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domingo, 20 de septiembre de 2026

DOMINGO 27 DE SEPTIEMBRE: XXVI DE TIEMPO ORDINARIO. JORNADA DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO



Mensaje del papa León XIV para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

La entrada masiva de personas extranjeras en Ceuta el pasado 30 de julio (unas 70.000), ha supuesto una crisis tanto en la ciudad autónoma como en el resto de España. Una crisis humanitaria, política y diplomática, con innumerables consecuencias, sobre todo las muertes que lamentamos por encima de cualquier otra consideración, pero también consecuencias sociales, económicas y culturales, pues la cultura se hace en la convivencia, se nutre de valores, ideas, principios, miedos y prejuicios compartidos. Y hay que dar respuestas a todos los que se ven afectados por esta situación. Empezando por la población ceutí que sufre en primera instancia la presión de esta aglomeración humana, con la ruptura de su justa y legítima normalidad ciudadana. Y a los inmigrantes y refugiados, que por encima de la ilegalidad de su entrada en tierras españolas, se encuentran ya dentro del amparo de una legislación que todos queremos sea garante de la dignidad y la igualdad, de la solidaridad y el respeto a los derechos humanos. No podemos querer y preciarnos de ser democráticos y justos para luego pedir que la ley no se aplique y los derechos no se salvaguarden. Lo cual no quita ni contradice, como ha reconocido el papa León XIV, el legítimo derecho de los Estados a defender su integridad territorial y la estabilidad para su población. La utilización política del hecho, tanto en su origen por parte de Marruecos que ha utilizado la población como arma de presión, como en su destino, por la conversión del incidente en leña para atizar un motivo electoralista, el miedo a las inmigraciones, ya caldeado de antemano aquí como en toda Europa, puede empañar la realidad inmediata de la atención a las necesidades básicas de tanta gente. En la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, en la Iglesia abogamos por la necesaria solidaridad con los pequeños, así como por la progresiva realización de un marco de migraciones reguladas que salvaguarde la vida y la dignidad de todos, los que hayan de llegar y los que hemos de acogerlos.

LECTURAS

  • Ez 18, 25-28. Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida.- Sal 24. R. Recuerda, Señor, tu ternura.
  • Flp 2, 1-11. Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
  • Mt 21, 28-32. Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios.

Mateo era publicano (Mt 9, 9 - 13) y, seguramente, escriba, experto en las Escrituras: es el evangelista que más las cita: 44 citas literales y unas 77 alusiones, frente a 18, 20 y 14 de Marcos, Lucas y Juan, respectivamente. Por eso es también el evangelista al que más le cuesta la ruptura, por la vía de la superación o cumplimiento, de Jesús con la Ley. En la tensión de continuidad y ruptura que marca la relación del profeta de Nazaret, del Hijo del Hombre, con lo que "sabéis que está escrito", Mateo no deja de resaltar la continuidad: "antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley" (Mt 5, 17 - 19). Por eso mismo, es de más valor su afirmación de la universalidad de la intención salvadora de Dios. Puede que su condición de publicano (cobrador de impuestos al servicio de Roma) chocara en su interior con la de conocedor de las Escrituras, pero había encontrado la manera de compartir ambas condiciones, luego era un experto en lograr compromisos entre contrarios. Y tal vez por esa íntima contradicción, podía explorar mejor, de forma más audaz, la posibilidad de que, sin echar por la borda la fidelidad a la tradición de Israel expresada de forma vinculante en la Ley y los Profetas, Jesús hubiera supuesto y predicado su desbordamiento desde dentro (la pureza de intención en el cumplimiento de los preceptos divinos) y hacia su horizonte más pleno: el destino salvífico universal del plan de Dios.

En este contexto de la universalidad salvífica del Reino de Dios predicado por Jesús de Nazaret e iniciado con su vida, muerte y resurrección, la liturgia dominical nos presenta el texto de la parábola de los dos hijos enviados a trabajar por su padre a la viña. El hijo aparentemente dispuesto a obedecer no lo hace; el que en principio se niega, es quien obedece y cumple la petición del padre. Y Jesús mismo nos da, a continuación, la explicación de la parábola: el hijo inconsecuente representa a los propios judíos, el pueblo elegido que, en virtud de esta predilección divina, creía que cuantos estaban fuera de su propia identidad judía, se quedaban también fuera de la salvación. En cambio, los aparentemente excluidos, los publicanos y las prostitutas, los impuros y pecadores, los previamente estigmatizados como carne del infierno, son los que, como el hijo verdaderamente fiel, heredarán el Reino. Y tiene el Señor, y lo constata el evangelista publicano y escriba, la delicadeza de conectar esta realidad universal de la misericordia divina con el profeta Juan, precursor y compañero, maestro que es capaz de aprender de su discípulo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

En esta firme y provocadora proclamación de la grandeza del amor de Dios que a todos quiere llegar, la Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados encuentra una sólida base para fundamentar la doctrina de la Iglesia sobre la hospitalidad. Y especialmente con los más pequeños, que son los menores de edad, pero también cuantas personas se hallan en una desprotección total de recursos y derechos. Sin que ello quiera decir que las migraciones irregulares no deban ser acotadas por las leyes y sustituidas por políticas globales que las hagan seguras y no supongan para los países de acogida, una ingente acumulación de problemas de todo tipo. Es difícil hallar una solución y la que sea tendrá que contar también con la necesidad de los países de salvaguardar sus fronteras para mejor gestionar la distribución del trabajo y la riqueza. Pero, contando con dicha autonomía de los Estados en su administración de los bienes y las necesidades, siempre que haya personas, que es lo que son los inmigrantes y refugiados, en una situación de precariedad, de "pequeñez" o indefensión, la hospitalidad no es una opción, sino una obligación en justicia, y un deber sagrado para los que a estas palabras de Jesús en Mateo 20 responderemos: "Gloria a Ti, Señor Jesús".

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PALABRAS Y HECHOS

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: PARA JESÚS LOS ÚLTIMOS SON LOS PRIMEROS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CUANDO NUESTRO "SÍ" DICE OTRA COSA

lunes, 14 de septiembre de 2026

DOMINGO 20 DE SEPTIEMBRE: XXV DE TIEMPO ORDINARIO

 

Diez días después de que fuera ejecutado en el campo de concentración de Flössenburg el pastor y teólogo protestante Dietrich Bonhoeffer, fue liberado "in extremis", el 29 de abril de 1945, en el campo de concentración de Buchenwald el franciscano Eloi Leclerc, que, a la sazón, tenía entonces 25 años. Como otros sacerdotes, frailes y seminaristas franceses, había sido acusado por la Gestapo de propaganda anti nazi, detenido y condenado a una muerte inminente. El bien, incluso el más pacífico y no violento, no tiene por qué ser pasivo o condesdendiente ante el mal, puede rebelarse y con los medios que el discernimiento más sincero encuentre oportunos o necesarios, seguir defendiendo la causa de Dios, que es la que más bien hace al hombre, la que defiende la vida y la dignidad de todos los seres humanos. Hace ya diez años que murió en Francia este hermano franciscano que, en 1959, publicara "Sabiduría de un pobre", obra que, desde entonces, nos ha acompañado a muchos cristianos en la lectura, a través de la vida de san Francisco de Asís, de lo esencial del evangelio y el seguimiento cristiano: el desprendimiento de lo innecesario; la simplicidad de vida expresada en la más sana fraternidad; la esencialidad de la espiritualidad que tiene sólo en Dios su centro y fuente; en fin, la vida sentida con gratitud por la experiencia de la misericordia incondicional y gratuita de Dios.

LECTURAS

  • Is 55, 6-9. Mis planes no son vuestros planes.
  • Sal 144. R. Cerca está el Señor de los que lo invocan.
  • Flp 1, 20c-24. 27a. Para mí la vida es Cristo.
  • Mt 20, 1-16. ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

La radicalidad del perdón y la comunidad de bienes nacen de la mayor radicalidad del amor y la misericordia de Dios. No es un mero mandamiento, un deber moral, sino la expresión de la sabiduría de quien ha experimentado en carne propia que Dios es amor y, por eso y nada más, nos llama, nos elige, nos acompaña, nos perdona y nos espera siempre. Por eso, la práctica cristiana del mandamiento del amor fraterno y su correlato necesario del perdón del hermano, sólo puede exigirse y cumplirse sobre la sólida base de haber sido amado y perdonado. Sin el anuncio y la contemplación de esta bondad divina ("¿vas a tener envidia porque soy bueno?") la propuesta de la reconciliación que supera desavenencias y agravios sería una saludable recomendación, un compromiso esforzado y muy sacrificado, siempre meritorio hasta casi el martirio, pero sin la savia que lo puede alimentar y posibilitar. Como hizo el pobre de Asís, hemos de sumergirnos, aún entre las dudas y sufrimientos de las crisis de fe y de sentido, en la inmensidad del amor del Padre bueno que quiere compartir su divina sabiduría: sólo dándonos acabamos poseyendo el mayor bien, el que nos hace cómplices de Dios, el amor, la bondad y la afabilidad. Y sólo por amor y bondad, siempre por medios afables, podremos superar las imágenes, expectativas y temores que nos impiden vivir la vida como un regalo y las propias fuerzas y cualidades como una inestimable posibilidad de compartir, en lugar de envidiar con resentimiento o despreciar por condescendiente, que Dios es bueno.

Tras el discurso eclesial del capítulo 18, que sustituye para la comunidad de los seguidores de Cristo la ambición y el poder por la fraternidad reconciliada y reconciliadora, el evangelio según san Mateo narra la marcha de Jesús a Judea, hacia Jerusalén (capítulo 19). Aquí, en controversia con la tradición y sus representantes, se ponen de manifiesto las diferencias entre la moral de máximos del Reino y una vivencia formalista de los mandamientos de Moisés. Esta moral de máximos (el "semper magis" de San Ignacio de Loyola) que da plenitud, por la vía de la recta intención y la aspiración a una mayor autenticidad, a la Ley y los Profetas, tiene como colofón el seguimiento de Jesús por encima y más allá de todo lo que nos ate o extravíe, de cuanto nos endiose o entretenga. Y como ejemplo de esta vía de excelencia moral y experiencia espiritual de total libertad para ser de Dios y sólo de Él, la parábola de la contratación de operarios para la viña del Señor (Mt 20, 1-16). Relato de la apertura total de la oferta divina a todos y la consecuente superación de exclusivismos y tentaciones elitistas que se basan en la falacia de la superioridad adquirida por la pertenencia a la religión y la autocomplacencia identitaria. Todo un aviso para quienes, con el deseo de servir a Dios y su voluntad, nos creamos mejores y a salvo de autoengañarnos cambiando su amor incondicional por nuestros méritos cicateros. Pero también una gozosa afirmación de que siempre hay otra oportunidad de enrolarnos en la hacienda fecunda y generosa del Reino de Dios. Y de paso, acorde con el universalismo a duras penas aprendido y propagado por el evangelista publicano y experto en la Escrituras, la sugerencia de superar los instintos xenófobos, racistas y clasistas que rechazan al otro por ser otro, por no ser nosotros.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EL PLAN DE DIOS

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: CONFIAR EN LA BONDAD DE DIOS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: DIGNIDAD PARA LOS OBREROS DE LA VIÑA


jueves, 10 de septiembre de 2026

DOMINGO 13 DE SEPTIEMBRE: XXIV DE TIEMPO ORDINARIO


Como las estalactitas y las estalagmitas, el perdón, la reconciliación, la compasión y la mutua comprensión, forman parte de un proceso que requiere su tiempo. La última gota se calcifica sobre la columna que durante siglos se ha ido formando. Jesús, en el capítulo 18 de san Mateo está hablando de las relaciones que deben generarse en su comunidad, en su "asamblea" o iglesia. Son relaciones basadas en la misericordia de Dios. Pero si no se ha experimentado ésta, si cada miembro de la comunidad no ha tenido la experiencia personal de ser perdonado, que equivale a ser amado incondicionalmente, difícilmente le saldrá perdona y amar, ni una vez, ni setenta veces siete.

LECTURAS

  • Eclo 27, 30 — 28, 7. Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
  • Sal 102. R. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.
  • Rom 14, 7-9. Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor.
  • Mt 18, 21-35. No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

De los cinco grandes discursos en los que san Mateo estructura su Evangelio, este del capítulo 18, sería el cuarto. El quinto y último es el escatológico, el de la esperanza definitiva en un futuro de plenitud que principia con un presente de solidaridad (Mt 25). Antes, Mateo ha presentado la novedad del Reino predicado por Jesús en el sermón del monte (Mt 5 - 7) y con las parábolas (Mt 13). En Mt 10 se trata de un discurso misional, de las instrucciones para los que tienen que anunciar esa transformación radical de la persona y del mundo que supone el reinado misericordioso de Dios. En realidad, el contenido de este cuarto discurso (Mt 18), que lo estamos viendo desde el domingo pasado, coincide con el discurso misional de Mt 10 en ser una enseñanza dirigida a los miembros de la comunidad y referida a su propia constitución interna como fraternidad que anticipa en su forma de vida el Reino. Reino que ya ha comenzado con la vida misma de Jesús y que se hace presente también en la asamblea o iglesia de los que, siguiendo a Jesús, ponen en práctica su mensaje. Pero el que se ha ganado el calificativo de "discurso eclesial" es éste del capítulo 18, por centrarse en las actitudes, valores y líneas rojas que conforman la vida del cristiano y el ser de la Iglesia. Sería el libro de estilo y código de circulación para el día a a día de la comunidad.

Los dos fragmentos elegidos por la liturgia para invocar esta carta magna del ethos cristiano comunitario (18, 15 - 20 el domingo pasado y 18, 21-35 para  éste) se centran en el perdón, en la reconciliación que nace del primado de la misericordia y tiene su raíz en el mismo amor y delicadeza con los que Dios nos trata: así hemos de tratarnos con los hermanos. El centro del discurso sería el versículo 20: "donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Se trata de la declaración sobre la naturaleza última de la Iglesia, de la comunidad cristiana: reunidos en el nombre del Señor y, por esta reunión, el Señor está con nosotros. Sobre es reciprocidad entre Jesús y los que nos reunimos en su nombre, que aclara la identidad del cristiano y de la Iglesia, se hace posible la radicalidad moral que propone para sus seguidores: grandeza de la pequeñez (1 - 5. 10); ejemplarida o no escandalizar a los pequeños (6 - 7. 10); integridad de la conversión como trasnformación de toda la persona (8 - 9); la misericordia salvadora y universal de Dios como fuente y horizonte de esta ética de máximos (11 - 14). Y como epítome (resumen o compendio que expone lo fundamental de un mensaje) y concreción o campo de pruebas de esta forma de vida, el perdón (15 - 35).

El hecho de que la pregunta desencadenante de este discurso eclesial de Mt 18 sea por quién es más grande, por el escalafón y la escala de jerarquías, pone de manifiesto que este código ético para la Iglesia tiene un claro perfil institucional. Hay quienes tienen alergia a este término, y puede que también a la realidad insoslayable de que cualquier grupo humano, en mayo o menor medida, para sostenerse, tiene también instituciones: tareas diferentes, modos de organizarse, tradiciones que se perpetuan en favor de la continuidad de esa asociación, familia, grupo, compañía... Pero, habida cuenta de que la diversidad, igualmente inevitable, como la misma institucionalidad, siempre y ahora también, corre el peligro de cristalizarse en verticalidad y sustitución de la fraternidad por la mera cadena de mando y la obediencia formalista, se hace necesario recuperar dicha pregunta y responderle del modo más acorde con el espíritu de esta propuesta de "regla" comunitaria. A este respecto, vemos en el proceso sinodal y su propuesta de recuperar la plena sinodalidad de la Iglesia, una ocasión para ser más fieles a la verdadera fraternidad, alimentada por el amor insondable y gratuito de Dios; orientada por la finalidad curativa o salvadora del proyecto divino para con nosotros; y ajustada a los modos y maneras cordiales, horizontales e inclusivos del carácter comunitario de la Iglesia. Este venero transversal y constituyente de la fraternidad deberá inspirar la plena acogida de esa diversidad sin caer en el riesgo de la exclusión de las minorías, el silenciamientos de las mayorías (los laicos, las mujeres) y el progresivo estancamiento de la fuerza evangelizadora sin la cual, lo institucional pierde su sentido y su meta. Comunión, participación y misión requieren que estemos abiertos a la discrepancia, incluso a la desobediencia parcial y razonada, para sobrevivir quienes, como parte de la comunidad, en pie de igualdad con sus hermanos, piensan de manera diferente a la mayoría, o a la norma. Tiempo habrá, si se hacen las asambleas sinodales de que se vean estas discrepancias y se las  trate con el mismo respeto y consideración del que fue perdonado más que nadie y por eso debe a sus hermanos mayor indulgencia.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: SENTIRSE PERDONADO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APOLOGÍA DEL PERDÓN


COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: CAMBIAR LA MIRADA

domingo, 30 de agosto de 2026

DOMINGO 6 DE SEPTIEMBRE: XXIII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

"Has salvado a tu hermano", sólo que esta salvación no es individual, sino comunitaria. En lugar de una ambulancia individual, la salvación cristiana debería representarse con un autobús, o como lo llaman en Argentina, un "colectivo", porque la vida nueva que Cristo nos comunica la transmite, se vive y se disfruta plenamente de manera comunitaria, en modo "eclesial", pues ekklesía, Iglesia, es asamblea, reunión, punto de encuentro, casa de puertas abiertas y hospital de campaña, que dijera el irrepetible papa Francisco. 

LECTURAS

  • Ez 33, 7-9. Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre.
  • Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón». 
  • Rom 13, 8-10. La plenitud de la ley es el amor.
  • Mt 18, 15-20. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.

Si en el texto de la crisis de Cesarea de Filipo, el término "iglesia" (ekklesía, asamblea) aparece en relación a la función fundamentante que tiene la fe confesante de Pedro en la edificación de la comunidad de los seguidores de Cristo, aquí lo hace en referencia al ministerio reconciliador que compete a toda la comunidad, a todos los miembros de la Iglesia. Jesucristo dirá en la última cena que su sangre se derrama "para el perdón de los pecados", aunque de los relatos de la institución de la Eucaristía, sólo Mt 26, 28 recoge esta concreción reconciliadora del sacrificio de Cristo. Pero ya durante toda su misión insistía Jesús en el perdón como expresión del amor entre hermanos y reflejo de la misericordia de Dios. Por eso viene tan a cuento este domingo del evangelio sobre la corrección fraterna y la reconciliación comunitaria, la reflexión de Pablo en Rm 13, 8-12 sobre el amor como cima y plenitud de toda la moral. 

Cuando la última fase del Sínodo se encamina hacia la asamblea eclesial de 2028, pasando por la propuesta de asambleas diocesanas y nacionales, merece la pena hacer pie en este texto de Mateo sobre la asamblea, la iglesia, como lugar idóneo para efectuar la interpelación mutua, resolver los conflictos entre hermanos y hacer presente en el mundo el amor como suma de la ley y horizonte de realización personal y colectivo. Jesús no es ingenuo, sabe de las debilidades de los que ha escogido, ya pudo comprobarla en el propio Pedro, el que había señalado, por su fe confesante, como "piedra" para edificar su Iglesia. Por eso mismo, no ignora que la tentación de la ambición, las rivalidades partidistas, la obcecación en lo propio y la tentación de la intrasingencia excluyente, no estarían ausentes en la edificacación de la asamblea de hermanos que es su Iglesia. En el relato de la última cena en Juan, esta preocupación se hace patente en su oración al Padre por la unidad de los que le han seguido (Jn 17). Esta es la razón de que la sinodalidad sea también la oportuna articulación de la diverdiad constitutiva de la Iglesia en un modo incluyente, basado en el diálogo y la mutua aceptación.

La sinodalidad quiere, pues, poner de manifiesto que la Iglesia en cuanto comunidad de hermanos, debe conjuntar la comunión con la participación y la misión. Que la fe que nos une (comunión) debe dar lugar a una presencia activa de todos los fieles en la Iglesia (participación), empezando por asumir juntos, de manera corresponsable la común misión de anunciar el Evangelio. No se trata sólo, que también, de mejorar los mecanismos de expresión de las opiniones y toma de decisiones (consejos de pastoral y económía parroquiales, asambleas parroquiales, consejo diocesano de pastoral...), sino de vivir de manera integral nuestra condición bautismal, por la que todos somos protagonistas en la edificación de la Iglesia, que se asienta en ese testimonio de fe que dio Pedro cuando Jesús tomó el pulso a su propia misión de anunciar el Reino. Y si Pedro, a pesar de su traspies con la dimensión martirial de esa misión, no sólo seguirá detrás de Jesús, sino que acabará dando su vida por Él, la fe que sostiene la Iglesia es la que asume la cruz en sus múltiples formas y situaciones. Hoy, además de la reconciliación entre los que se han ofendido o enemistado, la función reconciliadora de la Iglesia debe abarcar también la armonía de los ministerios y vocaciones, de los carismas y responsabilidades, de manera que se haga realida su carácter definitorio de asamblea, de comunidad. Y eso, se llama sinodalidad y se hace patente en el día a día de la misión en la sinodalidad. De este modo, la salvación que da contenido a la evangelización, no sólo está destinada a todos, sino que se anuncia por medio de la participación corresponsable de todos los bautizados en su proclamación, en su anuncio y testimonio.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: COMUNIDAD ASAMBLEARIA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ¿QUÉ HAGO YO POR UNA IGLESIA MÁS FIEL A JESÚS?


COMENTARIO EVANGÉLICO DE VERBO DIVINO: DESARROLLO EN COMUNIDAD

lunes, 24 de agosto de 2026

DOMINGO 30 DE AGOSTO: XXII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Más allá de la idea del juicio final y los temores que ha desencadenado y sigue generando en muchos fieles, las advertencias de Jesús sobre ganar y perder la vida, pasando por la cruz y su aceptación o renuncia, nos invitan a sopesar lo que de veras vale en la vida. Se trata, más que de una amenaza que pende permanentemente sobre la conciencia del creyente, de una oportuna consideración sobre la necesidad de elegir lo que permanece más allá del tiempo, de apostar por lo que está por encima, incluso, de la muerte. Sin miedo, pero con la gravedad del que se juega haber disfrutado del regalo de la vida en su plena riqueza y felicidad, la que, según nos comunica con su propio ejemplo Jesucristo, reside en el amor y la generosidad que se entregan como Él lo hizo hasta morir en la cruz. El egoísmo, la avaricia, la pusilanimidad que nos impide ser más abnegados y comprometidos, no necesitan del castigo del infierno, ya generan por sí mismos el tormento de no vivir de verdad, de no aprovechar la vida en lo que ésta más vale y mejor sabe. Este juicio es permanente, se produce a cada hora, en cada decisión, pero no es definitivo, porque el que lo dio todo por nuestra salvación, con toda la seriedad de su llamada de atención para que no demos la espalda a nuestra cruz, a nuestras propia misión, también hizo de su vida un permanente propuesta para que cambiemos, aprendamos, nos convirtamos.

LECTURAS

  • Jer 20, 7-9. La palabra del Señor me ha servido de oprobio.
  • Sal 62. R. Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
  • Rom 12, 1-2. Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo.
  • Mt 16, 21-27. Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo.

La liturgia separa, leyéndola en dos domingos sucesivos, la secuencia completa de la crisis de Cesarea de Filipo. Este pasaje, con la rebelión de Pedro contra la cruz y sus sufrimientos, es decir, con la negación a la integridad de la misión de Cristo para anunciar el Evangelio de la salvación (Mt 16, 21 - 27), viene inmediatamente después de que el mismo Pedro confesara a Jesús como Hijo de Dios y, por eso mismo, recibió entonces el título de piedra sobre la que se edifica la Iglesia, con el "poder de las llaves", el poder de atar y desatar (Mt 16, 13 - 20), que se leyó el domingo pasado, y ahora es calificado por Jesús como “piedra de tropezar”. Pero, ambos momentos forman parte de un mismo movimiento, el que va de la identidad y misión de Jesús confesada por Pedro, a su consumación en la entrega de toda su vida, no sólo en la cruz, pero, inevitablemente hasta la cruz. 

Esta crisis de Cesarea de Filipo está en los tres sinópticos (Mc 8, 27-33; Mt 16, 13-23; Lc 9, 18-22), con los matices pertinentes a la teología de cada uno de los evangelistas. Básicamente, las diferencias estriban, sobre todo, en subrayar (Marcos y Mateo), u omitir (Lucas, que además de intentar mitigar la dura imagen de la debilidad de los apóstoles, coloca este pasaje en un contexto enmarcado por la oración y la enseñanza), la reconvención de Jesús a Pedro por su renuencia a aceptar la dimensión sufriente de la misión de su maestro: "Ponte detrás de mí, Satanás, que piensas como los hombres, no como Dios". Pero, si como él mismo ha confesado, su maestro, Jesús, es el Hijo de Dios, negar la cruz supone interrumpir tramposamente la integridad y radicalidad del amor salvador que mueve esa misión. Por eso lo llama Satanás, porque como el tentador del desierto, escamotea la verdadera naturaleza servicial del mesianismo que encarna Jesús, en favor de un mesianismo más cómodo y triunfal. Sin embargo, más allá del valor histórico que le confiere al pasaje el recuerdo de esta amonestación a Pedro, su negativa a la predicción de la cruz como culminación del anuncio del Evangelio, expresa también, con un valor catequético y espiritual digno de ser tenido en cuenta, la natural resistencia a las dificultades, sufrimientos y sacrificios por parte de los que intentamos seguir a Cristo. De esta manera, lo que podría ser una anécdota se convierte en una conveniente toma en consideración de nuestra debilidad ante las dificultades que supone la exigencia del seguimiento de Cristo. Pedro, una vez más, somos todos. Hay que decir que, también Juan, pero no en Cesarea de Filipo, sino en la misma Galilea, sitúa en el capítulo 6, tras la multiplicación de los panes y los peces, y el discurso del pan de vida, una crisis no protagonizada por Pedro, pero que se salda con el abandono de algunos seguidores.

Hechas las necesarias acotaciones que sitúen el texto dentro del itinerario evangelizador de Jesús y su discipulado, y que destaque su mensaje esencial sobre el lugar que ocupa la cruz como identificador del compromiso coherente, la radicalidad y generosidad de la misión por la que Cristo nos salva, quedémonos también con un aspecto no menos pedagógico en nuestro propio itinerario espiritual. Además de las dificultades que comporta el mensaje del Evangelio, y a pesar de nuestras flaquezas a la hora de asumir el sacrificio que supone creer y vivir el Reino de Dios, sólo si vislumbramos el valor mayor por el que apostamos, la vida plena por la que nos decidimos, podremos superar esas flaquezas y ponernos detrás de Jesús para caminar con Él hacia la plena realización de la vida como don que, sólo entregándolo, llega a su plenitud. Algo tan valioso que, a juicio de Jesús, está por encima de todo lo que pretendiéramos ganar en el mundo, pero que no puede salvar por sí mismo lo que hace valioso haber vivido en el mundo.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: DETRÁS DE JESÚS 

COMENTARIOS EVANGÉLICOS DE J. A. PAGOLA: APRENDER DE JESÚS LA ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO

domingo, 16 de agosto de 2026

DOMINGO 23 DE AGOSTO: XXI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)


Potestas clavium, el poder y la autoridad de las llaves que Jesús concede a Pedro es dependiente de la confesión de fe, de la fidelidad en el seguimiento, de la respuesta positiva e incondicional al  llamamiento de Jesús para que le sigamos. Y el que nos llama, al que seguimos y nos concede tanta potestad, es el que da la vida por sus ovejas, el que está como quien sirve, el que predicó que el Reino estaba abierto para todos, con tal que queramos entrar, asistir a su generosa invitación. Por eso, no se puede utilizar las llaves de la Iglesia para cerrar, expulsar y condenar. Aquí siguen resonando las palabras del papa Francisco cuando habló de una Iglesia de puertas abiertas en la que quepan todos, todos, todos.

LECTURAS

  • Is 22, 19-23
  • Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc R/. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
  • Rm 11, 33-36
  • Mt 16, 13-20

La confesión de Cesarea de Filipo (Mt 16, 13 - 20; Mc 8, 27 - 30; Lc 9, 18 21), en la que Pedro se gana, por su fidelidad y arrojo confesante, la primacía entre los apóstoles, la confirmación de que su fe y entrega a Jesús le convierten en piedra para cimentar la Iglesia, está incompleta sin la secuela contradictoria de la oposición del mismo Pedro al destino sufriente de su Señor (Mt 16, 21 - 28; Mc 8, 31 - 33), que leeremos el próximo domingo. Curiosamente, Lucas omite el renuncio del príncipe de los apóstoles, conforme a su intención de suavizar en lo posible la imagen negativa del progresivo declive de los discípulos. Sin embargo, Mateo, que es el evangelio petrino por excelencia, el que con más contundencia recoge en este pasaje la autoridad propia de Pedro, no sólo no evita consignar la renuencia al seguimiento hasta la cruz del que acaba de ser nombrado respaldo de sus hermanos, sino que le advierte de que también es piedra de escándalo. 

Luego, es matizado Mateo a la hora de afirmar una cosa y la contraria. Tal vez así nos anima a comprender y vivir la íntima dialéctica entre lo que exige el Evangelio de Jesucristo y da alma a su Iglesia, y la realidad frágil y fallida que tantas veces somos los que intentamos ser cristianos. Como Pedro, confesamos y renunciamos, afirmamos para luego desmentir con nuestra huida del compromiso y la coherencia con lo que Cristo no enseña y ejemplifica en su vida entregada. 

Mateo es el único evangelista que recoge el término Iglesia ("ekklesía", asamblea). Y lo hace tres veces. Aquí, con el determinativo "mi Iglesia", con el que Jesús expresa su íntima unidad y pertenencia recíproca entre Él y "su Iglesia". Y también lo usa dos veces en Mt 18, 15 - 17 en el contexto de los consejos para la vida comunitaria: 

Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En este pasaje, por dos veces, "iglesia", ekklesía, alude a la comunidad dentro de la cual hay que resolver los conflictos, porque es la fraternidad la que da cuerpo a esa comunidad, y no el poder, ni la ambición. El discurso comunitario del capítulo 18 está precedido precisamente por una pregunta sobre la autoridad: "¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?" (Mt 18, 1). En esta ocasión, la autoridad para verificar la corrección fraterna y propiciar la reconciliación es dada a la comunidad, a la Iglesia. Y bajo esa premisa, deberíamos interpretar que el poder de las llaves concedido por Jesús a Pedro en respuesta a su confesión de fe y no retirado a pesar de su añagaza de sedición, está intimamente ligado a la comunidad dentro de la cual ha de ejercerse como servicio y testimonio de perseverancia. Seguimiento fiel del Maestro, con la coda de la fidelidad también a la cruz y el compromiso abnegado es la fuente del poder de las llaves. Edificar la comunidad como hermandad de iguales e igualmente corresponsables todos de la misión de la Iglesia, del anuncio del Evangelio, es su fin, su objeto, su justificación.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PUERTAS ABIERTAS 

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: UNA PREGUNTA DECISIVA



sábado, 15 de agosto de 2026

16 DE AGOSTO: XX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Cristo y la mujer cananea, Annibale Carracci (1594-1595) Parma
Relato un tanto incómodo este de la siro - fenicia, o la mujer cananea. Dicen los que estudian los criterios de historicidad interna de los evangelios, que esta incomodidad, lo "políticamente incorrecto" de tirar piedras contra el propio tejado o lavar la ropa sucia fuera de casa, es síntoma de que se trata de un hecho histórico y de una tradición originaria de la vida de Jesús y su transmisión por los primeros discípulos. Pues, desde luego, que el Señor se vea de algún modo corregido por alguien, no es precisamente algo narcisista, prepotente o auto indulgente, sino síntoma de veracidad, autenticidad y, teológicamente, muy iluminador en cuanto al carácter verdaderamente encarnado de la persona y la misión del que nos salva, pero lo hace a través de su propio proceso personal de aprendizaje, conversión y profundización en la identificación con la voluntad misericordiosa de Dios.

LECTURAS

  • Isaías 56, 1. 6-7
  • Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8 R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben.
  • Romanos 11, 13-15. 29-32
  • Mateo 15, 21-28

Esta tradición del encuentro de Jesús con una mujer no judía, es decir, pagana, impura, por extranjera (aunque la que estaba en su tierra era ella y el forastero aquí es Jesús) y de otra religión, es propia de Marcos (7, 24 - 30) y Lucas no la recoge. Mateo la sitúa en el mismo contexto de Mateo, detrás de unas enseñanzas críticas de Jesús sobre la verdadera pureza de la fe y su respectiva superación del ritualismo, que confunde la relación con Dios en un juego de cumplimiento de normas referidas a la pureza formal, casi fetichista, de hábitos y alimentos. Tanto Mateo, como su modelo inspirador, Marcos, desplazan a Jesús y sus discípulos de Galilea, donde se produce el diálogo con los fariseos sobre las normas y costumbres religiosas de los judíos, a un territorio gentil, la región de Tiro y Sidón. Y es más allá de los límites del espacio sacral, entendido también como identidad nacional y religiosa, donde se produce este encuentro verdaderamente sorprendente (aunque no exclusivo, ni excepcional, pues en la misma línea está el pasaje de la curación del siervo del centurión o el funcionario real, que sin embargo no está en Marcos: Mt 8, 5 - 13; Lc 7, 1 - 10; Jn 4, 46 - 54). Pues sorprende que la fe y admiración hacia Jesús de quienes escriben los evangelios, no impida consignar también su capacidad de ser corregido y aleccionado por otros, que así se convierten en signos del proyecto universalista de Dios, que quiere su salvación para todos, por encima de líneas divisorias y carnets de pertenencia que garanticen por sí solos lo que únicamente puede alcanzar la respuesta libre y liberadora de la fe . Siempre como un proceso de permanente crecimiento y aprendizaje, como el del propio Jesús en el cumplimiento cabal e integral de su misión.

En estos tiempos nuestros de intransigencia y exclusivismos, "polarización" lo llaman ahora, este episodio y sus provocadoras lecciones, pueden servir de estímulo para un trabajo personal y comunitario que nos zambulla de lleno en la inmensidad amorosa del Padre, para que nuestra relación con Él y los demás no sea un trueque interesado de "toma y daca", sino un compromiso gratuito de confianza y fidelidad. De paso, puede que si con Jesús aprendemos de aquella mujer a superar las visiones estrechas y excluyentes de la vida y de la fe, avancemos hacia el futuro siempre incierto de la paz y la convivencia entre los diferentes.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: LA GRANDEZA DE LA FE

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: EL GRITO DE LA MUJER

domingo, 2 de agosto de 2026

8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN; XIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 

LECTURAS

  • 1 Re 19, 9a 11-13a
  • Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
  • Rom 9, 1-5
  • Mt 14, 22-33 Ánimo soy yo, no temáis
Al caer en sábado la fiesta del santo titular de la parroquia, Santo Domingo de Guzmán, celebraremos su memoria con las lecturas correspondientes al XIX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo A), pero como la Palabra de Dios está inspirada y no sólo por su divina autoría (a través de los procesos humanos de la fe y la transmisión o tradición), sino también por su intención de servir al pueblo creyente en todo tiempo y circunstancia, no dudemos de que son también relacionables con la conmemoración del santo predicador y fundador de la orden dominica. Y es que Santo Domingo, como nos invita la primera lectura del primer libro de los Reyes, compartía con Elías un celo devorador por la causa del Evangelio y de la Iglesia. Y como aquél gran profeta, "auriga de Israel", también él combatió, con la palabra y el ejemplo, formas disgregadoras y distorsionadas de la fe (el movimiento cátaro, en Francia). Pero, como le ocurriera a Elías en este pasaje de la teofanía (manifestación de Dios) en el monte Horeb, el santo nacido en Caleruega, Burgos (1170; + Bolonia 1221) y fallecido en Bolonia  descubrió la necesidad del silencio y de la oración, y así lo aconsejó en todo momento.
Por otra parte, de aquellas lides anti herejes en Francia, Santo Domingo hizo autocrítica como la hace san Pablo con sus hermanos judíos, pues si los cátaros estaban desviados de la fe correcta, otro tanto le pasaba a las multitudes de fieles que, por falta de formación y de acompañantes que se la dieran, vivían un cristianismo a medio gas, cuando no casi apagado en formas externas y creencias superficiales. Por eso, además de la oración, Santo Domingo procuró que su orden de predicadores dedicaran tiempo al estudio, sobre todo de la Sagrada Escritura. San Pablo se dolía de que los judíos no reconocieran al mesías salvador que había salido de su propia raíz nutricia y Santo Domingo trabajó toda su vida por aumentar y profundizar la autenticidad de la experiencia cristiana de su tiempo.
Por todo ello, en un momento de crisis profunda de la cristiandad, crisis a la que respondió también San Francisco de Asís (+ 1225) con su propio testimonio y la fundación de la orden franciscana, la vida de Santo Domingo, su aportación personal e institucional, orante y predicadora, fue una respuesta del Señor a una de las muchas tempestades que habría de afrontar la barca de la Iglesia. En ambos casos, como en tantos otros que ha suscitado el Espíritu Santo, el Señor acompaña a sus discípulos, calma la tempestad y nos anima a tener más y mejor fe. Hoy también hay tormentas que amenazan con zozobrar la barca de Pedro. Pero no dudemos de que tampoco ahora faltarán testigos de la fe que nos ayudarán a sentir la presencia reconfortante y orientadora entre nosotros de Jesucristo, el que habla con autoridad y nos guía hasta el puerto de la gloria de Dios, que se anticipa, como dijera san Ireneo, "en que el hombre viva y la vida del hombre es ver a Dios"

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EXTIENDE SU MANO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APRENDER A CREER DESDE LA DUDA

lunes, 27 de julio de 2026

DOMINGO 2 DE AGOSTO: XVIII DE TIEMPO ORDINARIO

El drama de la inmigración irregular, con la explotación por parte de las mafias, la trata de personas y el resultado letal por mar y tierra, nos pide una reflexión serena, que, en el caso de los cristianos, siempre deberá ser una reflexión evangélica. Nadie dice que los estados no deban controlar sus fronteras y procurar una inmigración regulada, fruto de la colaboración bilateral y global. Pero el trato humano, el respeto de la vida y la dignidad, la hospitalidad para los que ya están aquí, se imponen cuando con fe primamos la fraternidad sobre otras consideraciones y atendemos al principio de la doctrina social de la Iglesia que habla del fin universal de los bienes.

SÁBADO 8 DE AGOSTO: SANTO DOMINGO DE GUZMÁN. MISA Y OFRENDA DE FLORES 19:30

LECTURAS

  • 5, 1-3. Venid y comed.
  • Sal 144. R. Abres tú la mano, Señor, y nos sacias. 
  • Rom 8, 35. 37-39. Ninguna criatura podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo.
  • Mt 14, 13-21. Comieron todos y se saciaron.

El único milagro que se repite en los cuatro evangelios (Mt 14,13‑21; Mc 6,30‑44; Lc 9,10‑17; Jn 6,1‑15) y que en alguno de ellos tiene dos versiones (Mt 15,32‑39; Mc 8,1‑10), es el de la multiplicación de los panes y los peces. Hay quienes querrían leer este milagro como si la multiplicación del alimento fuera espontánea, de la nada; o como si siempre hubiera habido esa cantidad generosa hasta sobrar. Pero en el relato evangélico, lo que se multiplica es la generosidad, la parte compartida y puesta al servicio de la mayoría. Luego, viene la gracia que hace eficiente la comunidad de bienes y sale al paso de la necesidad, de la carencia de los bienes básicos. Pero primero están lo que de hecho tenemos y la intención de no acapararlo de manera egoísta. 
Más allá de las necesarias políticas que salvaguarden el derecho de los países a controlar los flujos migratorios y de las no menos necesarias, por no decir de obligada humanidad, medidas para acoger y atender a la población que llega a los países receptores de inmigrantes, hay que reflexionar sobre las causas que conducen a millones de personas a arriesgar la vida y buscar un futuro mejor, cuando no se trata simplemente de un presente viable, de sobrevivir. Las guerras, las consecuencias de una economía polarizada en el beneficio de unos pocos, los desastres climáticos, los estados dictatoriales y represores, el pasado colonizador, la desregulación del comercio y las inversiones internacionales... son otros tantos factores que forman parte del problema y que no deberíamos ignorar para sólo prestar atención a las dificultades que supone la acogida e integración de la población inmigrante. 
Y cuando, con justicia histórica y realismo político, vemos las múltiples y complejas causas de la emigración, entonces es hora de echar mano, como cristianos, de la Doctrina Social de la Iglesia y recordar dos de sus principios capitales: el destino universal de los bienes y la primacía del bien común. Por eso, la lectura hoy del milagro de la multiplicación de los panes y los peces parte de la constatación de la existencia de multitudes hambrientas, el reconocimiento de que podemos organizar la economía y la sociedad de un modo más humano y la contemplación de la gracia divina que multiplica lo que se comparte porque es Dios quien nos lo dio todo para todos.

domingo, 26 de julio de 2026

DOMINGO 26 DE JULIO: XVII DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A) SANTA ANA Y SAN JOAQUÍN

Por muy caro y artístico que sea el marco, su función siempre fue destacar algo mucho más valioso que él. Pudiera ser que como en el dicho del rábano y las hojas, en la vida nos perdamos el verdadero tesoro y nos quedemos con la ganga, cuando no sea la escoria. Encontrar lo verdaderamente precioso ya requiere un esfuerzo, pero casi más difícil, y desde luego requiere más empeño, resulta hacerse con el sentido de la vida, mantenerlo y acrecentarlo. La espiritualidad es el arte de contemplar para reconocer lo más importante y vivir lo que realmente importa. Ser quienes somos, estar donde estamos, hacernos en lo que hacemos. Lo demás es un marco más o menos bonito, pero siempre secundario y relativo a lo que está llamado a ser su contenido y el de nuestras más esforzadas aspiraciones. 

LECTURAS

  • 1 Re 3, 5. 7-12. Pediste para ti inteligencia.
  • Sal 118. R. ¡Cuánto amo tu ley, Señor!
  • Rom 8, 28-30. Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo.
  • Mt 13, 44-52. Vende todo lo que tiene y compra el campo.

El buen maestro de la espiritualidad sublime del Reino de Dios, Jesús de Nazaret, el Señor, nos ha insistido en que andemos por la vida despiertos, que estemos atentos, vigilantes, receptivos y en busca permanente. Ese es el requisito previo para encontrar el tesoro, la perla fina. Pero, no menos importante para esta espiritualidad de la búsqueda y la exploración del sentido definitivo de la existencia, es el esfuerzo constante por apropiarnos lo hallado, de vivir lo encontrado, de disfrutar lo que se nos ha dado y aprovechar el poso de paz, esperanza y amor que nos reporta el tesoro del Evangelio. Porque en cuanto a este preciado bien que es la generosa oferta por parte de Dios de entrar en comunión con su vida divina, no se trata de saberse de memoria la ruta, o de contar con un mapa perfecto, con un navegador de última generación, sino de ponérnoslo como traje de fiesta, de sentirlo igual que el aire que respiramos, degustarlo y alimentarnos con su fuerza, su deliciosa vida compartida, su incomparable experiencia de serenidad y gratitud. No es que nos vayamos a librar de problemas, preocupaciones y sinsabores, que eso va de sí con la condición humana, pero tendremos la consistencia de sentirnos apoyados sobre el firme inconmovible de la apuesta de Dios por nosotros. Vendrán dolores y contratiempos, y aún así, como parte de este tesoro de la fe, oteamos y pregustamos una vida más plena que, anticipada por la contemplación y en el amor fraterno, es dicha completa en la eternidad de Dios.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: ESCONDIDO Y ENCONTRADIZO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: BUSCAR A DIOS

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: EL TESORO DE CRECER Y ENVEJECER



domingo, 12 de julio de 2026

DOMINGO 19 DE JULIO: XVI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Hace 110 millones de años los helechos poblaban la tierra. Hace 110 millones de años, este helecho era verde y estaba vivo, se alimentaba, crecía, se reprodujo... hoy es piedra, es un fósil. Las parábolas de Jesús, en su voluntad de ser imágenes de una sabiduría vital, espiritual, suelen tener en común la idea de la evolución, del crecimiento, del cambio. Lo que Jesús nos dice del Reino de Dios es cualquier cosa menos una enseñanza fosilizada, estática, petrificada. El Reino es vida y como tal está en permanente proceso de transformación. No enquistemos ni disequemos la verdad nueva del Evangelio, que hoy debe ser tan nueva y sinificativa como cuando fue proclamada, pues es verdad para ser vivida.  

LECTURAS

  • Sab 12, 13. 16-19. Concedes el arrepentimiento a los pecadores.
  • Sal 85. R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
  • Rom 8, 26-27. El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
  • Mt 13, 24-43. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Ya sea la levadura, el grano de mostaza o la buena semilla que crece junto a la cizaña, el Reino de Dios al que se refieren las parábolas está en movimiento, está vivo y quiere servir a la vida de cada persona y de todo el mundo. Luego habrá enseñanzas particulares que concretan y amplían esta verdad de la transformación y el crecimiento, ya sea la grandeza que encierra lo pequeño, la fertilidad de lo que se da para multiplicarse, o la necesaria paciencia para no interrumpir el necesario proceso de maduración por la ansiedad de separar lo bueno de lo malo, por la falta de reflexión y discernimiento. Pero, antes y por debajo de todas las enseñanzas que nos brindan las parábolas, está esa común sabiduría que aprende de lo orgánico, de las plantas y las estaciones, de la vida cotidiana y los proyectos humanos. Desde nuestra gestación durante nueve meses, hasta la vejez y la muerte, los cambios nos están hablando de una fuerza de vida en constante mutación que, cuando se inserta en la corriente mayor del Reinado de Dios, se convierte en ocasión de reconocer al Dios que nos llamó y que nos espera en todas las etapas de este proceso, incluida la última, que Él convertirá en semilla de eternidad, sólo por su amor y su voluntad paternal de que demos fruto y nada, nadie, se pierda.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: EL DISCERNIMIENTO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: FERMENTO DE UNA VIDA MÁS HUMANA

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: ESTOY BIEN



domingo, 5 de julio de 2026

DOMINGO 12 DE JULIO: XV DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

 

La misma simiente, diferentes terrenos para acogerla; el mismo Evangelio, distintas actitudes para leerlo, reflexionarlo, ponerlo en práctica... o desecharlo dejándolo en la estantería del intelectualismo teórico, el espiritualismo escapista o la más absoluta indiferencia. Pero a quienes la acogen, con más o menos talentos, con mejor o peor pertenencia a la Iglesia, Dios la multiplica en su vida y para las de quienes les acompañan.

LECTURAS

  • 5, 10-11. La lluvia hace germinar la tierra.
  • Sal 64. R. La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.
  • Rom 8, 18-23. La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.
  • Mt 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar.

No, no podemos exigir la misma velocidad de crecimiento ni los mismos frutos a todas las personas, ignorando las circunstancias, cargas, debilidades y fortalezas de cada trayectoria, siempre única e irrepetible. Para las parroquias, para catequistas, acompañantes y ministros ordenados, que acogemos a personas con historias tan diferentes y demandas marcadas por sus propias peripecias biográficas, las respuestas uniformadas por la norma y la costumbre no pueden ahorrarnos la justa escucha personalizada y difrenciada de cada voz. Los sacramentos, que siguen siendo, y no sólo por la gracia que median, sino también como efecto de la tradición de dos mil años, los hitos más recurrentes de participación en la Iglesia, se ven sometidos a una presión entre la costumbre y la necesaria significación espiritual y teológica. Presión que agobia a quienes han de administrarlos en nombre de la comunidad, sin por ello olvidar que el santo Pueblo de Dios los vive de manera distinta según las particulares situaciones y búsquedas. Los itinerarios no pueden ser impedimento para acoger a todos e intentar ofrecer a todos una semilla que a quien la acoja, si pone de su parte reflexión, perseverancia y el coraje de elegirla frente a otras ofertas, le reportará una cosecha abundante de sentido, luz y gracia salvadora.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: SEMBRAR, COSECHAR.

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: SEMBRAR CON FE

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: ¿QUÉ CULTIVAS?





lunes, 29 de junio de 2026

DOMINGO 5 DE JULIO: XIV DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)


Que todavía separemos evangelización de solidaridad, y llamemos asistencialismo a la expresión palpable del carácter salvífico del Reino de Dios puede ser una escapatoria espiritualista, en el mejor de los casos, cuando no sea un falseamiento de su verdadero efecto liberador. 

LECTURAS

  • Zac 9, 9-10. Mira a tu rey que viene a ti pobre.
  • Sal 144. R. Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
  • Rom 8, 9. 11-13. Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
  • Mt 11, 25-30. Soy manso y humilde de corazón.

En el evangelio de Lucas, este pasaje, que bebe de la fuente común que comparten Mateo y Lucas (fuente Q), está en un contexto de acción de gracias por parte de Jesús, motivada por la acción del Espíritu desplegada en la acción de sus discípulos. Es una alabanza a Dios por la misión realizada por los que el propio Jesús ha enviado para anunciar y hacer presente el Reino de Dios: Lc 10, 1 - 24. En san Mateo, sin embargo, aunque también está presente el envío de los discípulos, la justificación próxima de esta plegaria de Jesús, es una respuesta de contraste al rechazo del anuncio del Evangelio por parte de los judíos. En ambos casos, el centro de la bendición de Jesús es que Dios se deja reconocer por los sencillos, se muestra a la fe de quienes acaban fiándose de la gracia salvadora del Padre. Y, por eso mismo, el sentido último de la acción evangelizadora es manifestar el consuelo y la compasión divinas para quienes más lo necesitan porque más débiles, cansados y agobiados están. No puede ser que hoy, la misión evangelizadora de Jesús se quede en normas o aspire sólo al número y manifestaciones aparatosas, triunfalistas, que no por más impactantes en lo mediático son mejores ni más significativas de la verdadera fe y la calidad de la conversión que muestran. Son la debilidad, la pobreza material y el hambre de sentido y dignidad de los destinatarios del Evangelio los verdaderos indicadores de la autenticidad y fidelidad de la acción evangelizadora. En ellos hay que poner la mirada. Sólo la escucha compasiva del grito, tantas veces mudo, de las ovejas sin pastor, puede poner en contacto la verdad curativa del Evangelio con sus originarios depositarios . Lo demás puede ser no más que parafernalia y pompas de jabón, tal vez emotivamente impactantes pero inútiles como la medicina para el que no está enfermo.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: TIEMPO DE DESCANSO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: DIOS ES PARA GENTE SENCILLA

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: DESCANSA

viernes, 26 de junio de 2026

LUNES 29 DE JUNIO: SAN PEDRO Y SAN PABLO

 

El uno conoció a Jesús en la primera hora, le siguió desde Galilea, tuvo ocasion de confesarlo como Mesías, como Hijo de Dios, pero también de negarle en la hora suprema. El otro se encontró con Cristo ya resucitado, siendo él perseguidor de los cristianos, reconoció que Pedro era uno de los pilares de la Iglesia, pero asumió una misión que profundizaba y ampliaba el horizonte de la evangelización todavía pegada al judaismo y sus normas. Ambos llamados y enviados. Los dos darán testimonio de sus respectivas fidelidades y coherencias con la vida. Los santos Pedro y Pablo, en su celebración conjunta, son la fundamentación vital e imerecedera del carácter sinodal, comunitario y colegial de la Iglesia, de sus ministerios y su manera de anunciar el Evangelio.

LECTURAS

  • Hch 12, 1-11. Ahora sé realmente que el Señor me ha librado de las manos de Herodes. 
  • Sal 33. R. El Señor me libró de todas mis ansias.
  • 2 Tim 4, 6-8. 17-18. Me está reservada la corona de la justicia.
  • Mt 16, 13-19. Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos.

El Nuevo Testamento, tanto en los Hechos de los Apóstoles 15 como en las cartas de San Pablo (Gal 2), nos da conocer la relación eclesial (inserta en la Iglesia) y eclesiológica (que fundamenta qué es y cómo se hace Iglesia) entre los apóstoles san Pedro y san Pablo. Está también esa preciosa y matizada referencia a las cartas de san Pablo en 2Pe 3, 15 - 16. Una relación basada en la común llamada del Señor (aunque en formatos y tiempos diferentes para el uno y el otro) para la misión también común de anunciar el Evangelio; y en la diversidad (pluralidad) de reflexiones y propuestas para llevar a cabo esa común misión. Siendo uno el Señor, la fe en Él y el bautismo que sella esa fe, Pedro y Pablo representan que la Iglesia aprendió a vivir la unidad y la comunión sin suprimir las diferencias y las discrepancias. Por eso, celebrarlos juntos es siempre una invitación a acoger la realidad plural de la Iglesia en el momento que nos ha tocado vivir en ella y aportar, desde las legítimas opciones y compromisos, el esfuerzo por mantenernos unidos en lo que es más fuerte que la tentación de negar al otro y optar por el aislamiento y la ruptura. Una Iglesia sinodal no diluye la diversidad en el camuflaje de la imposición de la uniformidad como comunión. La comunión sinodal exige que todas las partes sepan reconocerse mutuamente, valorarse fraternalmente y aceptar que, unidos en el seguimiento de Cristo y la edificación de la Iglesia, sin embargo, tendrán diferencias que deben dejar de molestarnos, sino animarnos siempre a la auto revisión y la conversión constante al Evangelio.


lunes, 22 de junio de 2026

DOMINGO 28 DE JUNIO: XIII DE TIEMPO ORDINARIO

 

La misión de vivir y anunciar el evangelio comporta muchas y diferenciadas cruces. Unas son próximas, otras están en el servicio a la comunidad, dentro de la Iglesia, las más de ellas pasan por el trabajo de conversión y maduración de la persona. Pero en todas ellas, y más si son las propias de la vida de la Iglesia, lo esencial será siempre el servicio, la ternura y la plena confianza en Dios para que, con todas nuestras incoherencias, dé sentido y haga fructuosa nuestra sincera intención de anunciar el Evangelio.

LECTURAS

  • 2 Re 4, 8-11. 14-16a. Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí.
  • Sal 88. R. Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
  • Rom 6, 3-4. 8-11. Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva.
  • Mt 10, 37-42. El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí.

En el evangelio de Mateo, precedidos por introducciones narrativas y complementados con milagros, las enseñanzas de Jesús se distribuyen en cinco grandes discursos. Dicen los que saben de la Biblia que, con esta composición en cinco grandes compendios de la predicación de Jesús, Mateo quiere decirnos que Jesús es el nuevo Moisés (la Torá o Pentateuco tiene cinco libros) y su mensaje la nueva ley. El primero de estos cinco discuros (Mt 5 - 7) compendia la proclamación del Reino de Dios y la nueva vida que exige, es el "sermón del monte" . El tercer discurso agrupa las principales parábolas como expresión sapiencial del Reino (Mt 13). El cuarto discurso, llamado a veces "discurso eclesial", profuendiza  su propuesta de comunidad en la línea de las relaciones fraternales y del servicio como razón de ser de las funciones dentro de la comunidad. Y el quinto discurso, es el escatológico, que dibuja el horizonte trascendente y recapitulador de la vida y la misión cristiana (Mt  23-25). 

El evangelio de hoy está enmarcado en el que sería el segundo discurso, que comprende todo el capítulo 10 y que está dedicado a instrucciones para los enviados, instrucciones para la misión. La fuente principal de todo el capítulo y de este evangelio es la llamada Q (dichos compartidos por Mateo y Lucas que no aparecen, al menos de forma explícita, en Marcos). Tras la elección de los doce (que vimos hace dos domingos) motivada por la situación de necesidad de luz y acompañamiento de los destinatarios de la misión, que andan "como ovejas sin pastor", el Señor da a los enviados, a los misioneros, un auténtico manual de la misión, un libro de estilo basado en la sobriedad de los medios, la confianza en Dios y en quien los envía. Al final de estas recomendaciones sobre cómo llevar a cabo el anuncio del Evangelio, Jesús culmina con tres dichos sobre la radicalidad de le dedicación que exigen la misión (tomar la cruz y no mirar atrás) y el premio para quienes la reciben. Es curioso que la proporcionalidad de la recompensa para quienes acojan el Evangelio como profetas o como justos (Mt 10, 41), es exclusiva de Mateo y distingue entre posibles destinatarios que ya están en la vía del seguimiento y  todas las personas de buena voluntad.

En un contexto de Iglesia en salida, que retoma su configuración sinodal (comunitaria y colegial) y se centra en el Evangelio como contenido y forma de su propia misión, este texto, apunta a la seriedad, pasión e integridad que exige el Evangelio para ser anunciado de forma creíble. Nos lo podemos tomar como una descorazonadora aspiración de máximos que siempre nos dejan pequeños y con la sensación de incoherencia, o como una invitación a no dejar de considerar que es Dios quien da las fuerzas, sin dejar por ello nosotros, de aportar nuestra más pura intención de ser fieles a lo esencial del Evangelio y al modo servicial de ser evangelizadores.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: FAMILIA DE ENVIADOS

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: APRENDER A DAR

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: ¿QUÉ ES LA ACOGIDA?

HOJA DOMINICAL DIOCESANA


lunes, 15 de junio de 2026

DOMINGO 21 DE JUNIO: XII DE TIEMPO ORDINARIO

 

Somos un relámpago en la noche, una estela fugaz en medio del cielo oscuro e infinito, un instante de lucidez y amarga conciencia porque sabemos de nuestra condición efímera... y sin embargo, podemos brillar con tal intensidad... Jesús, que viene de la inmensidad del amor del Padre y ha resplandecido sin consumirse por la generosidad de su vida, nos muestra la posibilidad de vencer nuestra intrínseca mortalidad lanzándonos a la eternidad del regazo de Dios. Todo lo demás, será tan pasajero como lo son las horas y los recuerdos, los pasos y los paisajes. Este es el secreto que hemos de publicar desde las azoteas, la victoria ansiada sobre todas las muertes y sus miedos. No te negaremos Señor Jesús, no podríamos sin anularnos en esa noche de la que venimos para perdernos en ella, pues lo que somos, por tu divina confidencia que hemos de compartir con toda la humanidad, permanece y permanecerá en el que vive y es por los siglos de los siglos. Amén.

LECTURAS

  • Jer 20, 10-13. Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
  • Sal 68. R. Señor, que me escuche tu gran bondad.
  • Rom 5, 12-15. No hay proporción entre el delito y el don.
  • Mt 10, 26-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

No está hablando Jesús, en su premonición de que todo se sabrá, de cosas banales, de fruslerías y chascarrillos, de pecados y pecadillos. Habla de lo que merece la pena saberse porque nos va en ello la vida. Habla Jesús y nos pide que también nosotros lo comuniquemos, de la vida que no muere con la muerte del cuerpo, de la fortaleza y grandeza de lo humano que se sobreponen a nuestra finitud y contigencia. Habla Jesús de lo que Dios quiere compartir con nosotros y que sobrepuja toda riqueza y sabiduría. El Señor, con el anuncio del Reino de Dios, que principia en su predicación con palabras y obras, nos revela el sentido último del misterio de la vida, sentido que es una experiencia y no una mera idea: que Dios, su Padre y Padre nuestro, puede y quiere compartir su ilimitada ternura con nosotros. Por eso bien merece la pena vencer los miedos y vivir con la gratitud y amplitud de miras de quien se sabe llamado a tan alta aspiración. Sólo nosotros podemos oponernos a esta oferta, sólo nuestra libertad puede rehusarla, eso es lo que significa la advertencia final, "si me negáis, yo también os negaré", porque sólo afirmando con la vida y coherencia de la fe se hace realidad lo que creemos y se goza lo prometido. Esa es nuestra suprema responsabilidad, nuestra decisiva autoridad sobre nuestro destino.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: NO TENGÁIS MIEDO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: LIBERAR DEL MIEDO A NUESTRAS COMUNIDADES

COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: ENTRE EL RUIDO Y LA ESPERANZA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

lunes, 8 de junio de 2026

DOMINGO 14 DE JUNIO: XI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

La barca de Pedro, incluida la Virgen María, representa iconográfica y teológicamente el carácter comunitario, itinerante y misionero de la Iglesia, así como la dimensión sinodal, colegial, comunitaria, de la vocación cristiana, de todas las vocaciones cristianas: las del laicado, la vida religiosa y los ministerios ordenados (diaconado, presbiterado y colegio episcopal). La fuerza que pone en movimiento esta realidad fraternal que es la Iglesia es la llamada de Jesús, y ésta es común a todos los bautizados. Cambiarán las tareas y, para su diversidad también el Espíritu suscitará diferentes carismas y la Iglesia los respectivos ministerios y encomiedas pastorales. Pero quien llama y guía la barca es el Señor que quiere compartir con nosotros su propia misión evangelizadora. Lo anunciamos a Él con la fuerza y el impulso que nos da su Espíritu.

OCTAVA DEL CORPUS EN SANTO DOMINGO: ADORACIÓN EUCARÍSTICA DOMINGO 14 DE JUNIO 19H.

LECTURAS

  • Ex 19, 2-6a. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
  • Sal 99. R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
  • Rom 5, 6-11. Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida!
  • Mt 9, 36 — 10, 8. Llamó a sus doce discípulos y los envió

La lista de los 12, con pequeñas variantes, aparece, además de aquí (Mt 10, 2 - 4), en Mc 3, 16 - 19; Lc 6, 14 - 16 y Hch 1, 13. Pero, antes de darnos el elenco de los elegidos entre el discipulado más amplio de Jesús, para ser el signo visible, profético, del nuevo Israel, Mateo nos habla de la motivación de esta misión o envío de sus discípulos: el pueblo anda perdido, necesita pastores, que lo cuide y que sane a los oprimidos por el mal. La misión evangelizadora no es, al decir del papa Francisco, "auto referencial", sino respuesta a las necesidades más profundas y acuciantes de los destinatarios de la Buena Nueva. Los enviados lo son para servir, curar y liberar. Los doce representan un nuevo Pueblo de Dios que, al contar con la fuerza liberadora del Evangelio, expresada con la pobreza de medios y la gratuidad del servicio prestado, tiene un alcance universal, un horizonte que supera la estrechez de la consideración nacionalista y excluyente de Israel, puesto que ese pueblo elegido no ha logrado alcanzar para los que más lo precisan la bondad y bienestar que Dios quiere para todos sus hijos. 

Por eso, hoy no podemos volver a recaer en la vieja tentación de un "neo confesionalismo" o cristianismo de cristiandad que fíe al poder de los recursos y a los resultados masivos y mediáticos el éxito o fracaso de la acción evangelizadora. La humildad y la gratuidad que Jesús pide para el ejercicio de la misión que encomienda a los enviados es incompatible con el proselitismo, más o menos encubierto, la manipulación de cualquier tipo (incluido el emotivismo criticado por la instrución de los Obispos Cor ad cor loquitur) y un sensacionalismo populista que confunda el encomiable arraigo del catolicismo en nuestra cultura, con la supeditación de la novedad del evangelio a la costumbre y lo estético. Una vez más, para responder al encargo que nos hace el Señor que llama, acompaña y envía, hemos de mirar con él a nuestros hermanos, reconocer sus carencias, conectar con sus necesidades y, más allá de la moda y los "trakings" de audiencia, por encima de la visibilidad efímera de las redes y las estadísticas, mediar con nuestro servicio evangelizador la liberación plena que sólo el espíritu de Cristo puede suscitar aquí y ahora para todos, pues todos la necesitamos.

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