempre recae sobre una de las dos partes que lo cometen. Fuera o no de tal guisa el pasado de la mujer que aparece al principio de la misión de Jesús, en la cruz y como testigo privilegida de la resurrección, hoy destacamos el poso contemplativo que denota la trayectoria de la perseverancia en el seguimiento, el coraje ante la persecución y muerte de su Señor; y el oído nuevo para reconocer al resucitado al escuchar su propio nombre pronunciado por el que la llamó, la liberó y la enviará a anunciar la Pascua del resucitado. Estas tres marcas de la fidelidad y el fervor de Santa María Magdalena bien nos pueden servir como argumento en favor de su carácter místico, tanto como se ha usado aquello de que Jesús la había liberado de siete demonios para apoyar su pasado pecador. Pues pecadora, seguro que lo fue, pues todos lo somos. Pero no todos tenemos una fe tan entregada al amor salvador y curativo de Jeús como para saber descubrirle vencedor sobre la muerte, como fue, por la misericordia y el perdón, vencedor del pecado. Esta lectura más integral del lugar y el significado de la Magdalena en la historia del discipulado y la formación de la comunidad cristiana, debiera ayudarnos a no cejar en el empeño de hacer una Iglesia más acogedora y comprensiva de todas las biografías y carismas, para todas las funciones y ministerios, una Iglesia sinodal, que siempre será una Iglesia que no margina ni por el sexo, ni por el curriculum, sabedora de la vida resplandeciente y sanadora que encontramos en nuestro Señor Jesús: A ti te buscaba Señor.









