"Todos, todos, todos..." decía el recordado papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa (2026) y en esa línea inclusiva, universalista, el evangelio de Mateo sigue insistiendo y avanzando. Porque esa apertura a todos, no es sólo sincrónica, para los que compartimos el presente, sino que se va abriendo al horizonte escatológico que es el propio de Jesús, como lo fue también del Bautista. El futuro que da sentio al día a día, la plenitud de Dios que espera todos los destinos humanos está marcado por la libertad de su acogida por parte de cada uno de nosotros y por la vocación de incluir a todos, todos, todos.
LECTURAS
- Is 25, 6-10a
- Salmo 22, 1-3a. 3b-4. 5. 6. R/. Habitaré en la casa del Señor por años sin término
- Flp 4, 12-14. 19-20
- Mt 22, 1-14
Si la imagen de la viña, con todos los cuidados que el amigo que la tenía le dispensó, con todo el mimo con que Dios provee recursos para que sea fecunda, es imagen del Pueblo de Dios y de la pertenencia al mismo, el convite de bodas tiene un inconfundible aroma escatológico de promesa de plenitud y destino de salvación. Y si en las diatribas de Jesús contra los que se apropiaban de la exclusividad de esa identidad de miembros y heredad del Señor de la viña (los escribas y fariseos, los sacerdotes y ancianos), les contrapone la apertura y la universalidad de la vinculación con Dios como hijos suyos, ahora dicha superación de las restricciones y discriminaciones entre los de dentro y los de fuera, va más allá del presente y alcanza el futuro prometido de la dicha máxima. Pertenencia y salvación, identidad y esperanza, presente y porvenir, para Jesús están al alcance de todos los que quieran recibir la invitación y se sientan concernidos por el deseo divino de darnos su amor y deleitarnos con su presencia.
Cuando presenciamos la destrucción de la política multilateral que pretendía, tras el horror de las dos guerras mundiales, sustituir la violencia por el diálogo, la imposición por el acuerdo; cuando se agita el miedo al extranjero como fuego que avive la visceralidad de la oposición entre nosotros y los otros; en una cultura que por la vía de la seducción digital nos recluye todavía más en el aislamiento y el individualismo, ver a Dios en los cruces de los caminos para invitar a toda la humanidad a conocerle y saborear su misericordia; a descubrir la vía de humanidad que se abre para lo que creen en Él y practican sus mandamientos, supone una oportunidad para volver a creer también en la humanidad y sus posibilidades de aprendizaje y desarrollo integral.
Señor, perdónanos por haber rechazado displicentemente tu solicitud, tu cariñosa invitación a participar de tu amor, que como el convite que celebra la alegría de estar juntos, nos proponías con toda tu bondad y ternura. Perdónanos si, despistados, ensimismados o inútilmente entretenidos, se nos ha pasado por alto recibir tu propuesta que nos haces en tu Hijo Jesucristo y disponernos adecuadamente para gozarla.
Que esta reunión de seguidores que es la Iglesia y cada celebración suya de la Eucaristía, cada iniciativa de oración, formación y caridad activa nos permitan sentarnos a tu mesa y estar a la altura de tu entrañable iniciativa de juntarnos a tu vera, de tenernos junto a ti.
Que el recuerdo agradecido de nuestros difuntos, a quienes sólo por ti y contigo podemos sentir vivos para siempre, nos aliente para acudir a tu llamada y aprovechar tu magnánima intención de asociarnos a tu alegría y tu compasión.

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