JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ: MENSAJE DEL PAPA LEÓN XIV "LA PAZ ESTÉ CON USTEDES. POR UNA PAZ DESARMADA Y DESARMANTE"
LECTURAS
Entre lo que contaron los pastores de lo que el ángel les había dicho había un anuncio que todavía estamos esperando que se realice: "Y en la tierra paz a los hombres que Dios ama" Sería, pues, más un deseo de Dios que una promesa incumplida. Dios, que ama a todos sus hijos, desea para ellos la paz. Pero Dios no desea en vano, ni juega a los dados, ni hace brindis al sol. Es la firme intención de Dios, que se complace en nosotros, procurarnos la paz y para ello nos ha marcado el camino -el amor fraterno- y nos ha dado el recurso más valioso, la vida y el mensaje de su Hijo Jesucristo, el "prícipe de la paz".
Con motivo de la Jornada Mundial de oración por la Paz, que la Iglesia celebra el primer día del año, el papa León XIV, en su mensaje "La paz esté con ustedes. Por una paz desarmada y desarmante" reitera la condición indispensable para lograr esa paz, que desarmemos nuestras mentes, corazones y arsenales militares. Puede que parezca un objetivo inalcazable, pero lo que es seguro es que sin ese desarme integral no se logrará tampoco la paz integral. Para que cese la carrera armamentística es necesario, dice el papa, recuperar la prioridad del diálogo y la escucha, no destruir los puentes que nos permitan aproximar posturas sin destruirnos.
Y a María, la madre virgen, que junto a José, cuidará, educará y compartirá su hijo con toda la humanidad, dedica la Iglesia el primer día del año: Santa María madre de Dios. Los pastores, cargados de dulces presagios, entre ellos el de la ansiada paz, encuentran al niño con María y José, en el hogar que lo hace posible por la generosa implicación de la familia que no se siente una isla, sino una puerta abierta al encuentro y la solidaridad. Esta festividad de la Virgen María, que es también la de la imposición del nombre al niño Jesús, nos llama a recuperar una visión más acogedora y comunitaria de la vida y de las familias. El individualismo y la tentación del aislamiento, además de egoístas, son muy torpes, pues nos necesitamos y, ante o después, todos dependemos los unos de los otros. Esta celebración de Santa María Madre de Dios, que junto con José presentan y ofrecen su hijo para bien de la humanidad entera, incluido el bien de la paz, nos debiera ayudar a no perder los lazos que nos unen y mimar las relaciones por las que somos más y mejores.
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