domingo, 12 de julio de 2026

DOMINGO 19 DE JULIO: XVI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

Hace 110 millones de años los helechos poblaban la tierra. Hace 110 millones de años, este helecho era verde y estaba vivo, se alimentaba, crecía, se reprodujo... hoy es piedra, es un fósil. Las parábolas de Jesús, en su voluntad de ser imágenes de una sabiduría vital, espiritual, suelen tener en común la idea de la evolución, del crecimiento, del cambio. Lo que Jesús nos dice del Reino de Dios es cualquier cosa menos una enseñanza fosilizada, estática, petrificada. El Reino es vida y como tal está en permanente proceso de transformación. No enquistemos ni disequemos la verdad nueva del Evangelio, que hoy debe ser tan nueva y sinificativa como cuando fue proclamada, pues es verdad para ser vivida.  

LECTURAS

  • Sab 12, 13. 16-19. Concedes el arrepentimiento a los pecadores.
  • Sal 85. R. Tú, Señor, eres bueno y clemente.
  • Rom 8, 26-27. El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables.
  • Mt 13, 24-43. Dejadlos crecer juntos hasta la siega.

Ya sea la levadura, el grano de mostaza o la buena semilla que crece junto a la cizaña, el Reino de Dios al que se refieren las parábolas está en movimiento, está vivo y quiere servir a la vida de cada persona y de todo el mundo. Luego habrá enseñanzas particulares que concretan y amplían esta verdad de la transformación y el crecimiento, ya sea la grandeza que encierra lo pequeño, la fertilidad de lo que se da para multiplicarse, o la necesaria paciencia para no interrumpir el necesario proceso de maduración por la ansiedad de separar lo bueno de lo malo, por la falta de reflexión y discernimiento. Pero, antes y por debajo de todas las enseñanzas que nos brindan las parábolas, está esa común sabiduría que aprende de lo orgánico, de las plantas y las estaciones, de la vida cotidiana y los proyectos humanos. Desde nuestra gestación durante nueve meses, hasta la vejez y la muerte, los cambios nos están hablando de una fuerza de vida en constante mutación que, cuando se inserta en la corriente mayor del Reinado de Dios, se convierte en ocasión de reconocer al Dios que nos llamó y que nos espera en todas las etapas de este proceso, incluida la última, que Él convertirá en semilla de eternidad, sólo por su amor y su voluntad paternal de que demos fruto y nada, nadie, se pierda.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO



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