LECTURAS
- Is 22, 19-23
- Salmo 137, 1-2a. 2bcd-3. 6 y 8bc R/. Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos.
- Rm 11, 33-36
- Mt 16, 13-20
La confesión de Cesarea de Filipo (Mt 16, 13 - 20; Mc 8, 27 - 30; Lc 9, 18 21), en la que Pedro se gana por su felidad y arrojo confesante la primacía entre los apóstoles, la confirmación de que su fe y entrega a Jesús le convierten en piedra para cimentar la Iglesia, está incompleta sin la secuela contradictoria de la oposición del mismo Pedro al destino sufriente de su Señor (Mt 16, 21 - 28; Mc 8, 31 - 33). Curiosamente, Lucas omite el renuncio del príncipe de los apóstoles, conforme a su intención de suavizar en lo posible la imagen negativa del progresivo declive de los discípulos. Sin embargo, Mateo, que es el evangelio petrino por excelencia, el que con más contundencia recoge en este pasaje la autoridad propia de Pedro, no sólo no evita consignar la renuencia al seguimiento hasta la cruz del que acaba de ser nombrado respaldo de sus hermanos, sino que le advierte de que también es piedra de escándalo.
Luego, es matizado Mateo a la hora de afirmar una cosa y la contraria. Tal vez así nos anima a comprender y vivir la íntima dialéctica entre lo que exige el Evangelio de Jesucristo y da alma a su Iglesia, y la realidad frágil y fallida que tantas veces somos los que intentamos ser cristianos. Como Pedro confesamos y renunciamos, afirmamos para luego desmentir con nuestra huida del compromiso y la coherencia con lo que Cristo no enseña y ejemplifica en su vida entregada. Mateo es el único evangelista que recoge el término Iglesia ("ekklesía", asamblea). Y lo hace tres veces. Aquí, con el determinativo "mi Iglesia", con el que Jesús expresa su íntima unidad y pertenencia recíproca entre Él y "su Iglesia". Y también lo usa dos veces en Mt 18, 15 - 17 en el contexto de los consejos para la vida comunitaria:
Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.

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