LECTURAS
- 5, 10-11. La lluvia hace germinar la tierra.
- Sal 64. R. La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto.
- Rom 8, 18-23. La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios.
- Mt 13, 1-23. Salió el sembrador a sembrar.
No, no podemos exigir la misma velocidad de crecimiento ni los mismos frutos a todas las personas, ignorando las circunstancias, cargas, debilidades y fortalezas de cada trayectoria, siempre única e irrepetible. Para las parroquias, para catequistas, acompañantes y ministros ordenados, que acogemos a personas con historias tan diferentes y demandas marcadas por sus propias peripecias biográficas, las respuestas uniformadas por la norma y la costumbre no pueden ahorrarnos la justa escucha personalizada y difrenciada de cada voz. Los sacramentos, que siguen siendo, y no sólo por la gracia que median, sino también como efecto de la tradición de dos mil años, los hitos más recurrentes de participación en la Iglesia, se ven sometidos a una presión entre la costumbre y la necesaria significación espiritual y teológica. Presión que agobia a quienes han de administrarlos en nombre de la comunidad, sin por ello olvidar que el santo Pueblo de Dios los vive de manera distinta según las particulares situaciones y búsquedas. Los itinerarios no pueden ser impedimento para acoger a todos e intentar ofrecer a todos una semilla que a quien la acoja, si pone de su parte reflexión, perseverancia y el coraje de elegirla frente a otras ofertas, le reportará una cosecha abundante de sentido, luz y gracia salvadora.


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