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martes, 3 de noviembre de 2026

DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE: XXXII DE TIEMPO ORDINARIO. DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

 

"El combate por la luz" es un poema de Carlos Marzal (1961), de su libro Metales pesados (Tusquets, 2001). Hay una adaptación preciosa y sumamente estimulante de los sentidos espirituales del grupo valenciano Maderita: "Atención encandilada". Pero, a quien le extrañe estas referencias profanas para aludir a la riqueza significativa de la imagen de la luz como referencia a la gracia de Dios, como expresión de la visión del mundo y la vida que ilumina la fe, puede acudir al salmo 35: "Tu luz nos hace ver la luz" o los innumerables himnos de la liturgia de las horas que apelan a este potencial revelador de la luz. Y a Mateo no se le escapa esta productividad teológica de la luz, pero él la concentra en la realidad humana de la perseverancia, en las lámparas que a nosotros nos toca mantener encendidas para alumbrar el encuentro con quien nos ayuda, con su vida entregada, a ganar "el combate por la luz".

DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

LECTURAS

  • Sab 6, 12-16. Quienes buscan la sabiduría la encuentran.
  • Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
  • 1 Tes 4, 13-18. Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto.
  • Mt 25, 1-13. ¡Que llega el esposo, salid a su encuentro!

El discurso escatológico del evangelio de Mateo, el quinto de los grandes compendios de las enseñanzas de Jesús, abarca los capítulos 24 - 25. Tiene un precedente en la contestación que Jesús, dentro del contexto de las diatribas o contoversias en Jerusalén con distintos grupos religiosos del judaísmo de su época (sacerdotes, escribas, fariseos...), da a los saduceos (Mt 22, 23-33) en favor de la resurrección. Este concentrado polémico tras la entrada en Jerusalén (Mt 21 - 23), además de subrayar lo lectura específica y novedosa que Jesús hace de la tradición, de la ley y los profetas, sirve para explicar por qué va a morir en la cruz. Pero el colofón escatológico de este discurso, le da a la orientación ético - mística de Jesús (culto inseparable de la coherencia moral: 21, 12-17; autoridad de la autenticidad: 21, 23-33; perseverancia y universalidad del Reino: 21, 33 - 22, 14; unicidad, integridad y transversalidad de la fe en Dios: 22, 15 - 22. 34-40; en fin, conexión de la resurreccion con la vida presente y futura: 22, 15 - 22) una proyección esperanzadora, que desborda la muerte, sin dejar de tener siempre un pie en el presente y la conducta que lo dignifica y mejora. 

Este precipitado de la predicación de Jesús que extracta, en clave polémica con otras versiones de las Escrituras, la teología, espiritualidad y correlato práctico del Reino de Dios está en relación directa e ínternamente correspondiente con la proclamación de la victoria de la vida sobre la muerte de los capítulos 24 - 25 y conviene no separarlos. El anuncio del juicio divino sobre la historia, que es lo mismo que la insuficiencia de la historia para llegar a su plenitud sólo por las fuerzas materiales del poder y la riqueza, con sus inquietantes señales apocalípticas (24, 1 - 31), se sustancia en una llamada a la atención permanente (24, 32 - 51).

Y como ilustración cuasi sacramental, pues las parábolas, especialmente las más logradas, y estas tres de Mt 25 están entre ellas, las imágenes de las doncellas esperando al esposo (Mt 25, 1-13), los talentos (Mt 25, 14 - 30) y el juicio final (Mt 25, 31-46) crean los escenarios, ambientes y marcos simbólicos de esta consumación de todo que, sin embargo, es preciso anticipar por la perseverancia, el esfuerzo que hace fructificar lo recibido y la caridad que es ya encuentro con el que juzga y da la vida. Los tres últimos domingos de este ciclo litúrgico A nos presentarán este triptico del cielo y la tierra anudados por el amor y contemplados por la atención expectante que no pierde el tiempo, sino que aprovecha la ocasion de ser fecunda y compasiva.

En el caso de la parábola de las doncellas necias y prudentes, más allá de la recurrente moraleja sobre la actitud displicente y descuidada o atenta y constante, merece la pena observar el marco narrativo: un banquete nupcial. La promesa que Jesús propone como horizonte de sentido y culminación de la vida es algo alegre, festivo y amoroso. Este argumento para hablar de la vida eterna, que exige previa disposición para percibirla en el instante fugaz del tiempo perecedero, se refuerza con la figura del novio, el amado, que no puede ser recibido sin esperarlo, porque todo amor que se precie, como la escena del zorro y el  principito en la obra de Saint Exupèry, requiere para ser saboreado la espera, la preparación y la paciencia de lo que, como los alimentos suculentos, sólo con delicadeza, dedicación y apasionada entrega se pueden disfrutar en toda su riqueza de matices y aspiración de permanencia ininterrumpida.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: FIDELIDAD Y PERSEVERANCIA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: CREYENTES POCO SENSATOS

COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: CUANDO LA LÁMPARA SE APAGA QUEDA LA LUZ DEL AMOR

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

domingo, 1 de noviembre de 2026

2 DE NOVIEMBRE: TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

Todavía golpeados por el accidente ferroviario del pasado 28 de noviembre, por la acumulación de dolor y el desbordamiento de nuestras defensas racionales y emocionales ante el desgarro afectivo y existencial de tantas personas y familias, de todo el país, prolongamos la esperanza y serena alegría por el triunfo del bien que celebramos en Todos los Santos, con la conmemoración de todos los fieles difuntos. A la pletórica afirmación de que la bondad es más abundante que el mal, el bien es mayor que todas las pretensiones del egoísmo cínico y, sobre todo, tiene el tiempo de su parte, pues es el que entra en la eternidad de Dios, enlazamos con afectos profundos y confianza rendida, nuestro más sincero homenaje de gratitud por todos los fieles difuntos. Conscientes de que sólo Dios puede conocer todo lo que fueron, acoger todo lo que vivieron, colmar lo que se quedó incompleto, dar sentido y amplitud a sus historias, pedimos que tengan ese descanso eterno que no es mera pasividad, sino adentrarse en el seno del Creador, único regazo donde reposar para ser parte de Él.

LECTURAS

  • Sabiduría 4, 7-15
  • Salmo 26, 1. 4. 7. 8b. 9a. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación
  • Romanos 5, 5-11
  • Juan 14, 1-6

Estamos en el inicio del discurso de despedida (Jn 14, 31 - 17, 26), que un redactor posterior al inicial, una segunda mano, añade al cuerpo primitivo del evangelio de Juan. La señal de que pasamos de la narración al discurso es el cambio a la segunda persona del plural. Todavía un tercer redactor añadirá un complemento a este discurso (Jn 15 - 17). La prueba de que el discurso acababa en Jn 14, 31 es que éste concluye con la exclamación de Jesús: "Levantaos, vayámonos de aquí". 

El contexto es la cena, la última cena, que en el cuarto evangelio no es una cena pascual. La sección comienza tras el desenmascaramiento y la salida de Judas del cenáculo (13, 21-30), por tanto, tiene todo el dramatismo propio de los hechos consumados, se va a poner en marcha la secuencia de la pasión activada por la entrega por uno de los suyos, pero motivada y orientada por razones e intenciones que van mucho más allá que el gesto de la tración de Judas, motivaciones propias de Jesús, porque suya es esta hora y suya la decisión de asumirla; e intenciones que ni Judas ni los otros discípulos están en condiciones de comprender, pues son las mismas que han guiado al Padre desde la Creación, son las líneas de un proyecto que, sorteando innumerables contradicciones y obstáculos, tiende a mostrar que el destino es la salvación, que la voluntad de Dios es que tengamos vida en abundancia (Jn 10, 10). Y esto es lo que Jesús les quiere aclarar a los discípulos con el lavatorio de pies (13, 12 - 17), la denuncia de la traición de Judas y el anuncio de las negaciones de Pedro (Jn 13, 31 - 38), que se trata de su glorificación porque aquella muerte ha de expresar hasta qué punto Dios nos ama y quiere dársenos en la vida y la muerte del Hijo. Por eso es el amor el nuevo mandamiento (Jn 13, 34), porque de amor va toda la Historia de la Salvación y es el verdadero motor de la pasión de Cristo.

La elevada densidad emocional se resalta con la doble petición por parte de Jesús: "que no tiemble vuestro corazón" (Jn 14, 1. 27) Y este deseo pacificador, tranquilizador por parte del que está al borde de la muerte, debe enmarcar nuestra reflexión sobre los difuntos, si ha de ser una consideración verdaderamente cristiana. El que está a un paso de la muerte, porque sabe de su propia motivación y sentido para morir, nos anima a no derrumbarnos ni perdernos en un encadenamiento interminable de miedo, tristeza y desesperación ante la muerte propia y, lo que tal vez nos duela más que la propia muerte, la de nuestros seres amados. Uno recuerda aquellas palabras llenas de humanidad y compromiso por la humanidad de Ernesto Sábato en su obra - testamento Antes del fin: 

Les propongo entonces, con la gravedad de las palabras finales de la vida, que nos abracemos en un compromiso: salgamos a los espacios abiertos, arriesguémonos por el otro…

La fundamentación de la invitación de Jesús a que no perdamos la esperanza ni la calma, a que no nos perdamos en nuestros propios temores y nostalgias, está en Dios, en su carácter hospitalario de buen hospedero, de extraordinario anfitrión que hace de su existencia espacio y ocasión de encontrar estancia para nuestras vidas, incluso después de la muerte. Pero también antes, por eso Jesús habla del camino, la verdad y la vida que Él mismo es. El camino del amor, la profunda vinculación con Dios y por Él con el hermano, es el camino que da vida auténtica a nuestras horas antes de morir y después también. A Dios se va por el amor. A la resurrección se llega por el amor que Dios nos tiene y que, sólo amándonos como Él nos ha amado, nos permite resucitar también antes de morir.

Señor, únicamente porque tú nos lo dices, porque "una palabra tuya bastará para sanar", amaina el torbellino de tristeza, rebelión, miedo, desafección por la vida, que la muerte de nuestros queridos hermanos difuntos ha desatado en nuestros corazones. Y porque de Ti nos fiamos, porque nos has dado sobradas muestras de que nos amas hasta el extremo y de que así nos ama el Padre, iremos tras de ti, andaremos el camino que eres Tú, viviremos amando para morir de amor, que es como Tú has resucitado y nos resucitarás. 

Requiescant in pace. Amén. Descansen en la paz que sólo Tú puedes darnos.

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

lunes, 26 de octubre de 2026

DOMINGO 1 DE NOVIEMBRE: TODOS LOS SANTOS

 

"Veremos a Dios tal cual es" (1Jn 3, 1-3) o como también dice san Pablo: "Ahora vemos como en un espejo, confusamente; entonces veremos cara a cara" (1 Cor 13, 12) y lo dice, precisamente en el colofón de su himno al amor. "Entonces", en ese tiempo futuro al que se refiere la primera carta de Juan ("Veremos"), lo que anhelamos y de lo que tantas veces desesperamos, será realidad y podremos contemplarla "tal cual es". Pero, como nos dirán las bienaventuranzas, esa visión futura, esa experiencia por venir, tiene un presente y también es sensible, visible y audible. Cada gesto de ternura, todas las intenciones de socorrer, la más mínima moción de la voluntad personal en favor del que sufre y nos necesita, hasta "el suspiro del oprimido" que con intención crítica dijera Marx, son retazos de lo que sólo Dios podrá llevar a cumplimiento en su propio tiempo, a su propia y exclusiva -por misericordiosa en grado superlativo- manera y velocidad. Pero, en cualquier caso, con la intensidad y alcance que desbordarán lo que nosotros podíamos soñar y esperar. Mientras tanto, esos retazos son nuestros indicios de que así será. Es propicia la perseverancia; son necesarias la fe y la esperanza; y siempre es acertado el amor

LECTURAS

  • Ap 7, 2-4. 9-14. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas. 
  • Sal 23. R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
  • 1 Jn 3, 1-3. Veremos a Dios tal cual es.
  • Mt 5, 1-12a. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

Por debajo de las bienaventuranzas, además de la confirmación por parte Jesús de que Dios está por la plena felicidad de todas las personas, por la dignidad y la justicia que son requisitos mínimos para esa felicidad, hay una espiritualidad de la alteridad: el otro, su destino y su bienestar, forman parte del sentido de la vida y del contenido de la fe. La religión de Jesús, en su línea profética de radicalización de la fe de Israel, redescubre en el rostro del hermano, la volun tad de Dios. No se equivocan pues los que, sin restarle a este evangelio, su perspectiva escatológica, su mirada hacia una plenitud que rebasa nuestros límites temporales, lo traducen como una propuesta ética para el presente, en un ideario de solidaridad compasiva y compasión activa. Porque es cierto que solo en el futuro de Dios serán totalmente satisfechas las justas expectativas de los pacíficos y las reivindicaciones de todas las víctimas del injusto orden presente. 

 Pero mientras llega o llegamos nosotros a ese horizonte último y siempre allende nuestra corta andadura mortal, el presente se convierte en lanzadera que tira de nuestra esperanza para desplegar todas las energías y compromisos necesarios para acercarnos a la erradicación del hambre de pan y a la saciedad del hambre de justicia. Lejos de convertirse en una escapatoria de la urgencia de las necesidades y desigualdades, la esperanza en un futuro de bienaventuranza es motivación para que nos unamos contra lo que aquí ahora merma nuestro derecho a la felicidad integral y universal. Puede que tuviera razón Marx en que por mucho tiempo, esta fe en el futuro de Dios se empleó por algunos como excusa para aplazar a la otra vida la justicia que faltaba en ésta, pero son muchas las vidas cristianas que se han empleado a fondo en gastar sus días contados para lograr adelantar, siquiera un poco, lo que abarcaban sus fuerzas, la fraternidad y la equidad. 

Me decía una vez un querido amigo, activista admirable de las causas de la paz, la justicia y la defensa de la naturaleza, que creo gozará ya de la dicha del Señor: «Vosotros, los creyentes, tenéis la suerte de trabajar a muy largo plazo»... y tan largo, por eso, con ahínco y mucha generosidad hacemos lo posible por acortarlo, por adelantarlo con nuestro compromiso y nuestra coherencia.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: BIENAVENTURADA SEA LA LUZ

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ES BUENO CREER

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: QUIERO QUE SEA FELIZ

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


8 DE NOVIEMBRE: DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

lunes, 19 de octubre de 2026

DOMINGO 25 DE OCTUBRE: XXX DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

La primacía y conjunción del amor a Dios y al prójimo en la ley de Dios no es invención de Jesús. De algún modo late en toda la crítica profética contra una fe y un culto sin justicia. Como tampoco es exclusiva de los fariseos y escribas la preocupación por la síntesis y jerarquía de los mandamientos, pues a los judeo cristianos, rama con la que se identifica y a la que se dirige el evangelio de Mateo, les preocupaba cómo quedaba la ley de Moisés en la nueva vivencia de la fe que suponía creer en Jesucristo como el maestro definitivo y la realización de las promesas. La auténtica novedad es que ésta sea la lectura y la opción de Jesús para presentar lo esencial de toda la Palabra de Dios y lo decisivo de la volluntad divina para con nosotros. Y también es nueva y determinante que el que lo dice, aún retomando tradiciones y líneas interpretativas ya presentes en las propias Escrituras, lo hace con la autoridad exclusiva del que encarna en su vida, con su muerte y por su resurreección, esa voluntad y su sentido de salvación plena.

LECTURAS

  • Ex 22, 20-26. Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
  • Sal 17. R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
  • 1 Tes 1, 5c-10. Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
  • Mt 22, 34-40. Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

El correlato ético y relacional del amor al hermano, como acompañamiento imprescindible, verificativo y complementario del amor a Dios no es una mera añadidura en el orden de las consecuencias. La apuesta de Dios por nosotros sólo con una respuesta integral puede ser correspondida. Y si nuestra fe, en cuanto integral, afecta a todas las dimensiones, si implica "alma, corazón y vida" que diría la canción de Los Panchos, ahi entran con derechos propios las relaciones interpersonales, los valores sociales y el compromiso fraternal. 

Luego, cuando Jesús une la fe en Dios con el amor al prójimo "como a ti mismo" (Lv 19, 18), el que sus propios adversarios, no sin retintín, reconocene como maestro, está haciendo una exégesis consecuente y personalmente vivida del precepto de Deuteronomio 6, 5: "Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Porque, aunque sea malintencionadamente, los escribas de este pasaje ven a Jesús predicar, comprueban que tiene discípulos y muy a su pesar, constatan que tiene audiencia entre el pueblo, y eso le confiere la autoridad de los maestros. Pero lo que ellos no saben es que su autoridad no le viene de una escuela, ni siquiera de la lectura personal de la Escristuras. Que claro que Jesús tuvo su escuela en Nazaret y en el desierto, y tuvo su maestro, Juan Bautista, pero como él mismo respondió a los discípulos de Juan cuando le preguntaron por sus avales proféticos (Mt 11, 2-6), es su vida misma la fuente de la verdad con la que comprende y explica la Palabra de Dios. Son sus curaciones, su atención misericordiosa a los pequeños y desvalidos, su oración incesante, su entrega total a la voluntad a Dios... es su filial complicidad con el Padre, los que fundamentan la contundencia y el alcance de su eseñanza, así como la radicalidad en la comprensión y propuesta de lo que es y supone creer en Dios.

Mateo, sistemático en su narración de la vida y el mensaje de Jesucristo,  dispone tras la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén un desfile de testigos de cargo que anticipan a los que comparecerán ante el Sanedrín para condenarlo (Mt 26, 57-67). La efervescente sociología religioso - política, pues en Israel no hay separación posible entre ambos órdenes, marcará el destino del mesías de Nazaret. En el contexto común del creciente descontento contra los romanos, las diferentes sectas, corrientes e instituciones del judaismo de las primeras décadas del siglo I, el marco cronológico de los evangelios, tienen que posicionarse tanto frente al hecho del Imperio que les somete, como a la intepretación más correcta de la propia tradición judía, de las escrituras y los ritos que marcan la más profunda identidad de Israel. Desde su llegada a Jerusalén, Mateo hace un desfile de estas posiciones que reclaman de Jesús la suya: los sacerdotes y ancianos ante la purificación del Templo (Mt 21, 12 - 17) que motivará por parte de Jesús la respuesta de las parábola de los dos hijos, los viñadores homicidas y el banquete de bodas desatendido por los convidados (Mt 21, 23 - 45. 22, 1 - 14) Aquí aparecen ya los fariseos (Mt 21, 45) que son los protagonistas del rifi rafe a cuenta del tributo del César (Mt 22, 15 - 22). Aunque la liturgia no lo coloca a continuación, en la secuencia de Mateo, aparecen después de los sacerdotes y fariseos los saduceos, que constituía el partido o corriente a la que pertenenecían los sacerdotes. Estos plantean la cuestión de la resurrección de los muertos (Mt 22, 23 - 33). Y les llega el turno a los escribas, los maestros de la ley, con su cuestión sobre la jerarquía de los mandamientos. Se trataba de una cuestión no menor, pues el judaísmo tradicional había desarrollado la ley de Moisés, los diez mandamientos, en la pléyade de 613 preceptos mayores y menores que debían guiar la conducta del buen judío a lo largo del día y de toda su vida, y que tenían todos ellos su origen en la Biblia. No es, pues, una cuestión baladí la que plantean ahora los expertos en las Escrituras, con ella podían tantear el posicionamiento de Jesús ante la fuente sagrada de la moral y la fe de Israel. La respuesta de Jesús tampoco es exclusiva de él, pero marca su dirección en la lectura de la Palabra de Dios y su aplicación esencial en la moral radical, libre y mística que acompaña al anuncio del Reino de Dios.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: AMAR CON TODO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: EL AMOR LO ES TODO

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: UNIFICADOS

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

jueves, 15 de octubre de 2026

DOMINGO 18 DE OCTUBRE: XIX DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A) DOMUND

"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios..." y dad a todo el mundo la posibilidad de encontrarse con Dios. Facilitad a todas las personas que conocéis y, sobre todo a las que más solas y desvalidas se encuentran, la experiencia espiritual que ayuda a aceptarse por la gracia de sentirse amado incondicionalmente por Dios. Trabajad por que se consigan en todos los pueblos de la Tierra las condiciones de vida dignas y necesarias, que son requisito previo para poder emplear energías en crecer espiritualmente y desarrollar, por la educación y la participación en su propio destino, la conciencia de seres humanos creados en igualdad. En Cristo nos unimos para llevar a cabo la misión de transmitir la invitación a divina para conocer y saborear las delicias de ser hijos del mismo Dios.

LECTURAS

  • Is 45, 1. 4-6. Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones.
  • Sal 95. R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.
  • 1 Tes 1, 1-5b. Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza.
  • Mt 22, 15-21. Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

La respuesta de Jesús a la pregunta sobre los impuestos, motivada por la trapacería de quienes quieren justificar sus conductas con triquiñuelas bíblicas y jurídicas, corresponde a la fuente de Marcos (12, 13 - 17) y la comparten (Lucas 20, 20 - 26) y Mateo (22, 15 - 21). Pero, también está presente  en  los evangelio apócrifo de Tomas (100) y el papiro Egerton (2) Y, lo que es muy significativo por la escasez que hay en Pablo de referencias explícitas a dichos de Jesús, es rastreable de manera coherente en Rm 13, 7: "Dad a cada cual lo que es debido: si son impuestos, impuestos; si tributos, tributos; si temor, temor; si respeto, respeto".

En los tres sinópticos, el pasaje, además de guardar una total semejanza, está situado en el mismo contexto, Jesús está ya en Jerusalén y arrecian los encontronazos y disputas con quienes representan el judaísmo religioso tradicional y tenían la condición de autoridades. Mateo y Marcos citan a los fariseos y herodianos. En el caso de Lucas, además de indicar un poco más arriba la verdadera procedencia de la estratagema (los sacerdotes y escribas: Lc 19, 20) se destapa y acusa la intención moral: "unos espías que fingían hipócritamente ser justos" (Lc 20, 20). Pero las tres versiones recogen la intención capciosa, maliciosa, de quienes formulan la pregunta por la licitud religiosa del impuesto al César. Como también hay también plena coincidencia en su retórica sarcástica, la falsa "captatio benevolentiae" apelando a Jesús como amigo de la verdad. 

La conjunción de este dicho de Jesús con la fiesta del DOMUND nos invita a considerar la posibilidad de que, si hemos de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es suyo, no deberíamos dar Dios y el César a todos nuestros hermanos. Evangelizar es dar Dios a los demás, es decir, anunciar que Dios se nos ha dado ya en Jesucristo y, por eso mismo, los cristianos lo queremos dar a conocer cómo Él mismo se nos ha entregado en la historia de amor y reconciliación de su Hijo bendito, Jesús de Nazaret. Pero, con Dios, también deberíamos acercar a todos, sobre todo a lo que carezcan de ellos, los justos beneficios de la vida económica, social y política que representa simbólicamente, en terminos generales, la figura del César. Con Dios, las misiones católicas dan a sus destinatarios más pobres el pan, la cultura, la salud y la dignidad que les correponde por ser todos, incluido el César, de Dios, amados y sujetos a su divina providencia de perdón y salvación. En el centenario de las Obras Misionales Pontificias, que coordinan y patrocinan las innumerables iniciativas evangelizadoras de toda la Iglesia, comprometámonos para que a nadie le falte su parte del patrimonio universal del desarrollo, la prosperidad y la justicia, sin los cuales, la donación de Dios por nuestra parte, estaría incompleta. Pero, porque comunicamos a Dios, también con Él facilitamos la realización de su deseo para toda la humanidad, que tengamos vida en abundancia, la que desborda la muerte y la que evita las muertes anticipadas de la pobreza, la violencia y la explotación arrolladora de las personas y de la naturaleza.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: CAMINAR EN VERDAD

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: SÓLO PERTENECEMOS A DIOS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: MIRAR DISITINTO. ACTUAR DIFERENTE

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

domingo, 4 de octubre de 2026

DOMINGO 11 DE OCTUBRE: XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

"Todos, todos, todos..." decía el recordado papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa (2026) y en esa línea inclusiva, universalista, el evangelio de Mateo sigue insistiendo y avanzando. Porque esa apertura a todos, no es sólo sincrónica, para los que compartimos el presente, sino que se va abriendo al horizonte escatológico que es el propio de Jesús, como lo fue también del Bautista. El futuro que da sentio al día a día, la plenitud de Dios que espera todos los destinos humanos está marcado por la libertad de su acogida por parte de cada uno de nosotros y por la vocación de incluir a todos, todos, todos.

LECTURAS

  • Is 25, 6-10a
  • Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6. R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término
  • Flp 4, 12-14. 19-20
  • Mt 22, 1-14

Si la imagen de la viña, con todos los cuidados que el amigo que la tenía le dispensó, con todo el mimo con que Dios provee recursos para que sea fecunda, es imagen del Pueblo de Dios y de la pertenencia al mismo, el convite de bodas tiene un inconfundible aroma escatológico de promesa de plenitud y destino de salvación. Y si en las diatribas de Jesús contra los que se apropiaban de la exclusividad de esa identidad de miembros y heredad del Señor de la viña (los escribas y fariseos, los sacerdotes y ancianos), les contrapone la apertura y la universalidad de la vinculación con Dios como hijos suyos, ahora dicha superación de las restricciones y discriminaciones entre los de dentro y los de fuera, va más allá del presente y alcanza el futuro prometido de la dicha máxima. Pertenencia y salvación, identidad y esperanza, presente y porvenir, para Jesús están al alcance de todos los que quieran recibir la invitación y se sientan concernidos por el deseo divino de darnos su amor y deleitarnos con su presencia.

Cuando presenciamos la destrucción de la política multilateral que pretendía, tras el horror de las dos guerras mundiales, sustituir la violencia por el diálogo, la imposición por el acuerdo; cuando se agita el miedo al extranjero como fuego que avive la visceralidad de la oposición entre nosotros y los otros; en una cultura que por la vía de la seducción digital nos recluye todavía más en el aislamiento y el individualismo, ver a Dios en los cruces de los caminos para invitar a toda la humanidad a conocerle y saborear su misericordia; a descubrir la vía de humanidad que se abre para lo que creen en Él y practican sus mandamientos, supone una oportunidad para volver a creer también en la humanidad y sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo integral.

Señor, perdónanos por haber rechazado displicentemente tu solicitud, tu cariñosa invitación a participar de tu amor, que como el convite que celebra la alegría de estar juntos, nos proponías con toda tu bondad y ternura. Perdónanos si, despistados, ensimismados o inútilmente entretenidos, se nos ha pasado por alto recibir tu propuesta que nos haces en tu Hijo Jesucristo y disponernos adecuadamente para gozarla. 
Que esta reunión de seguidores que es la Iglesia y cada celebración suya de la Eucaristía, cada iniciativa de oración, formación y caridad activa nos permitan sentarnos a tu mesa y estar a la altura de tu entrañable iniciativa de juntarnos a tu vera, de tenernos junto a ti. 
Que el recuerdo agradecido de nuestros difuntos, a quienes sólo por ti y contigo podemos sentir vivos para siempre, nos aliente para acudir a tu llamada y aprovechar tu magnánima intención de asociarnos a tu alegría y tu compasión.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: INVITACIÓN

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: LA INVITACIÓN DE DIOS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: ACEPTA LA INVITACIÓN



lunes, 28 de septiembre de 2026

DOMINGO 4 DE OCTUBRE: XXVII DE TIEMPO ORDINARIO. SAN FRANCISCO DE ASÍS

Como una jaula con las puertas abiertas, el Señor Jesús libera la fe de ataduras y constricciones que la encierren en un marco institucional o identitario. Judío que era, había recibido de sus mayores y de su cultura la convicción de que Israel era el pueblo elegido, el único que conocía y servía al verdadero Dios, el único que se salvaría. Y, de hecho, al principio, se considera enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel, en la línea del Bautista. Pero su propia vocación y la docilidad al Espíritu Santo, su capacidad de reconocer la voluntad del Padre a través de las personas y los acontecimientos de la vida diaria, le harán ampliar en una dirección universalista la intención salvadora del plan de Dios. En este sentido hay que entender esta y otras parábolas (como la de los obreros contratados para la viña a diferentes horas del día, o la oración del publicano y el fariseo), una invitación a abrir las puertas de los compartimentos estancos, apartados, reservas y reductos en los que pretendamos apresar al Espíritu y apropiarnos de la exclusividad de la fe, la verdad y la salvación. San Francisco también lo entendió así, y creyó en la libertad de espíritu que, bajo la forma de la pobreza, la simplicidad de vida y la humildad nos hace, también, más libres a nosotros.

LECTURAS

  • Is 5, 1-7. La viña del Señor del universo es la casa de Israel.
  • Sal 79. R. La viña del Señor es la casa de Israel.
  • Flp 4, 6-9. Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
  • Mt 21, 33-43. Arrendará la viña a otros labradores.

La imagen de la viña como porción de Dios era familiar en el Antiguo Testamento. Ya en el Primer Libro de los Reyes (1 Reyes 21:1-29) la viña de Nabot es señal de que la porción de Dios, su pueblo, sufre injusticia y sólo viviendo la justicia podrá representar su vinculación con Dios. Pero, sobre todo es el texto entrañablemente conmovedor de Isaías (5, 1-7) el que mejor ejemplifica el significado simbólico de la viña, cuyo cuidadoso cultivo expresa la naturaleza afectiva de la relación de Dios con su Pueblo, así como la gravedad de la infidelidad que traiciona esos lazos amorosos, por la idolatría en el culto a Yahvé, pero sobre todo por ell abandono de su derecho, por el atropello de la justicia y la bondad que deben corresponder a esa tierna preocupación del Señor por sus hijos. 

También en el evangelio de la semana pasada (Mt 21, 28-32), en la parábola de los dos hijos, aparecía la viña como símbolo de la tarea que Dios nos encomienda. Según Marcos (12, 1-12) Jesús acudió a esta parábola de Isaías en un contexto de controversia con los representantes del judaísmo tradicional, sacerdotes, escribas y ancianos. Y así le siguen también los otros sinópticos (Lc 20, 9-19; Mt 21, 33-43). La peculiaridad de Mateo, que a lo largo de los capítulos 18 y 19, antes de llegar a Jerusalén,  ha marcado la novedad dentro de la continuidad, entre Jesús y el judaísmo mosaico, es su conclusión. Con firmeza y rigor, suponemos que muy a su pesar, dada la íntima raigambre escriturística, judía, de Mateo, pone en labios de Jesús una sentencia que debía, por su gravedad, advertir a los oyentes, como ya hiciera Isaías, de la expulsión de la heredad como Pueblo de Dios, de la pérdida de su condición de pueblo elegido, predilecto.

Con toda su seriedad redifinidora de la apertura universal del Reino de Dios y del Pueblo de Yahvé a todas las naciones, a todas las personas que acojan el Evangelio, la parábola de la viña y los viñadores homicidas no es más provocadora que la admonición del evangelio del Domingo pasado: “los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de los Cielos”. Lo que hace de esta parábola una auténtica declaración de principios y el establecimiento de una línea divisoria, de un antes y un después, es precisamente el uso de esta imagen de la viña, la alusión directa a la imagen querida, solemne y canónica de la historia de Isaías sobre la viña del amigo, la parcela querida del Amado. Hay una productiva mezcla entre lo afectivo y lo jurisdiccional que amplía el significado del ejemplo de la viña, el propietario y los viñadores, al nivel teológico y espiritual de una auténtica revelación de la voluntad divina, que lo es de divina y universal misericordia. Por eso mismo, resulta más fuerte, si cabe, su efecto de sanción para quienes se apropian de la querida porción de los hijos de Dios y la gestionan de manera restrictiva, haciendo de las normas administrativas y los prejuicios exclusivistas un absoluto que restringe la apertura y flexibilidad de la salvación; de quienes van en la Iglesia con una bula de excomunión en el bolsillo para los que no se ajusten a normas cultuales y hábitos que, no por ser más antiguos y tradicionales, dejan de ser por ello, mutables y susceptibles de superación.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: DIOS CUIDADOR

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA

COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: LA CASA ES NUESTRA

domingo, 20 de septiembre de 2026

DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE: XXVI DE TIEMPO ORDINARIO. JORNADA DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO



Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

La entrada masiva de personas extranjeras en Ceuta el pasado 30 de julio (unas 70.000), ha supuesto una crisis tanto en la ciudad autónoma como en el resto de España. Una crisis humanitaria, política y diplomática, con innumerables consecuencias, sobre todo las muertes que lamentamos por encima de cualquier otra consideración, pero también consecuencias sociales, económicas y culturales, pues la cultura se hace en la convivencia, se nutre de valores, ideas, principios, miedos y prejuicios compartidos. Y hay que dar respuestas a todos los que se ven afectados por esta situación. Empezando por la población ceutí que sufre en primera instancia la presión de esta aglomeración humana, con la ruptura de su justa y legítima normalidad ciudadana. Y a los inmigrantes y refugiados, que por encima de la ilegalidad de su entrada en tierras españolas, se encuentran ya dentro del amparo de una legislación que todos queremos sea garante de la dignidad y la igualdad, de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos. No podemos querer y preciarnos de ser democráticos y justos para luego pedir que la ley no se aplique y los derechos no se salvaguarden. Lo cual no quita ni contradice, como ha reconocido el papa León XIV, el legítimo derecho de los Estados a defender su integridad territorial y la estabilidad para su población. La utilización política del hecho, tanto en su origen por parte de Marruecos que ha utilizado la población como arma de presión, como en su destino, por la conversión del incidente en leña para atizar un motivo electoralista, el miedo a las inmigraciones, ya caldeado de antemano aquí como en toda Europa, puede empañar la realidad inmediata de la atención a las necesidades básicas de tanta gente. En la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, en la Iglesia abogamos por la necesaria solidaridad con los pequeños, así como por la progresiva realización de un marco de migraciones reguladas que salvaguarde la vida y la dignidad de todos, los que hayan de llegar y los que hemos de acogerlos.

LECTURAS

  • Ez 18, 25-28. Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida.- Sal 24. R. Recuerda, Señor, tu ternura.
  • Flp 2, 1-11. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
  • Mt 21, 28-32. Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

Mateo era publicano (Mt 9, 9 - 13) y, seguramente, escriba, experto en las Escrituras: es el evangelista que más las cita: 44 citas literales y unas 77 alusiones, frente a 18, 20 y 14 de Marcos, Lucas y Juan, respectivamente. Por eso es también el evangelista al que más le cuesta la ruptura, por la vía de la superación o cumplimiento, de Jesús con la Ley. En la tensión de continuidad y ruptura que marca la relación del profeta de Nazaret, del Hijo del Hombre, con lo que "sabéis que está escrito", Mateo no deja de resaltar la continuidad: "antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley" (Mt 5, 17 - 19). Por eso mismo, es de más valor su afirmación de la universalidad de la intención salvadora de Dios. Puede que su condición de publicano (cobrador de impuestos al servicio de Roma) chocara en su interior con la de conocedor de las Escrituras, pero había encontrado la manera de compartir ambas condiciones, luego era un experto en lograr compromisos entre contrarios. Y tal vez por esa íntima contradicción, podía explorar mejor, de forma más audaz, la posibilidad de que, sin echar por la borda la fidelidad a la tradición de Israel expresada de forma vinculante en la Ley y los Profetas, Jesús hubiera supuesto y predicado su desbordamiento desde dentro (la pureza de intención en el cumplimiento de los preceptos divinos) y hacia su horizonte más pleno: el destino salvífico universal del plan de Dios.

En este contexto de la universalidad salvífica del Reino de Dios predicado por Jesús de Nazaret e iniciado con su vida, muerte y resurrección, la liturgia dominical nos presenta el texto de la parábola de los dos hijos enviados a trabajar por su padre a la viña. El hijo aparentemente dispuesto a obedecer no lo hace; el que en principio se niega, es quien obedece y cumple la petición del padre. Y Jesús mismo nos da, a continuación, la explicación de la parábola: el hijo inconsecuente representa a los propios judíos, el pueblo elegido que, en virtud de esta predilección divina, creía que cuantos estaban fuera de su propia identidad judía, se quedaban también fuera de la salvación. En cambio, los aparentemente excluidos, los publicanos y las prostitutas, los impuros y pecadores, los previamente estigmatizados como carne del infierno, son los que, como el hijo verdaderamente fiel, heredarán el Reino. Y tiene el Señor, y lo constata el evangelista publicano y escriba, la delicadeza de conectar esta realidad universal de la misericordia divina con el profeta Juan, precursor y compañero, maestro que es capaz de aprender de su discípulo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

En esta firme y provocadora proclamación de la grandeza del amor de Dios que a todos quiere llegar, la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados encuentra una sólida base para fundamentar la doctrina de la Iglesia sobre la hospitalidad. Y especialmente con los más pequeños, que son los menores de edad, pero también cuantas personas se hallan en una desprotección total de recursos y derechos. Sin que ello quiera decir que las migraciones irregulares no deban ser acotadas por las leyes y sustituidas por políticas globales que las hagan seguras y no supongan para los países de acogida, una ingente acumulación de problemas de todo tipo. Es difícil hallar una solución y la que sea tendrá que contar también con la necesidad de los países de salvaguardar sus fronteras para mejor gestionar la distribución del trabajo y la riqueza. Pero, contando con dicha autonomía de los Estados en su administración de los bienes y las necesidades, siempre que haya personas, que es lo que son los inmigrantes y refugiados, en una situación de precariedad, de "pequeñez" o indefensión, la hospitalidad no es una opción, sino una obligación en justicia, y un deber sagrado para los que a estas palabras de Jesús en Mateo 20 responderemos: "Gloria a Ti, Señor Jesús".

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PALABRAS Y HECHOS

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: PARA JESÚS LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CUANDO NUESTRO "SÍ" DICE OTRA COSA

lunes, 14 de septiembre de 2026

DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE: XXV DE TIEMPO ORDINARIO

 

Diez días después de que fuera ejecutado en el campo de concentración de Flössenburg el pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer, fue liberado "in extremis", el 29 de abril de 1945, en el campo de concentración de Buchenwald el franciscano Eloi Leclerc, que, a la sazón, tenía entonces 25 años. Como otros sacerdotes, frailes y seminaristas franceses, había sido acusado por la Gestapo de propaganda anti nazi, detenido y condenado a una muerte inminente. El bien, incluso el más pacífico y no violento, no tiene por qué ser pasivo o condesdendiente ante el mal, puede rebelarse y con los medios que el discernimiento más sincero encuentre oportunos o necesarios, seguir defendiendo la causa de Dios, que es la que más bien hace al hombre, la que defiende la vida y la dignidad de todos los seres humanos. Hace ya diez años que murió en Francia este hermano franciscano que, en 1959, publicara "Sabiduría de un pobre", obra que, desde entonces, nos ha acompañado a muchos cristianos en la lectura, a través de la vida de san Francisco de Asís, de lo esencial del evangelio y el seguimiento cristiano: el desprendimiento de lo innecesario; la simplicidad de vida expresada en la más sana fraternidad; la esencialidad de la espiritualidad que tiene sólo en Dios su centro y fuente; en fin, la vida sentida con gratitud por la experiencia de la misericordia incondicional y gratuita de Dios.

LECTURAS

  • Is 55, 6-9. Mis planes no son vuestros planes.
  • Sal 144. R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
  • Flp 1, 20c-24. 27a. Para mí la vida es Cristo.
  • Mt 20, 1-16. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

La radicalidad del perdón y la comunidad de bienes nacen de la mayor radicalidad del amor y la misericordia de Dios. No es un mero mandamiento, un deber moral, sino la expresión de la sabiduría de quien ha experimentado en carne propia que Dios es amor y, por eso y nada más, nos llama, nos elige, nos acompaña, nos perdona y nos espera siempre. Por eso, la práctica cristiana del mandamiento del amor fraterno y su correlato necesario del perdón del hermano, sólo puede exigirse y cumplirse sobre la sólida base de haber sido amado y perdonado. Sin el anuncio y la contemplación de esta bondad divina ("¿vas a tener envidia porque soy bueno?") la propuesta de la reconciliación que supera desavenencias y agravios sería una saludable recomendación, un compromiso esforzado y muy sacrificado, siempre meritorio hasta casi el martirio, pero sin la savia que lo puede alimentar y posibilitar. Como hizo el pobre de Asís, hemos de sumergirnos, aún entre las dudas y sufrimientos de las crisis de fe y de sentido, en la inmensidad del amor del Padre bueno que quiere compartir su divina sabiduría: sólo dándonos acabamos poseyendo el mayor bien, el que nos hace cómplices de Dios, el amor, la bondad y la afabilidad. Y sólo por amor y bondad, siempre por medios afables, podremos superar las imágenes, expectativas y temores que nos impiden vivir la vida como un regalo y las propias fuerzas y cualidades como una inestimable posibilidad de compartir, en lugar de envidiar con resentimiento o despreciar por condescendiente, que Dios es bueno.

Tras el discurso eclesial del capítulo 18, que sustituye para la comunidad de los seguidores de Cristo la ambición y el poder por la fraternidad reconciliada y reconciliadora, el evangelio según san Mateo narra la marcha de Jesús a Judea, hacia Jerusalén (capítulo 19). Aquí, en controversia con la tradición y sus representantes, se ponen de manifiesto las diferencias entre la moral de máximos del Reino y una vivencia formalista de los mandamientos de Moisés. Esta moral de máximos (el "semper magis" de San Ignacio de Loyola) que da plenitud, por la vía de la recta intención y la aspiración a una mayor autenticidad, a la Ley y los Profetas, tiene como colofón el seguimiento de Jesús por encima y más allá de todo lo que nos ate o extravíe, de cuanto nos endiose o entretenga. Y como ejemplo de esta vía de excelencia moral y experiencia espiritual de total libertad para ser de Dios y sólo de Él, la parábola de la contratación de operarios para la viña del Señor (Mt 20, 1-16). Relato de la apertura total de la oferta divina a todos y la consecuente superación de exclusivismos y tentaciones elitistas que se basan en la falacia de la superioridad adquirida por la pertenencia a la religión y la autocomplacencia identitaria. Todo un aviso para quienes, con el deseo de servir a Dios y su voluntad, nos creamos mejores y a salvo de autoengañarnos cambiando su amor incondicional por nuestros méritos cicateros. Pero también una gozosa afirmación de que siempre hay otra oportunidad de enrolarnos en la hacienda fecunda y generosa del Reino de Dios. Y de paso, acorde con el universalismo a duras penas aprendido y propagado por el evangelista publicano y experto en la Escrituras, la sugerencia de superar los instintos xenófobos, racistas y clasistas que rechazan al otro por ser otro, por no ser nosotros.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EL PLAN DE DIOS

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: CONFIAR EN LA BONDAD DE DIOS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: DIGNIDAD PARA LOS OBREROS DE LA VIÑA


jueves, 10 de septiembre de 2026

DOMINGO 13 DE SEPTIEMBRE: XXIV DE TIEMPO ORDINARIO


Como las estalactitas y las estalagmitas, el perdón, la reconciliación, la compasión y la mutua comprensión, forman parte de un proceso que requiere su tiempo. La última gota se calcifica sobre la columna que durante siglos se ha ido formando. Jesús, en el capítulo 18 de san Mateo está hablando de las relaciones que deben generarse en su comunidad, en su "asamblea" o iglesia. Son relaciones basadas en la misericordia de Dios. Pero si no se ha experimentado ésta, si cada miembro de la comunidad no ha tenido la experiencia personal de ser perdonado, que equivale a ser amado incondicionalmente, difícilmente le saldrá perdona y amar, ni una vez, ni setenta veces siete.

LECTURAS

  • Eclo 27, 30 — 28, 7. Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
  • Sal 102. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.
  • Rom 14, 7-9. Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor.
  • Mt 18, 21-35. No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

De los cinco grandes discursos en los que san Mateo estructura su Evangelio, este del capítulo 18, sería el cuarto. El quinto y último es el escatológico, el de la esperanza definitiva en un futuro de plenitud que principia con un presente de solidaridad (Mt 25). Antes, Mateo ha presentado la novedad del Reino predicado por Jesús en el sermón del monte (Mt 5 - 7) y con las parábolas (Mt 13). En Mt 10 se trata de un discurso misional, de las instrucciones para los que tienen que anunciar esa transformación radical de la persona y del mundo que supone el reinado misericordioso de Dios. En realidad, el contenido de este cuarto discurso (Mt 18), que lo estamos viendo desde el domingo pasado, coincide con el discurso misional de Mt 10 en ser una enseñanza dirigida a los miembros de la comunidad y referida a su propia constitución interna como fraternidad que anticipa en su forma de vida el Reino. Reino que ya ha comenzado con la vida misma de Jesús y que se hace presente también en la asamblea o iglesia de los que, siguiendo a Jesús, ponen en práctica su mensaje. Pero el que se ha ganado el calificativo de "discurso eclesial" es éste del capítulo 18, por centrarse en las actitudes, valores y líneas rojas que conforman la vida del cristiano y el ser de la Iglesia. Sería el libro de estilo y código de circulación para el día a a día de la comunidad.

Los dos fragmentos elegidos por la liturgia para invocar esta carta magna del ethos cristiano comunitario (18, 15 - 20 el domingo pasado y 18, 21-35 para  éste) se centran en el perdón, en la reconciliación que nace del primado de la misericordia y tiene su raíz en el mismo amor y delicadeza con los que Dios nos trata: así hemos de tratarnos con los hermanos. El centro del discurso sería el versículo 20: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Se trata de la declaración sobre la naturaleza última de la Iglesia, de la comunidad cristiana: reunidos en el nombre del Señor y, por esta reunión, el Señor está con nosotros. Sobre es reciprocidad entre Jesús y los que nos reunimos en su nombre, que aclara la identidad del cristiano y de la Iglesia, se hace posible la radicalidad moral que propone para sus seguidores: grandeza de la pequeñez (1 - 5. 10); ejemplarida o no escandalizar a los pequeños (6 - 7. 10); integridad de la conversión como trasnformación de toda la persona (8 - 9); la misericordia salvadora y universal de Dios como fuente y horizonte de esta ética de máximos (11 - 14). Y como epítome (resumen o compendio que expone lo fundamental de un mensaje) y concreción o campo de pruebas de esta forma de vida, el perdón (15 - 35).

El hecho de que la pregunta desencadenante de este discurso eclesial de Mt 18 sea por quién es más grande, por el escalafón y la escala de jerarquías, pone de manifiesto que este código ético para la Iglesia tiene un claro perfil institucional. Hay quienes tienen alergia a este término, y puede que también a la realidad insoslayable de que cualquier grupo humano, en mayo o menor medida, para sostenerse, tiene también instituciones: tareas diferentes, modos de organizarse, tradiciones que se perpetuan en favor de la continuidad de esa asociación, familia, grupo, compañía... Pero, habida cuenta de que la diversidad, igualmente inevitable, como la misma institucionalidad, siempre y ahora también, corre el peligro de cristalizarse en verticalidad y sustitución de la fraternidad por la mera cadena de mando y la obediencia formalista, se hace necesario recuperar dicha pregunta y responderle del modo más acorde con el espíritu de esta propuesta de "regla" comunitaria. A este respecto, vemos en el proceso sinodal y su propuesta de recuperar la plena sinodalidad de la Iglesia, una ocasión para ser más fieles a la verdadera fraternidad, alimentada por el amor insondable y gratuito de Dios; orientada por la finalidad curativa o salvadora del proyecto divino para con nosotros; y ajustada a los modos y maneras cordiales, horizontales e inclusivos del carácter comunitario de la Iglesia. Este venero transversal y constituyente de la fraternidad deberá inspirar la plena acogida de esa diversidad sin caer en el riesgo de la exclusión de las minorías, el silenciamientos de las mayorías (los laicos, las mujeres) y el progresivo estancamiento de la fuerza evangelizadora sin la cual, lo institucional pierde su sentido y su meta. Comunión, participación y misión requieren que estemos abiertos a la discrepancia, incluso a la desobediencia parcial y razonada, para sobrevivir quienes, como parte de la comunidad, en pie de igualdad con sus hermanos, piensan de manera diferente a la mayoría, o a la norma. Tiempo habrá, si se hacen las asambleas sinodales de que se vean estas discrepancias y se las  trate con el mismo respeto y consideración del que fue perdonado más que nadie y por eso debe a sus hermanos mayor indulgencia.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: SENTIRSE PERDONADO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APOLOGÍA DEL PERDÓN


COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CAMBIAR LA MIRADA

domingo, 30 de agosto de 2026

DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE: XXIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

"Has salvado a tu hermano", sólo que esta salvación no es individual, sino comunitaria. En lugar de una ambulancia individual, la salvación cristiana debería representarse con un autobús, o como lo llaman en Argentina, un "colectivo", porque la vida nueva que Cristo nos comunica la transmite, se vive y se disfruta plenamente de manera comunitaria, en modo "eclesial", pues ekklesía, Iglesia, es asamblea, reunión, punto de encuentro, casa de puertas abiertas y hospital de campaña, que dijera el irrepetible papa Francisco. 

LECTURAS

  • Ez 33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.
  • Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 
  • Rom 13, 8-10. La plenitud de la ley es el amor.
  • Mt 18, 15-20. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si en el texto de la crisis de Cesarea de Filipo, el término "iglesia" (ekklesía, asamblea) aparece en relación a la función fundamentante que tiene la fe confesante de Pedro en la edificación de la comunidad de los seguidores de Cristo, aquí lo hace en referencia al ministerio reconciliador que compete a toda la comunidad, a todos los miembros de la Iglesia. Jesucristo dirá en la última cena que su sangre se derrama "para el perdón de los pecados", aunque de los relatos de la institución de la Eucaristía, sólo Mt 26, 28 recoge esta concreción reconciliadora del sacrificio de Cristo. Pero ya durante toda su misión insistía Jesús en el perdón como expresión del amor entre hermanos y reflejo de la misericordia de Dios. Por eso viene tan a cuento este domingo del evangelio sobre la corrección fraterna y la reconciliación comunitaria, la reflexión de Pablo en Rm 13, 8-12 sobre el amor como cima y plenitud de toda la moral. 

Cuando la última fase del Sínodo se encamina hacia la asamblea eclesial de 2028, pasando por la propuesta de asambleas diocesanas y nacionales, merece la pena hacer pie en este texto de Mateo sobre la asamblea, la iglesia, como lugar idóneo para efectuar la interpelación mutua, resolver los conflictos entre hermanos y hacer presente en el mundo el amor como suma de la ley y horizonte de realización personal y colectivo. Jesús no es ingenuo, sabe de las debilidades de los que ha escogido, ya pudo comprobarla en el propio Pedro, el que había señalado, por su fe confesante, como "piedra" para edificar su Iglesia. Por eso mismo, no ignora que la tentación de la ambición, las rivalidades partidistas, la obcecación en lo propio y la tentación de la intrasingencia excluyente, no estarían ausentes en la edificacación de la asamblea de hermanos que es su Iglesia. En el relato de la última cena en Juan, esta preocupación se hace patente en su oración al Padre por la unidad de los que le han seguido (Jn 17). Esta es la razón de que la sinodalidad sea también la oportuna articulación de la diverdiad constitutiva de la Iglesia en un modo incluyente, basado en el diálogo y la mutua aceptación.

La sinodalidad quiere, pues, poner de manifiesto que la Iglesia en cuanto comunidad de hermanos, debe conjuntar la comunión con la participación y la misión. Que la fe que nos une (comunión) debe dar lugar a una presencia activa de todos los fieles en la Iglesia (participación), empezando por asumir juntos, de manera corresponsable la común misión de anunciar el Evangelio. No se trata sólo, que también, de mejorar los mecanismos de expresión de las opiniones y toma de decisiones (consejos de pastoral y económía parroquiales, asambleas parroquiales, consejo diocesano de pastoral...), sino de vivir de manera integral nuestra condición bautismal, por la que todos somos protagonistas en la edificación de la Iglesia, que se asienta en ese testimonio de fe que dio Pedro cuando Jesús tomó el pulso a su propia misión de anunciar el Reino. Y si Pedro, a pesar de su traspies con la dimensión martirial de esa misión, no sólo seguirá detrás de Jesús, sino que acabará dando su vida por Él, la fe que sostiene la Iglesia es la que asume la cruz en sus múltiples formas y situaciones. Hoy, además de la reconciliación entre los que se han ofendido o enemistado, la función reconciliadora de la Iglesia debe abarcar también la armonía de los ministerios y vocaciones, de los carismas y responsabilidades, de manera que se haga realida su carácter definitorio de asamblea, de comunidad. Y eso, se llama sinodalidad y se hace patente en el día a día de la misión en la sinodalidad. De este modo, la salvación que da contenido a la evangelización, no sólo está destinada a todos, sino que se anuncia por medio de la participación corresponsable de todos los bautizados en su proclamación, en su anuncio y testimonio.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: COMUNIDAD ASAMBLEARIA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ¿QUÉ HAGO YO POR UNA IGLESIA MÁS FIEL A JESÚS?


COMENTARIO EVANGÉLICO DE VERBO DIVINO: DESARROLLO EN COMUNIDAD

lunes, 24 de agosto de 2026

DOMINGO 30 DE AGOSTO: XXII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Más allá de la idea del juicio final y los temores que ha desencadenado y sigue generando en muchos fieles, las advertencias de Jesús sobre ganar y perder la vida, pasando por la cruz y su aceptación o renuncia, nos invitan a sopesar lo que de veras vale en la vida. Se trata, más que de una amenaza que pende permanentemente sobre la conciencia del creyente, de una oportuna consideración sobre la necesidad de elegir lo que permanece más allá del tiempo, de apostar por lo que está por encima, incluso, de la muerte. Sin miedo, pero con la gravedad del que se juega haber disfrutado del regalo de la vida en su plena riqueza y felicidad, la que, según nos comunica con su propio ejemplo Jesucristo, reside en el amor y la generosidad que se entregan como Él lo hizo hasta morir en la cruz. El egoísmo, la avaricia, la pusilanimidad que nos impide ser más abnegados y comprometidos, no necesitan del castigo del infierno, ya generan por sí mismos el tormento de no vivir de verdad, de no aprovechar la vida en lo que ésta más vale y mejor sabe. Este juicio es permanente, se produce a cada hora, en cada decisión, pero no es definitivo, porque el que lo dio todo por nuestra salvación, con toda la seriedad de su llamada de atención para que no demos la espalda a nuestra cruz, a nuestras propia misión, también hizo de su vida un permanente propuesta para que cambiemos, aprendamos, nos convirtamos.

LECTURAS

  • Jer 20, 7-9. La palabra del Señor me ha servido de oprobio.
  • Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
  • Rom 12, 1-2. Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo.
  • Mt 16, 21-27. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo.

La liturgia separa, leyéndola en dos domingos sucesivos, la secuencia completa de la crisis de Cesarea de Filipo. Este pasaje, con la rebelión de Pedro contra la cruz y sus sufrimientos, es decir, con la negación a la integridad de la misión de Cristo para anunciar el Evangelio de la salvación (Mt 16, 21 - 27), viene inmediatamente después de que el mismo Pedro confesara a Jesús como Hijo de Dios y, por eso mismo, recibió entonces el título de piedra sobre la que se edifica la Iglesia, con el "poder de las llaves", el poder de atar y desatar (Mt 16, 13 - 20), que se leyó el domingo pasado, y ahora es calificado por Jesús como “piedra de tropezar”. Pero, ambos momentos forman parte de un mismo movimiento, el que va de la identidad y misión de Jesús confesada por Pedro, a su consumación en la entrega de toda su vida, no sólo en la cruz, pero, inevitablemente hasta la cruz. 

Esta crisis de Cesarea de Filipo está en los tres sinópticos (Mc 8, 27-33; Mt 16, 13-23; Lc 9, 18-22), con los matices pertinentes a la teología de cada uno de los evangelistas. Básicamente, las diferencias estriban, sobre todo, en subrayar (Marcos y Mateo), u omitir (Lucas, que además de intentar mitigar la dura imagen de la debilidad de los apóstoles, coloca este pasaje en un contexto enmarcado por la oración y la enseñanza), la reconvención de Jesús a Pedro por su renuencia a aceptar la dimensión sufriente de la misión de su maestro: "Ponte detrás de mí, Satanás, que piensas como los hombres, no como Dios". Pero, si como él mismo ha confesado, su maestro, Jesús, es el Hijo de Dios, negar la cruz supone interrumpir tramposamente la integridad y radicalidad del amor salvador que mueve esa misión. Por eso lo llama Satanás, porque como el tentador del desierto, escamotea la verdadera naturaleza servicial del mesianismo que encarna Jesús, en favor de un mesianismo más cómodo y triunfal. Sin embargo, más allá del valor histórico que le confiere al pasaje el recuerdo de esta amonestación a Pedro, su negativa a la predicción de la cruz como culminación del anuncio del Evangelio, expresa también, con un valor catequético y espiritual digno de ser tenido en cuenta, la natural resistencia a las dificultades, sufrimientos y sacrificios por parte de los que intentamos seguir a Cristo. De esta manera, lo que podría ser una anécdota se convierte en una conveniente toma en consideración de nuestra debilidad ante las dificultades que supone la exigencia del seguimiento de Cristo. Pedro, una vez más, somos todos. Hay que decir que, también Juan, pero no en Cesarea de Filipo, sino en la misma Galilea, sitúa en el capítulo 6, tras la multiplicación de los panes y los peces, y el discurso del pan de vida, una crisis no protagonizada por Pedro, pero que se salda con el abandono de algunos seguidores.

Hechas las necesarias acotaciones que sitúen el texto dentro del itinerario evangelizador de Jesús y su discipulado, y que destaque su mensaje esencial sobre el lugar que ocupa la cruz como identificador del compromiso coherente, la radicalidad y generosidad de la misión por la que Cristo nos salva, quedémonos también con un aspecto no menos pedagógico en nuestro propio itinerario espiritual. Además de las dificultades que comporta el mensaje del Evangelio, y a pesar de nuestras flaquezas a la hora de asumir el sacrificio que supone creer y vivir el Reino de Dios, sólo si vislumbramos el valor mayor por el que apostamos, la vida plena por la que nos decidimos, podremos superar esas flaquezas y ponernos detrás de Jesús para caminar con Él hacia la plena realización de la vida como don que, sólo entregándolo, llega a su plenitud. Algo tan valioso que, a juicio de Jesús, está por encima de todo lo que pretendiéramos ganar en el mundo, pero que no puede salvar por sí mismo lo que hace valioso haber vivido en el mundo.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: DETRÁS DE JESÚS 

COMENTARIOS EVANGÉLICOS DE J. A. PAGOLA: APRENDER DE JESÚS LA ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO

domingo, 16 de agosto de 2026

DOMINGO 23 DE AGOSTO: XXI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)


Potestas clavium, el poder y la autoridad de las llaves que Jesús concede a Pedro es dependiente de la confesión de fe, de la fidelidad en el seguimiento, de la respuesta positiva e incondicional al  llamamiento de Jesús para que le sigamos. Y el que nos llama, al que seguimos y nos concede tanta potestad, es el que da la vida por sus ovejas, el que está como quien sirve, el que predicó que el Reino estaba abierto para todos, con tal que queramos entrar, asistir a su generosa invitación. Por eso, no se puede utilizar las llaves de la Iglesia para cerrar, expulsar y condenar. Aquí siguen resonando las palabras del papa Francisco cuando habló de una Iglesia de puertas abiertas en la que quepan todos, todos, todos.

LECTURAS

  • Is 22, 19-23
  • Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc R/. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
  • Rm 11, 33-36
  • Mt 16, 13-20

La confesión de Cesarea de Filipo (Mt 16, 13 - 20; Mc 8, 27 - 30; Lc 9, 18 21), en la que Pedro se gana, por su fidelidad y arrojo confesante, la primacía entre los apóstoles, la confirmación de que su fe y entrega a Jesús le convierten en piedra para cimentar la Iglesia, está incompleta sin la secuela contradictoria de la oposición del mismo Pedro al destino sufriente de su Señor (Mt 16, 21 - 28; Mc 8, 31 - 33), que leeremos el próximo domingo. Curiosamente, Lucas omite el renuncio del príncipe de los apóstoles, conforme a su intención de suavizar en lo posible la imagen negativa del progresivo declive de los discípulos. Sin embargo, Mateo, que es el evangelio petrino por excelencia, el que con más contundencia recoge en este pasaje la autoridad propia de Pedro, no sólo no evita consignar la renuencia al seguimiento hasta la cruz del que acaba de ser nombrado respaldo de sus hermanos, sino que le advierte de que también es piedra de escándalo. 

Luego, es matizado Mateo a la hora de afirmar una cosa y la contraria. Tal vez así nos anima a comprender y vivir la íntima dialéctica entre lo que exige el Evangelio de Jesucristo y da alma a su Iglesia, y la realidad frágil y fallida que tantas veces somos los que intentamos ser cristianos. Como Pedro, confesamos y renunciamos, afirmamos para luego desmentir con nuestra huida del compromiso y la coherencia con lo que Cristo no enseña y ejemplifica en su vida entregada. 

Mateo es el único evangelista que recoge el término Iglesia ("ekklesía", asamblea). Y lo hace tres veces. Aquí, con el determinativo "mi Iglesia", con el que Jesús expresa su íntima unidad y pertenencia recíproca entre Él y "su Iglesia". Y también lo usa dos veces en Mt 18, 15 - 17 en el contexto de los consejos para la vida comunitaria: 

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En este pasaje, por dos veces, "iglesia", ekklesía, alude a la comunidad dentro de la cual hay que resolver los conflictos, porque es la fraternidad la que da cuerpo a esa comunidad, y no el poder, ni la ambición. El discurso comunitario del capítulo 18 está precedido precisamente por una pregunta sobre la autoridad: "¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?" (Mt 18, 1). En esta ocasión, la autoridad para verificar la corrección fraterna y propiciar la reconciliación es dada a la comunidad, a la Iglesia. Y bajo esa premisa, deberíamos interpretar que el poder de las llaves concedido por Jesús a Pedro en respuesta a su confesión de fe y no retirado a pesar de su añagaza de sedición, está intimamente ligado a la comunidad dentro de la cual ha de ejercerse como servicio y testimonio de perseverancia. Seguimiento fiel del Maestro, con la coda de la fidelidad también a la cruz y el compromiso abnegado es la fuente del poder de las llaves. Edificar la comunidad como hermandad de iguales e igualmente corresponsables todos de la misión de la Iglesia, del anuncio del Evangelio, es su fin, su objeto, su justificación.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PUERTAS ABIERTAS 

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: UNA PREGUNTA DECISIVA



sábado, 15 de agosto de 2026

16 DE AGOSTO: XX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Cristo y la mujer cananea, Annibale Carracci (1594-1595) Parma
Relato un tanto incómodo este de la siro - fenicia, o la mujer cananea. Dicen los que estudian los criterios de historicidad interna de los evangelios, que esta incomodidad, lo "políticamente incorrecto" de tirar piedras contra el propio tejado o lavar la ropa sucia fuera de casa, es síntoma de que se trata de un hecho histórico y de una tradición originaria de la vida de Jesús y su transmisión por los primeros discípulos. Pues, desde luego, que el Señor se vea de algún modo corregido por alguien, no es precisamente algo narcisista, prepotente o auto indulgente, sino síntoma de veracidad, autenticidad y, teológicamente, muy iluminador en cuanto al carácter verdaderamente encarnado de la persona y la misión del que nos salva, pero lo hace a través de su propio proceso personal de aprendizaje, conversión y profundización en la identificación con la voluntad misericordiosa de Dios.

LECTURAS

  • Isaías 56, 1. 6-7
  • Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
  • Romanos 11, 13-15. 29-32
  • Mateo 15, 21-28

Esta tradición del encuentro de Jesús con una mujer no judía, es decir, pagana, impura, por extranjera (aunque la que estaba en su tierra era ella y el forastero aquí es Jesús) y de otra religión, es propia de Marcos (7, 24 - 30) y Lucas no la recoge. Mateo la sitúa en el mismo contexto de Mateo, detrás de unas enseñanzas críticas de Jesús sobre la verdadera pureza de la fe y su respectiva superación del ritualismo, que confunde la relación con Dios en un juego de cumplimiento de normas referidas a la pureza formal, casi fetichista, de hábitos y alimentos. Tanto Mateo, como su modelo inspirador, Marcos, desplazan a Jesús y sus discípulos de Galilea, donde se produce el diálogo con los fariseos sobre las normas y costumbres religiosas de los judíos, a un territorio gentil, la región de Tiro y Sidón. Y es más allá de los límites del espacio sacral, entendido también como identidad nacional y religiosa, donde se produce este encuentro verdaderamente sorprendente (aunque no exclusivo, ni excepcional, pues en la misma línea está el pasaje de la curación del siervo del centurión o el funcionario real, que sin embargo no está en Marcos: Mt 8, 5 - 13; Lc 7, 1 - 10; Jn 4, 46 - 54). Pues sorprende que la fe y admiración hacia Jesús de quienes escriben los evangelios, no impida consignar también su capacidad de ser corregido y aleccionado por otros, que así se convierten en signos del proyecto universalista de Dios, que quiere su salvación para todos, por encima de líneas divisorias y carnets de pertenencia que garanticen por sí solos lo que únicamente puede alcanzar la respuesta libre y liberadora de la fe . Siempre como un proceso de permanente crecimiento y aprendizaje, como el del propio Jesús en el cumplimiento cabal e integral de su misión.

En estos tiempos nuestros de intransigencia y exclusivismos, "polarización" lo llaman ahora, este episodio y sus provocadoras lecciones, pueden servir de estímulo para un trabajo personal y comunitario que nos zambulla de lleno en la inmensidad amorosa del Padre, para que nuestra relación con Él y los demás no sea un trueque interesado de "toma y daca", sino un compromiso gratuito de confianza y fidelidad. De paso, puede que si con Jesús aprendemos de aquella mujer a superar las visiones estrechas y excluyentes de la vida y de la fe, avancemos hacia el futuro siempre incierto de la paz y la convivencia entre los diferentes.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: LA GRANDEZA DE LA FE

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: EL GRITO DE LA MUJER

domingo, 2 de agosto de 2026

8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN; XIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 

LECTURAS

  • 1 Re 19, 9a 11-13a
  • Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
  • Rom 9, 1-5
  • Mt 14, 22-33 Ánimo soy yo, no temáis
Al caer en sábado la fiesta del santo titular de la parroquia, Santo Domingo de Guzmán, celebraremos su memoria con las lecturas correspondientes al XIX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A), pero como la Palabra de Dios está inspirada y no sólo por su divina autoría (a través de los procesos humanos de la fe y la transmisión o tradición), sino también por su intención de servir al pueblo creyente en todo tiempo y circunstancia, no dudemos de que son también relacionables con la conmemoración del santo predicador y fundador de la orden dominica. Y es que Santo Domingo, como nos invita la primera lectura del primer libro de los Reyes, compartía con Elías un celo devorador por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Y como aquél gran profeta, "auriga de Israel", también él combatió, con la palabra y el ejemplo, formas disgregadoras y distorsionadas de la fe (el movimiento cátaro, en Francia). Pero, como le ocurriera a Elías en este pasaje de la teofanía (manifestación de Dios) en el monte Horeb, el santo nacido en Caleruega, Burgos (1170; + Bolonia 1221) y fallecido en Bolonia  descubrió la necesidad del silencio y de la oración, y así lo aconsejó en todo momento.
Por otra parte, de aquellas lides anti herejes en Francia, Santo Domingo hizo autocrítica como la hace san Pablo con sus hermanos judíos, pues si los cátaros estaban desviados de la fe correcta, otro tanto le pasaba a las multitudes de fieles que, por falta de formación y de acompañantes que se la dieran, vivían un cristianismo a medio gas, cuando no casi apagado en formas externas y creencias superficiales. Por eso, además de la oración, Santo Domingo procuró que su orden de predicadores dedicaran tiempo al estudio, sobre todo de la Sagrada Escritura. San Pablo se dolía de que los judíos no reconocieran al mesías salvador que había salido de su propia raíz nutricia y Santo Domingo trabajó toda su vida por aumentar y profundizar la autenticidad de la experiencia cristiana de su tiempo.
Por todo ello, en un momento de crisis profunda de la cristiandad, crisis a la que respondió también San Francisco de Asís (+ 1225) con su propio testimonio y la fundación de la orden franciscana, la vida de Santo Domingo, su aportación personal e institucional, orante y predicadora, fue una respuesta del Señor a una de las muchas tempestades que habría de afrontar la barca de la Iglesia. En ambos casos, como en tantos otros que ha suscitado el Espíritu Santo, el Señor acompaña a sus discípulos, calma la tempestad y nos anima a tener más y mejor fe. Hoy también hay tormentas que amenazan con zozobrar la barca de Pedro. Pero no dudemos de que tampoco ahora faltarán testigos de la fe que nos ayudarán a sentir la presencia reconfortante y orientadora entre nosotros de Jesucristo, el que habla con autoridad y nos guía hasta el puerto de la gloria de Dios, que se anticipa, como dijera san Ireneo, "en que el hombre viva y la vida del hombre es ver a Dios"

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EXTIENDE SU MANO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APRENDER A CREER DESDE LA DUDA

DOMINGO 8 DE NOVIEMBRE: XXXII DE TIEMPO ORDINARIO. DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

  "El combate por la luz" es un poema de Carlos Marzal (1961), de su libro Metales pesados (Tusquets, 2001). Hay una adaptación p...