OCTAVA DEL CORPUS EN SANTO DOMINGO: ADORACIÓN EUCARÍSTICA DOMINGO 14 DE JUNIO 19H.
LECTURAS
- Ex 19, 2-6a. Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.
- Sal 99. R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
- Rom 5, 6-11. Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta
más razón seremos salvados por su vida!
- Mt 9, 36 — 10, 8. Llamó a sus doce discípulos y los envió
La lista de los 12, con pequeñas variantes, aparece, además de aquí (Mt 10, 2 - 4), en Mc 3, 16 - 19; Lc 6, 14 - 16 y Hch 1, 13. Pero, antes de darnos el elenco de los elegidos entre el discipulado más amplio de Jesús, para ser el signo visible, profético, del nuevo Israel, Mateo nos habla de la motivación de esta misión o envío de sus discípulos: el pueblo anda perdido, necesita pastores, que lo cuide y que sane a los oprimidos por el mal. La misión evangelizadora no es, al decir del papa Francisco, "auto referencial", sino respuesta a las necesidades más profundas y acuciantes de los destinatarios de la Buena Nueva. Los enviados lo son para servir, curar y liberar. Los doce representan un nuevo Pueblo de Dios que, al contar con la fuerza liberadora del Evangelio, expresada con la pobreza de medios y la gratuidad del servicio prestado, tiene un alcance universal, un horizonte que supera la estrechez de la consideración nacionalista y excluyente de Israel, puesto que ese pueblo elegido no ha logrado alcanzar para los que más lo precisan la bondad y bienestar que Dios quiere para todos sus hijos.
Por eso, hoy no podemos volver a recaer en la vieja tentación de un "neo confesionalismo" o cristianismo de cristiandad que fíe al poder de los recursos y a los resultados masivos y mediáticos el éxito o fracaso de la acción evangelizadora. La humildad y la gratuidad que Jesús pide para el ejercicio de la misión que encomienda a los enviados es incompatible con el proselitismo, más o menos encubierto, la manipulación de cualquier tipo (incluido el emotivismo criticado por la instrución de los Obispos Cor ad cor loquitur) y un sensacionalismo populista que confunda el encomiable arraigo del catolicismo en nuestra cultura, con la supeditación de la novedad del evangelio a la costumbre y lo estético. Una vez más, para responder al encargo que nos hace el Señor que llama, acompaña y envía, hemos de mirar con él a nuestros hermanos, reconocer sus carencias, conectar con sus necesidades y, más allá de la moda y los "trakings" de audiencia, por encima de la visibilidad efímera de las redes y las estadísticas, mediar con nuestro servicio evangelizador la liberación plena que sólo el espíritu de Cristo puede suscitar aquí y ahora para todos, pues todos la necesitamos.


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