domingo, 17 de agosto de 2025

DOMINGO 24 DE AGOSTO: XXI DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

 
La universalidad del mensaje cristiano es algo que a su protagonista, Jesucristo nuestro Señor, le supuso un aprendizaje y le exigió una apertura y maduración costosas. No en vano, el pueblo de Israel, también tuvo dificultades (y aún las tiene) para superar el exclusivismo propio del pueblo elegido, pero gracias a los profetas postexílicos, fue arraigando en el corazón de la conciencia creyente y en la orientación de la Sagrada Escritura, la convicción y la esperanza de que Dios llama y ama a todos los pueblos como pueblo suyo. En este caso, la enseñanza de Jesús no busca provocar celos de primogenitura porque "vendrán de oriente y occidente", se trata de asentar la necesaria aspiración de esforzarse y perserverar, porque es exigente el acceso a la plenitud que Dios nos ha regalado a través de su Hijo.

LECTURAS

  • Is 66, 18-21. De todas las naciones traerán a todos vuestros hermanos.
  • Sal 116. R. Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.
  • Heb 12, 5-7. 11-13. El Señor reprende a los que ama.
  • Lc 13, 22-30. Vendrán de oriente y occidente, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios.

Que la puerta de la salvación esté indicada y abierta para todos, pero que sea estrecha y empinada de transitar muestra las dos direcciones, no solo compatibles, sino intimamente entrelazadas, de la oferta de salvación que Cristo nos trae de parte de Dios y nos facilita con su vida, muerte y resurrección. Por un lado, oferta universal, sin discriminaciones ni exclusiones (en esa línea iban no pocas enseñanzas de Jesús: "no he venido a curar a los sanos, sino a los enfermos", "los publicanos y prostitutas os llevan la delantera en el Reino de Dios"...). Por otra parte, y de modo complementario e intrínseco: para todos es exigente el acceso, porque aunque el horizonte del amor de Dios es infinito y todos cabemos entre sus brazos, la transformación de nuestras vidas (conversión), el progreso espiritual y ético que permite entrever y ascender hacia esa meta de superación personal y confianza en Dios, es sumamente esforzada, implica un trabajo permanente. Combinar esta generosidad en la llamada con la expectativa divina de nuestra elevación moral y espiritual es algo que todos debemos procurar. Mas tampoco estamos huérfanos de ayudas para conseguirlo, aprovecharlas es nuestra responsabilidad.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: PUERTA DE SALVACIÓN

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ¿QUÉ TOLERANCIA?



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