El milagro de la curación del ciego de nacimiento, como todos los del evangelio según san Juan, es un auténtico caleidoscopio. No en vano, el cuarto evangelio nunca habla de milagros, sino de signos, pero cada relato de estos signos (y hay ocho si contamos la pesca milagrosa del segundo final de Juan, Jn 21) es un nudo simbólico de significados entrelazados. La ceguera y la visión se relacionan con la superación de la concatenación pecado - enfermedad y con la fe que proporciona a la vez perdón y curación. Pero la fe, a su vez, hay que enmarcarla en el proceso personal de encuentro con Jesús y reconocimiento tanto de su persona y misión salvadora, como de uno mismo y nuestra propia biografía de cegueras impuestas o elegidas. Por eso, además de ser curado, el que era ciego y ahora ve, se halla inmerso en un cruce de interrogaciones sobre lo que signfica que ahora vea: le interrogan los judíos, pero también habrá de confrontarse con el mismo Jesús que intenta que el ciego vea no sólo con los ojos curados, sino con la fe descubierta y pendiente de una afirmación responsable por su parte.
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DOMINGO 15 DE MARZO: IV DE CUARESMA (CICLO A)
El milagro de la curación del ciego de nacimiento, como todos los del evangelio según san Juan, es un auténtico caleidoscopio. No en vano, e...

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