CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS CONTRA EL HAMBRE
LECTURAS
Con la misma humildad, que es realismo sincero, con la que san Pablo reconoce "débil y temblando de miedo", hemos de reconocer, como humanos que somos, nuestra interna fragilidad, nuestra tendencia al extravío, lo susceptibles que somos al pecado y la negación de Dios y su proyecto para con nosotros. Y aún así, el Señor Jesús, que también sabe de nuestra pequeñez e inestabilidad, dice que somos sal y luz, que valemos mucho, que podemos más, que tenemos un destino de eternidad que es Dios. Pero con la sabiduría que le caracteriza como maestro y acompañante de los que le siguen y escuchan, también nos advierte de la necesidad de darle a todo lo valioso que somos y tenemos su verdadero sentido: ser para los demás, tener con los otros. Y así, la propuesta un año más de Manos Unidas, para que nos sumemos a sus proyectos solidarios, se conviernte en mucho más que una obra buena y generosa. Pues se trata de que lo que somos y podemos alumbre, sirva, contribuya a que las bienaventuranzas prometidas para el futuro de plenitud empiecen a ser realidad aquí y ahora. Pero no se trata de mero voluntarismo, sino de la interna coherencia que hay entre el bien que nos habita y su puesta en práctica en el amor, la fraternidad y la caridad. Como los ríos tienden a la mar, la sal y luz que Cristo nos invita a reconocer de la impronta divina que llevamos inscrita en nuestras almas, tienden al servicio, el compromiso y la solidaria corresponsabilidad.

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