domingo, 8 de marzo de 2026

DOMINGO 15 DE MARZO: IV DE CUARESMA (CICLO A)

El milagro de la curación del ciego de nacimiento, como todos los del evangelio según san Juan, es un auténtico caleidoscopio. No en vano, el cuarto evangelio nunca habla de milagros, sino de signos, pero cada relato de estos signos (y hay ocho si contamos la pesca milagrosa del segundo final de Juan, Jn 21) es un nudo simbólico de significados entrelazados. La ceguera y la visión se relacionan con la superación de la concatenación pecado - enfermedad y con la fe que proporciona a la vez perdón y curación. Pero la fe, a su vez, hay que enmarcarla en el proceso personal de encuentro con Jesús y reconocimiento tanto de su persona y misión salvadora, como de uno mismo y nuestra propia biografía de cegueras impuestas o elegidas. Por eso, además de ser curado, el que era ciego y ahora ve, se halla inmerso en un cruce de interrogaciones sobre lo que signfica que ahora vea: le interrogan los judíos, pero también habrá de confrontarse con el mismo Jesús que intenta que el ciego vea no sólo con los ojos curados, sino con la fe descubierta y pendiente de una afirmación responsable por su parte.

VIERNES 13 DE MARZO 20H. CELEBRACIÓN COMUNITARIA DE LA PENITENCIA

LECTURAS

  • 1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a. David es ungido rey de Israel.
  • Sal 22. R. El Señor es mi pastor, nada me falta.
  • Ef 5, 8-14. Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará.
  • Jn 9, 1-41. Él fue, se lavó, y volvió con vista
Podemos mirar y no ver, nuestros ojos pueden estar sanos y, sin embargo, no ver. A veces la inmediatez de lo que vivimos, o la distracción y superficialidad de nuestra mirada, nos impiden seriamente percibir lo que nos pasa, comprender por qué y sus consecuencias, descubrir cómo nos afecta a nosotros y a los que con nosotros están. El milagro del ciego de nacimiento apunta a la recuperacion de esta visión más profunda y amplia que llamamos fe. Por la fe, además de conocer los diferentes aspectos de lo que nos rodea y ocurre, encontramos en Dios su horizonte y sentido, su marco de comprensión y el fundamento que evita su disolución en la nada, en meras sensaciones pasajeras. Igual que el árbol no nos deja ver el bosque, la mirada absorta en nosotros mismos, o pegada el problema que nos preocupa, sin contexto ni relación con lo que hemos considerado esencial y transformador, nos impide ver lo vivido como camino hacia Dios.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: LA NUEVA MIRADA PARA VER


COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: TESTIGO DE LA VERDAD


COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: DEJAR DE MIRAR PARA VER


HOJA DOMINICAL DIOCESANA



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