DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA
LECTURAS
- Sab 6, 12-16. Quienes buscan la sabiduría la encuentran.
- Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
- 1 Tes 4, 13-18. Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
- Mt 25, 1-13. ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!
El discurso escatológico del evangelio de Mateo, el quinto de los grandes compendios de las enseñanzas de Jesús, abarca los capítulos 24 - 25. Tiene un precedente en la contestación que Jesús, dentro del contexto de las diatribas o contoversias en Jerusalén con distintos grupos religiosos del judaísmo de su época (sacerdotes, escribas, fariseos...), da a los saduceos (Mt 22, 23-33) en favor de la resurrección. Este concentrado polémico tras la entrada en Jerusalén (Mt 21 - 23), además de subrayar lo lectura específica y novedosa que Jesús hace de la tradición, de la ley y los profetas, sirve para explicar por qué va a morir en la cruz. Pero el colofón escatológico de este discurso, le da a la orientación ético - mística de Jesús (culto inseparable de la coherencia moral: 21, 12-17; autoridad de la autenticidad: 21, 23-33; perseverancia y universalidad del Reino: 21, 33 - 22, 14; unicidad, integridad y transversalidad de la fe en Dios: 22, 15 - 22. 34-40; en fin, conexión de la resurreccion con la vida presente y futura: 22, 15 - 22) una proyección esperanzadora, que desborda la muerte, sin dejar de tener siempre un pie en el presente y la conducta que lo dignifica y mejora.
Este precipitado de la predicación de Jesús que extracta, en clave polémica con otras versiones de las Escrituras, la teología, espiritualidad y correlato práctico del Reino de Dios está en relación directa e ínternamente correspondiente con la proclamación de la victoria de la vida sobre la muerte de los capítulos 24 - 25 y conviene no separarlos. El anuncio del juicio divino sobre la historia, que es lo mismo que la insuficiencia de la historia para llegar a su plenitud sólo por las fuerzas materiales del poder y la riqueza, con sus inquietantes señales apocalípticas (24, 1 - 31), se sustancia en una llamada a la atención permanente (24, 32 - 51).
Y como ilustración cuasi sacramental, pues las parábolas, especialmente las más logradas, y estas tres de Mt 25 están entre ellas, las imágenes de las doncellas esperando al esposo (Mt 25, 1-13), los talentos (Mt 25, 14 - 30) y el juicio final (Mt 25, 31-46) crean los escenarios, ambientes y marcos simbólicos de esta consumación de todo que, sin embargo, es preciso anticipar por la perseverancia, el esfuerzo que hace fructificar lo recibido y la caridad que es ya encuentro con el que juzga y da la vida. Los tres últimos domingos de este ciclo litúrgico A nos presentarán este triptico del cielo y la tierra anudados por el amor y contemplados por la atención expectante que no pierde el tiempo, sino que aprovecha la ocasion de ser fecunda y compasiva.
En el caso de la parábola de las doncellas necias y prudentes, más allá de la recurrente moraleja sobre la actitud displicente y descuidada o atenta y constante, merece la pena observar el marco narrativo: un banquete nupcial. La promesa que Jesús propone como horizonte de sentido y culminación de la vida es algo alegre, festivo y amoroso. Este argumento para hablar de la vida eterna, que exige previa disposición para percibirla en el instante fugaz del tiempo perecedero, se refuerza con la figura del novio, el amado, que no puede ser recibido sin esperarlo, porque todo amor que se precie, como la escena del zorro y el principito en la obra de Saint Exupèry, requiere para ser saboreado la espera, la preparación y la paciencia de lo que, como los alimentos suculentos, sólo con delicadeza, dedicación y apasionada entrega se pueden disfrutar en toda su riqueza de matices y aspiración de permanencia ininterrumpida.






