SANTO DOMINGO DE GUZMÁN
domingo, 4 de octubre de 2026
DOMINGO 11 DE OCTUBRE: XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA
COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO
lunes, 28 de septiembre de 2026
DOMINGO 4 DE OCTUBRE: XXVII DE TIEMPO ORDINARIO. SAN FRANCISCO DE ASÍS
LECTURAS
- Is 5, 1-7. La viña del Señor del universo es la casa de Israel.
- Sal 79. R. La viña del Señor es la casa de Israel.
- Flp 4, 6-9. Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
- Mt 21, 33-43. Arrendará la viña a otros labradores.
La imagen de la viña como porción de Dios era familiar en el Antiguo Testamento. Ya en el Primer Libro de los Reyes (1 Reyes 21:1-29) la viña de Nabot es señal de que la porción de Dios, su pueblo, sufre injusticia y sólo viviendo la justicia podrá representar su vinculación con Dios. Pero, sobre todo es el texto entrañablemente conmovedor de Isaías (5, 1-7) el que mejor ejemplifica el significado simbólico de la viña, cuyo cuidadoso cultivo expresa la naturaleza afectiva de la relación de Dios con su Pueblo, así como la gravedad de la infidelidad que traiciona esos lazos amorosos, por la idolatría en el culto a Yahvé, pero sobre todo por ell abandono de su derecho, por el atropello de la justicia y la bondad que deben corresponder a esa tierna preocupación del Señor por sus hijos.
También en el evangelio de la semana pasada (Mt 21, 28-32), en la parábola de los dos hijos, aparecía la viña como símbolo de la tarea que Dios nos encomienda. Según Marcos (12, 1-12) Jesús acudió a esta parábola de Isaías en un contexto de controversia con los representantes del judaísmo tradicional, sacerdotes, escribas y ancianos. Y así le siguen también los otros sinópticos (Lc 20, 9-19; Mt 21, 33-43). La peculiaridad de Mateo, que a lo largo de los capítulos 18 y 19, antes de llegar a Jerusalén, ha marcado la novedad dentro de la continuidad, entre Jesús y el judaísmo mosaico, es su conclusión. Con firmeza y rigor, suponemos que muy a su pesar, dada la íntima raigambre escriturística, judía, de Mateo, pone en labios de Jesús una sentencia que debía, por su gravedad, advertir a los oyentes, como ya hiciera Isaías, de la expulsión de la heredad como Pueblo de Dios, de la pérdida de su condición de pueblo elegido, predilecto.
Con toda su seriedad redifinidora de la apertura universal del Reino de Dios y del Pueblo de Yahvé a todas las naciones, a todas las personas que acojan el Evangelio, la parábola de la viña y los viñadores homicidas no es más provocadora que la admonición del evangelio del Domingo pasado: “los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de los Cielos”. Lo que hace de esta parábola una auténtica declaración de principios y el establecimiento de una línea divisoria, de un antes y un después, es precisamente el uso de esta imagen de la viña, la alusión directa a la imagen querida, solemne y canónica de la historia de Isaías sobre la viña del amigo, la parcela querida del Amado. Hay una productiva mezcla entre lo afectivo y lo jurisdiccional que amplía el significado del ejemplo de la viña, el propietario y los viñadores, al nivel teológico y espiritual de una auténtica revelación de la voluntad divina, que lo es de divina y universal misericordia. Por eso mismo, resulta más fuerte, si cabe, su efecto de sanción para quienes se apropian de la querida porción de los hijos de Dios y la gestionan de manera restrictiva, haciendo de las normas administrativas y los prejuicios exclusivistas un absoluto que restringe la apertura y flexibilidad de la salvación; de quienes van en la Iglesia con una bula de excomunión en el bolsillo para los que no se ajusten a normas cultuales y hábitos que, no por ser más antiguos y tradicionales, dejan de ser por ello, mutables y susceptibles de superación.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: DIOS CUIDADOR
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA
COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: LA CASA ES NUESTRA
domingo, 20 de septiembre de 2026
DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE: XXVI DE TIEMPO ORDINARIO. JORNADA DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO
Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
LECTURAS
- Ez 18, 25-28. Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su
propia vida.- Sal 24. R. Recuerda, Señor, tu ternura.
- Flp 2, 1-11. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
- Mt 21, 28-32. Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por
delante de vosotros en el reino de Dios.
Mateo era publicano (Mt 9, 9 - 13) y, seguramente, escriba, experto en las Escrituras: es el evangelista que más las cita: 44 citas literales y unas 77 alusiones, frente a 18, 20 y 14 de Marcos, Lucas y Juan, respectivamente. Por eso es también el evangelista al que más le cuesta la ruptura, por la vía de la superación o cumplimiento, de Jesús con la Ley. En la tensión de continuidad y ruptura que marca la relación del profeta de Nazaret, del Hijo del Hombre, con lo que "sabéis que está escrito", Mateo no deja de resaltar la continuidad: "antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley" (Mt 5, 17 - 19). Por eso mismo, es de más valor su afirmación de la universalidad de la intención salvadora de Dios. Puede que su condición de publicano (cobrador de impuestos al servicio de Roma) chocara en su interior con la de conocedor de las Escrituras, pero había encontrado la manera de compartir ambas condiciones, luego era un experto en lograr compromisos entre contrarios. Y tal vez por esa íntima contradicción, podía explorar mejor, de forma más audaz, la posibilidad de que, sin echar por la borda la fidelidad a la tradición de Israel expresada de forma vinculante en la Ley y los Profetas, Jesús hubiera supuesto y predicado su desbordamiento desde dentro (la pureza de intención en el cumplimiento de los preceptos divinos) y hacia su horizonte más pleno: el destino salvífico universal del plan de Dios.
En este contexto de la universalidad salvífica del Reino de Dios predicado por Jesús de Nazaret e iniciado con su vida, muerte y resurrección, la liturgia dominical nos presenta el texto de la parábola de los dos hijos enviados a trabajar por su padre a la viña. El hijo aparentemente dispuesto a obedecer no lo hace; el que en principio se niega, es quien obedece y cumple la petición del padre. Y Jesús mismo nos da, a continuación, la explicación de la parábola: el hijo inconsecuente representa a los propios judíos, el pueblo elegido que, en virtud de esta predilección divina, creía que cuantos estaban fuera de su propia identidad judía, se quedaban también fuera de la salvación. En cambio, los aparentemente excluidos, los publicanos y las prostitutas, los impuros y pecadores, los previamente estigmatizados como carne del infierno, son los que, como el hijo verdaderamente fiel, heredarán el Reino. Y tiene el Señor, y lo constata el evangelista publicano y escriba, la delicadeza de conectar esta realidad universal de la misericordia divina con el profeta Juan, precursor y compañero, maestro que es capaz de aprender de su discípulo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
En esta firme y provocadora proclamación de la grandeza del amor de Dios que a todos quiere llegar, la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados encuentra una sólida base para fundamentar la doctrina de la Iglesia sobre la hospitalidad. Y especialmente con los más pequeños, que son los menores de edad, pero también cuantas personas se hallan en una desprotección total de recursos y derechos. Sin que ello quiera decir que las migraciones irregulares no deban ser acotadas por las leyes y sustituidas por políticas globales que las hagan seguras y no supongan para los países de acogida, una ingente acumulación de problemas de todo tipo. Es difícil hallar una solución y la que sea tendrá que contar también con la necesidad de los países de salvaguardar sus fronteras para mejor gestionar la distribución del trabajo y la riqueza. Pero, contando con dicha autonomía de los Estados en su administración de los bienes y las necesidades, siempre que haya personas, que es lo que son los inmigrantes y refugiados, en una situación de precariedad, de "pequeñez" o indefensión, la hospitalidad no es una opción, sino una obligación en justicia, y un deber sagrado para los que a estas palabras de Jesús en Mateo 20 responderemos: "Gloria a Ti, Señor Jesús".
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PALABRAS Y HECHOS
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: PARA JESÚS LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS
COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CUANDO NUESTRO "SÍ" DICE OTRA COSA
lunes, 14 de septiembre de 2026
DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE: XXV DE TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS
- Is 55, 6-9. Mis planes no son vuestros planes.
- Sal 144. R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
- Flp 1, 20c-24. 27a. Para mí la vida es Cristo.
- Mt 20, 1-16. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?
La radicalidad del perdón y la comunidad de bienes nacen de la mayor radicalidad del amor y la misericordia de Dios. No es un mero mandamiento, un deber moral, sino la expresión de la sabiduría de quien ha experimentado en carne propia que Dios es amor y, por eso y nada más, nos llama, nos elige, nos acompaña, nos perdona y nos espera siempre. Por eso, la práctica cristiana del mandamiento del amor fraterno y su correlato necesario del perdón del hermano, sólo puede exigirse y cumplirse sobre la sólida base de haber sido amado y perdonado. Sin el anuncio y la contemplación de esta bondad divina ("¿vas a tener envidia porque soy bueno?") la propuesta de la reconciliación que supera desavenencias y agravios sería una saludable recomendación, un compromiso esforzado y muy sacrificado, siempre meritorio hasta casi el martirio, pero sin la savia que lo puede alimentar y posibilitar. Como hizo el pobre de Asís, hemos de sumergirnos, aún entre las dudas y sufrimientos de las crisis de fe y de sentido, en la inmensidad del amor del Padre bueno que quiere compartir su divina sabiduría: sólo dándonos acabamos poseyendo el mayor bien, el que nos hace cómplices de Dios, el amor, la bondad y la afabilidad. Y sólo por amor y bondad, siempre por medios afables, podremos superar las imágenes, expectativas y temores que nos impiden vivir la vida como un regalo y las propias fuerzas y cualidades como una inestimable posibilidad de compartir, en lugar de envidiar con resentimiento o despreciar por condescendiente, que Dios es bueno.
Tras el discurso eclesial del capítulo 18, que sustituye para la comunidad de los seguidores de Cristo la ambición y el poder por la fraternidad reconciliada y reconciliadora, el evangelio según san Mateo narra la marcha de Jesús a Judea, hacia Jerusalén (capítulo 19). Aquí, en controversia con la tradición y sus representantes, se ponen de manifiesto las diferencias entre la moral de máximos del Reino y una vivencia formalista de los mandamientos de Moisés. Esta moral de máximos (el "semper magis" de San Ignacio de Loyola) que da plenitud, por la vía de la recta intención y la aspiración a una mayor autenticidad, a la Ley y los Profetas, tiene como colofón el seguimiento de Jesús por encima y más allá de todo lo que nos ate o extravíe, de cuanto nos endiose o entretenga. Y como ejemplo de esta vía de excelencia moral y experiencia espiritual de total libertad para ser de Dios y sólo de Él, la parábola de la contratación de operarios para la viña del Señor (Mt 20, 1-16). Relato de la apertura total de la oferta divina a todos y la consecuente superación de exclusivismos y tentaciones elitistas que se basan en la falacia de la superioridad adquirida por la pertenencia a la religión y la autocomplacencia identitaria. Todo un aviso para quienes, con el deseo de servir a Dios y su voluntad, nos creamos mejores y a salvo de autoengañarnos cambiando su amor incondicional por nuestros méritos cicateros. Pero también una gozosa afirmación de que siempre hay otra oportunidad de enrolarnos en la hacienda fecunda y generosa del Reino de Dios. Y de paso, acorde con el universalismo a duras penas aprendido y propagado por el evangelista publicano y experto en la Escrituras, la sugerencia de superar los instintos xenófobos, racistas y clasistas que rechazan al otro por ser otro, por no ser nosotros.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EL PLAN DE DIOS
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: CONFIAR EN LA BONDAD DE DIOS
COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: DIGNIDAD PARA LOS OBREROS DE LA VIÑA
jueves, 10 de septiembre de 2026
DOMINGO 13 DE SEPTIEMBRE: XXIV DE TIEMPO ORDINARIO
LECTURAS
- Eclo 27, 30 — 28, 7. Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus
pecados te serán perdonados.
- Sal 102. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico
en clemencia.
- Rom 14, 7-9. Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor.
- Mt 18, 21-35. No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta
setenta veces siete.
De los cinco grandes discursos en los que san Mateo estructura su Evangelio, este del capítulo 18, sería el cuarto. El quinto y último es el escatológico, el de la esperanza definitiva en un futuro de plenitud que principia con un presente de solidaridad (Mt 25). Antes, Mateo ha presentado la novedad del Reino predicado por Jesús en el sermón del monte (Mt 5 - 7) y con las parábolas (Mt 13). En Mt 10 se trata de un discurso misional, de las instrucciones para los que tienen que anunciar esa transformación radical de la persona y del mundo que supone el reinado misericordioso de Dios. En realidad, el contenido de este cuarto discurso (Mt 18), que lo estamos viendo desde el domingo pasado, coincide con el discurso misional de Mt 10 en ser una enseñanza dirigida a los miembros de la comunidad y referida a su propia constitución interna como fraternidad que anticipa en su forma de vida el Reino. Reino que ya ha comenzado con la vida misma de Jesús y que se hace presente también en la asamblea o iglesia de los que, siguiendo a Jesús, ponen en práctica su mensaje. Pero el que se ha ganado el calificativo de "discurso eclesial" es éste del capítulo 18, por centrarse en las actitudes, valores y líneas rojas que conforman la vida del cristiano y el ser de la Iglesia. Sería el libro de estilo y código de circulación para el día a a día de la comunidad.
Los dos fragmentos elegidos por la liturgia para invocar esta carta magna del ethos cristiano comunitario (18, 15 - 20 el domingo pasado y 18, 21-35 para éste) se centran en el perdón, en la reconciliación que nace del primado de la misericordia y tiene su raíz en el mismo amor y delicadeza con los que Dios nos trata: así hemos de tratarnos con los hermanos. El centro del discurso sería el versículo 20: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Se trata de la declaración sobre la naturaleza última de la Iglesia, de la comunidad cristiana: reunidos en el nombre del Señor y, por esta reunión, el Señor está con nosotros. Sobre es reciprocidad entre Jesús y los que nos reunimos en su nombre, que aclara la identidad del cristiano y de la Iglesia, se hace posible la radicalidad moral que propone para sus seguidores: grandeza de la pequeñez (1 - 5. 10); ejemplarida o no escandalizar a los pequeños (6 - 7. 10); integridad de la conversión como trasnformación de toda la persona (8 - 9); la misericordia salvadora y universal de Dios como fuente y horizonte de esta ética de máximos (11 - 14). Y como epítome (resumen o compendio que expone lo fundamental de un mensaje) y concreción o campo de pruebas de esta forma de vida, el perdón (15 - 35).
El hecho de que la pregunta desencadenante de este discurso eclesial de Mt 18 sea por quién es más grande, por el escalafón y la escala de jerarquías, pone de manifiesto que este código ético para la Iglesia tiene un claro perfil institucional. Hay quienes tienen alergia a este término, y puede que también a la realidad insoslayable de que cualquier grupo humano, en mayo o menor medida, para sostenerse, tiene también instituciones: tareas diferentes, modos de organizarse, tradiciones que se perpetuan en favor de la continuidad de esa asociación, familia, grupo, compañía... Pero, habida cuenta de que la diversidad, igualmente inevitable, como la misma institucionalidad, siempre y ahora también, corre el peligro de cristalizarse en verticalidad y sustitución de la fraternidad por la mera cadena de mando y la obediencia formalista, se hace necesario recuperar dicha pregunta y responderle del modo más acorde con el espíritu de esta propuesta de "regla" comunitaria. A este respecto, vemos en el proceso sinodal y su propuesta de recuperar la plena sinodalidad de la Iglesia, una ocasión para ser más fieles a la verdadera fraternidad, alimentada por el amor insondable y gratuito de Dios; orientada por la finalidad curativa o salvadora del proyecto divino para con nosotros; y ajustada a los modos y maneras cordiales, horizontales e inclusivos del carácter comunitario de la Iglesia. Este venero transversal y constituyente de la fraternidad deberá inspirar la plena acogida de esa diversidad sin caer en el riesgo de la exclusión de las minorías, el silenciamientos de las mayorías (los laicos, las mujeres) y el progresivo estancamiento de la fuerza evangelizadora sin la cual, lo institucional pierde su sentido y su meta. Comunión, participación y misión requieren que estemos abiertos a la discrepancia, incluso a la desobediencia parcial y razonada, para sobrevivir quienes, como parte de la comunidad, en pie de igualdad con sus hermanos, piensan de manera diferente a la mayoría, o a la norma. Tiempo habrá, si se hacen las asambleas sinodales de que se vean estas discrepancias y se las trate con el mismo respeto y consideración del que fue perdonado más que nadie y por eso debe a sus hermanos mayor indulgencia.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: SENTIRSE PERDONADO
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APOLOGÍA DEL PERDÓN
COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CAMBIAR LA MIRADA
domingo, 6 de septiembre de 2026
8 DE SEPTIEMBRE: NATIVIDAD DE LA VIRGEN. ALBACETE: NUESTRA SEÑORA DE LOS LLANOS
LECTURAS
- Miq 5, 1-4a. Dé a luz la que debe dar a luz.
o bien: Rom 8, 28-30. A los que Dios había conocido de antemano los
predestinó.
- Sal 12. R. Desbordo de gozo con el Señor.
- Mt 1, 1-16. 18-23. La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo.
La fe, como el amor, no quiere quedarse en las ramas, morir en las palabras, evaporarse en ideas, ni siquiera consumirse en meros sentimientos. Al igual que para amar de verdad hay que compartir el tiempo y el espacio, tocarse y hablarse, vernos y acompañarnos aquí y ahora, la devoción a la Virgen María, teñida de todas las emociones que supone ser todos hijos, tiene su calendario y su reloj, sus hábitos y vestimentas festivas. Aquí en Albacete, en "un lugar de la Mancha", a la Madre de Dios, que encomendamos nos lleve al Dios que su hijo Jesucristo nos enseñó a llamar "Padrenuestro", le decimos Virgen de los Llanos. Y la celebramos, como en tantos otros lugares, el día que la Iglesia comemora su natividad, el 8 de septiembre. Celebramos, como en todas las fiestas marianas, que la confianza en el Espíritu Santo siempre da frutos que exceden nuestras expectativas y superan nuestras humanas limitaciones. Profesamos admiración a la madre de Jesucristo, porque en ella reconocemos cómo Dios responde siempre a la fidelidad de los que han unido sus vidas a su proyecto de salvación. Y así, la particularidad de la historia de Israel, como Pueblo elegido, a través de la perseverancia de la fe, se hace extensible a toda la humanidad. Y la Iglesia, con cada homenaje a la Virgen María, proclama con ella las grandezas de la misericordia divina, que se amplían de la individualidad a la comunidad, de Israel a todos los hijos de Dios.
Tiene la Virgen de los Llanos, como todas las advocaciones, su historia de apariciones, milagros y avatares unidos a los de la ciudad y la diócesis que la reverencia como patrona. Pero, más adentro de nuestras costumbres entrañables por estar pegadas al album de fotos familiar, lo que sentimos y creemos, con todas sus peculiaridades (cabalgata, feria, oraciones, fiesta, orfandades varias...), es que ella nos une a su Hijo y por Él, nuestro Señor y Dios hombre, a toda la humanidad para la que, por intercesión de la santísima Virgen de los Llanos pedimos la paz y la convivencia fraternal. Amén.
domingo, 30 de agosto de 2026
DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE: XXIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)
LECTURAS
- Ez 33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.
- Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro
corazón».
- Rom 13, 8-10. La plenitud de la ley es el amor.
- Mt 18, 15-20. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si en el texto de la crisis de Cesarea de Filipo, el término "iglesia" (ekklesía, asamblea) aparece en relación a la función fundamentante que tiene la fe confesante de Pedro en la edificación de la comunidad de los seguidores de Cristo, aquí lo hace en referencia al ministerio reconciliador que compete a toda la comunidad, a todos los miembros de la Iglesia. Jesucristo dirá en la última cena que su sangre se derrama "para el perdón de los pecados", aunque de los relatos de la institución de la Eucaristía, sólo Mt 26, 28 recoge esta concreción reconciliadora del sacrificio de Cristo. Pero ya durante toda su misión insistía Jesús en el perdón como expresión del amor entre hermanos y reflejo de la misericordia de Dios. Por eso viene tan a cuento este domingo del evangelio sobre la corrección fraterna y la reconciliación comunitaria, la reflexión de Pablo en Rm 13, 8-12 sobre el amor como cima y plenitud de toda la moral.
Cuando la última fase del Sínodo se encamina hacia la asamblea eclesial de 2028, pasando por la propuesta de asambleas diocesanas y nacionales, merece la pena hacer pie en este texto de Mateo sobre la asamblea, la iglesia, como lugar idóneo para efectuar la interpelación mutua, resolver los conflictos entre hermanos y hacer presente en el mundo el amor como suma de la ley y horizonte de realización personal y colectivo. Jesús no es ingenuo, sabe de las debilidades de los que ha escogido, ya pudo comprobarla en el propio Pedro, el que había señalado, por su fe confesante, como "piedra" para edificar su Iglesia. Por eso mismo, no ignora que la tentación de la ambición, las rivalidades partidistas, la obcecación en lo propio y la tentación de la intrasingencia excluyente, no estarían ausentes en la edificacación de la asamblea de hermanos que es su Iglesia. En el relato de la última cena en Juan, esta preocupación se hace patente en su oración al Padre por la unidad de los que le han seguido (Jn 17). Esta es la razón de que la sinodalidad sea también la oportuna articulación de la diverdiad constitutiva de la Iglesia en un modo incluyente, basado en el diálogo y la mutua aceptación.
La sinodalidad quiere, pues, poner de manifiesto que la Iglesia en cuanto comunidad de hermanos, debe conjuntar la comunión con la participación y la misión. Que la fe que nos une (comunión) debe dar lugar a una presencia activa de todos los fieles en la Iglesia (participación), empezando por asumir juntos, de manera corresponsable la común misión de anunciar el Evangelio. No se trata sólo, que también, de mejorar los mecanismos de expresión de las opiniones y toma de decisiones (consejos de pastoral y económía parroquiales, asambleas parroquiales, consejo diocesano de pastoral...), sino de vivir de manera integral nuestra condición bautismal, por la que todos somos protagonistas en la edificación de la Iglesia, que se asienta en ese testimonio de fe que dio Pedro cuando Jesús tomó el pulso a su propia misión de anunciar el Reino. Y si Pedro, a pesar de su traspies con la dimensión martirial de esa misión, no sólo seguirá detrás de Jesús, sino que acabará dando su vida por Él, la fe que sostiene la Iglesia es la que asume la cruz en sus múltiples formas y situaciones. Hoy, además de la reconciliación entre los que se han ofendido o enemistado, la función reconciliadora de la Iglesia debe abarcar también la armonía de los ministerios y vocaciones, de los carismas y responsabilidades, de manera que se haga realida su carácter definitorio de asamblea, de comunidad. Y eso, se llama sinodalidad y se hace patente en el día a día de la misión en la sinodalidad. De este modo, la salvación que da contenido a la evangelización, no sólo está destinada a todos, sino que se anuncia por medio de la participación corresponsable de todos los bautizados en su proclamación, en su anuncio y testimonio.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: COMUNIDAD ASAMBLEARIA
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ¿QUÉ HAGO YO POR UNA IGLESIA MÁS FIEL A JESÚS?
COMENTARIO EVANGÉLICO DE VERBO DIVINO: DESARROLLO EN COMUNIDAD
DOMINGO 11 DE OCTUBRE: XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)
"Todos, todos, todos..." decía el recordado papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa (2026) y en esa línea i...







