LECTURAS
- Sabiduría 4, 7-15
- Salmo 26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación
- Romanos 5, 5-11
- Juan 14, 1-6
Estamos en el inicio del discurso de despedida (Jn 14, 31 - 17, 26), que un redactor posterior al inicial, una segunda mano, añade al cuerpo primitivo del evangelio de Juan. La señal de que pasamos de la narración al discurso es el cambio a la segunda persona del plural. Todavía un tercer redactor añadirá un complemento a este discurso (Jn 15 - 17). La prueba de que el discurso acababa en Jn 14, 31 es que éste concluye con la exclamación de Jesús: "Levantaos, vayámonos de aquí".
El contexto es la cena, la última cena, que en el cuarto evangelio no es una cena pascual. La sección comienza tras el desenmascaramiento y la salida de Judas del cenáculo (13, 21-30), por tanto, tiene todo el dramatismo propio de los hechos consumados, se va a poner en marcha la secuencia de la pasión activada por la entrega por uno de los suyos, pero motivada y orientada por razones e intenciones que van mucho más allá que el gesto de la tración de Judas, motivaciones propias de Jesús, porque suya es esta hora y suya la decisión de asumirla; e intenciones que ni Judas ni los otros discípulos están en condiciones de comprender, pues son las mismas que han guiado al Padre desde la Creación, son las líneas de un proyecto que, sorteando innumerables contradicciones y obstáculos, tiende a mostrar que el destino es la salvación, que la voluntad de Dios es que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). Y esto es lo que Jesús les quiere aclarar a los discípulos con el lavatorio de pies (13, 12 - 17), la denuncia de la traición de Judas y el anuncio de las negaciones de Pedro (Jn 13, 31 - 38), que se trata de su glorificación porque aquella muerte ha de expresar hasta qué punto Dios nos ama y quiere dársenos en la vida y la muerte del Hijo. Por eso es el amor el nuevo mandamiento (Jn 13, 34), porque de amor va toda la Historia de la Salvación y es el verdadero motor de la pasión de Cristo.
La elevada densidad emocional de esta segunda parte del primer discurso de despedida se resalta con la doble petición por parte de Jesús: "que no tiemble vuestro corazón" (Jn 14, 1. 27) Y este deseo pacificador, tranquilizador por parte del que está al borde de la muerte, debe enmarcar nuestra reflexión sobre los difuntos, si ha de ser una consideración verdaderamente cristiana. El que está a un paso de la muerte, porque sabe de su propia motivación y sentido para morir, nos anima a no derrumbarnos ni perdernos en un encadenamiento interminable de miedo, tristeza y desesperación ante la muerte propia y, lo que tal vez nos duela más que la propia muerte, la de nuestros seres amados. Uno recuerda aquellas palabras llenas de humanidad y compromiso por la humanidad de Ernesto Sábato en su obra - testamento Antes del fin:
Les propongo entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro…
La fundamentación de la invitación de Jesús a que no perdamos la esperanza ni la calma, a que no nos perdamos en nuestros propios temores y nostalgias, está en Dios, en su carácter hospitalario de buen hospedero, de extraordinario anfitrión que hace de su existencia espacio y ocasión de encontrar estancia para nuestras vidas, incluso después de la muerte. Pero también antes, por eso Jesús habla del camino, la verdad y la vida que Él mismo es. El camino del amor, la profunda vinculación con Dios y por Él con el hermano, es el camino que da vida auténtica a nuestras horas antes de morir y después también. A Dios se va por el amor. A la resurrección se llega por el amor que Dios nos tiene y que, sólo amándonos como Él nos ha amado, nos permite resucitar también antes de morir.
Señor, únicamente porque tú nos lo dices, porque "una palabra tuya bastará para sanar", amaina el torbellino de tristeza, rebelión, miedo, desafección por la vida, que la muerte de nuestros queridos hermanos difuntos ha desatado en nuestros corazones. Y porque de Ti nos fiamos, porque nos has dado sobradas muestras de que nos amas hasta el extremo y de que así nos ama el Padre, iremos tras de ti, andaremos el camino que eres Tú, viviremos amando para morir de amor, que es como Tú has resucitado y nos resucitarás.
Requiescant in pace. Amén. Descansen en la paz que sólo Tú puedes darnos.






