lunes, 15 de junio de 2026

DOMINGO 21 DE JUNIO: XII DE TIEMPO ORDINARIO

 

Somos un relámpago en la noche, una estela fugaz en medio del cielo oscuro e infinito, un instante de lucidez y amarga conciencia porque sabemos de nuestra condición efímera... y sin embargo, podemos brillar con tal intensidad... Jesús, que viene de la inmensidad del amor del Padre y ha resplandecido sin consumirse por la generosidad de su vida, nos muestra la posibilidad de vencer nuestra intrínseca mortalidad lanzándonos a la eternidad del regazo de Dios. Todo lo demás, será tan pasajero como lo son las horas y los recuerdos, los pasos y los paisajes. Este es el secreto que hemos de publicar desde las azoteas, la victoria ansiada sobre todas las muertes y sus miedos. No te negaremos Señor Jesús, no podríamos sin anularnos en esa noche de la que venimos para perdernos en ella, pues lo que somos, por tu divina confidencia que hemos de compartir con toda la humanidad, permanece y permanecerá en el que vive y es por los siglos de los siglos. Amén.

LECTURAS

  • Jer 20, 10-13. Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa.
  • Sal 68. R. Señor, que me escuche tu gran bondad.
  • Rom 5, 12-15. No hay proporción entre el delito y el don.
  • Mt 10, 26-33. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo.

No está hablando Jesús, en su premonición de que todo se sabrá, de cosas banales, de fruslerías y chascarrillos, de pecados y pecadillos. Habla de lo que merece la pena saberse porque nos va en ello la vida. Habla Jesús y nos pide que también nosotros lo comuniquemos, de la vida que no muere con la muerte del cuerpo, de la fortaleza y grandeza de lo humano que se sobreponen a nuestra finitud y contigencia. Habla Jesús de lo que Dios quiere compartir con nosotros y que sobrepuja toda riqueza y sabiduría. El Señor, con el anuncio del Reino de Dios, que principia en su predicación con palabras y obras, nos revela el sentido último del misterio de la vida, sentido que es una experiencia y no una mera idea: que Dios, su Padre y Padre nuestro, puede y quiere compartir su ilimitada ternura con nosotros. Por eso bien merece la pena vencer los miedos y vivir con la gratitud y amplitud de miras de quien se sabe llamado a tan alta aspiración. Sólo nosotros podemos oponernos a esta oferta, sólo nuestra libertad puede rehusarla, eso es lo que significa la advertencia final, "si me negáis, yo también os negaré", porque sólo afirmando con la vida y coherencia de la fe se hace realidad lo que creemos y se goza lo prometido. Esa es nuestra suprema responsabilidad, nuestra decisiva autoridad sobre nuestro destino.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: LIBERAR DEL MIEDO A NUESTRAS COMUNIDADES

COMENTARIO AUDIVISUAL DE VERBO DIVINO: ENTRE EL RUIDO Y LA ESPERANZA

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

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