lunes, 28 de septiembre de 2026

DOMINGO 4 DE OCTUBRE: XXVII DE TIEMPO ORDINARIO. SAN FRANCISCO DE ASÍS

Como una jaula con las puertas abiertas, el Señor Jesús libera la fe de ataduras y constricciones que la encierren en un marco institucional o identitario. Como judío que era había recibido de sus mayores y de su cultura la convicción de que Israel era el pueblo elegido, el único que conocía y servía al verdadero Dios, el único que se salvaría. Y, de hecho, al principio, se considera enviado sólo a las ovejas descarriadas de Israel, en la línea del Bautista. Pero su propia vocación y la docilidad al Espíritu Santo, su capacidad de reconocer la voluntad del Padre a través de las personas y los acontecimientos de la vida diaria, le harán ampliar en una dirección universalista la intención salvadora del plan de Dios. En este sentido hay que entender esta y otras parábolas (como la de los obreros contratados para la viña a diferentes horas del día, o la oración del publicano y el fariseo), una invitación a abrir las puertas de los compartimentos estancos, apartados, reservas y reductos en los que podamos pretender apresar al Espíritu y apropiarnos de la exclusividad de la fe, la verdad y la salvación. San Francisco también lo entendió así, y creyó en la libertad de espíritu que, bajo la forma de la pobreza, la simplicidad de vida y la humildad nos hace, también, más libres a nosotros.

LECTURAS

  • Is 5, 1-7. La viña del Señor del universo es la casa de Israel.
  • Sal 79. R. La viña del Señor es la casa de Israel.
  • Flp 4, 6-9. Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
  • Mt 21, 33-43. Arrendará la viña a otros labradores.

La imagen de la viña como porción de Dios era familiar en el Antiguo Testamento. Ya en el Primer Libro de los Reyes (1Primer Libro de los Reyes (1 Reyes 21:1-29) la viña de Nabot es señal de que la porción de Dios, su pueblo, sufre injusticia y sólo viviendo la justiica podrá representar su vinculación con Dios. Pero, sobre todo es el texto entrañablemente conmovedor de Isaías (5, 1-7) el que mejor ejemplifica el significado simbólico de la viña, cuyo cuidadoso cultivo expresa la naturaleza afectiva de la relación de Dios con su Puebo, así como la gravedad de la infidelidad que traiciona esos lazos amorosos, por la idolatría en el culto a Yahvé, pero sobre todo por ell abandono de su derecho, por el atropello de la justicia y la bondad que deben corresponder a esa tierna preocupación del Señor por sus hijos. 

También en el evangelio de la semana pasada (Mt 21, 28-32), en la parábola de los dos hijos, aparecía la viña como símbolo de la tarea que Dios nos encomienda. Según Marcos (12, 1-12) Jesús acudió a esta parábola de Isaías en un contexto de controversia con los representantes del judaísmo tradicional, sacerdotes, escribas y ancianos. Y así le siguen también los otros sinópticos (Lc 20, 9-19; Mt 21, 33-43). La peculiaridad de Mateo, que a lo largo de los capítulos 18 y 19, antes de llegar a Jerusalén,  ha marcado la novedad dentro de la continuidad, entre Jesús y el judaismo mosaico, es su conclusión. Con firmeza y rigor, suponemos que muy a su pesar, dada la íntima raigambre escriturística, judía, de Mateo, pone en labios de Jesús una sentencia que debía, por su gravedad, advertir a los oyentes, como ya hiciera Isaías, de la expulsión de la heredad como Pueblo de Dios, de la pérdida de su condición de pueblo elegido, predilecto.

Con toda su seriedad redifinidora de la apertura universal del Reino de Dios y del Pueblo de Yahvé a todas las naciones, a todas las personas que acojan el Evangelio, la parábola de la viña y los viñadores homicidas no es más provocadora que la admonición del evangelio del Domingo pasado: “los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el Reino de los Cielos”. Lo que hace de esta parábola una auténtica declaración de principios y el establecimiento de una línea divisoria, de un antes y un después, es precisamente el uso de esta imagen de la viña, la alusión directa a la imagen querida, solemne y canónica de la historia de Isaías sobre la viña del amigo, la parcela querida del Amado. Hay una productiva mezcla entre lo afectivo y lo jurisdiccional que amplía el significado del ejemplo de la viña, el propietario y los viñadores, al nivel teológico y espiritual de una auténtica revelación de la voluntad divina, que lo es de divina y universal misericordia. Por eso mismo, resulta más fuerte, si cabe, su efecto de sanción para quienes se apropian de la querida porción de los hijos de Dios y la gestionan de manera restrictiva, haciendo de las normas administrativas y los prejuicios exclusivistas un absoluto que restringe la apertura y flexibilidad de la salvación; de quienes van en la Iglesia con una bula de excomunión en el bolsillo para los que no se ajusten a normas cultuales y hábitos que, no por ser más antiguos y tradicionales, dejan de ser por ello, mutables y susceptibles de superación.

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