LECTURAS
- Is 48, 17-19. Si hubieras atendido a mis mandatos.
- Sal 1. R. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida.
- Mt 11, 16-19. No escuchan ni a Juan ni al Hijo del hombre.
Los hombres han dejado a Dios
no por otros dioses, dicen,
sino por ningún dios;
y eso no había ocurrido nunca:
que los hombres a la vez negasen
a los dioses
y adorasen a dioses
profesando primero la Razón,
y luego el Dinero, y el Poder,
y lo que llaman Vida,
o Raza, o Dialéctica.
T. S. Eliot
Cuánta razón tenía T. S. Eliot, hay mucho ateísmo de Dios y mucha fe en los dioses que nos hemos forjando a nuestra imagen y semejanza, como malas imitaciones del Dios verdadero creador, que nos había creado a su imagen y semejanza, pero no a las del poder, la fuerza y la riqueza irresponsable e insolidaria. Ateos del Dios que se hace humano para que nosotros no nos endiosemos, sino que compartamos su divina pasión por lo sencillo, lo pequeño y humilde. Y no han faltado señales de dónde Dios habitaba y de cuál era su verdadera divinidad, pues hubo profetas en todos los tiempos, pueblos y culturas. Habló todas las lenguas, se nos comunicó a través de todos los condicionamientos históricos. Pero ni con esas. Por eso Jesús se quejaba amargamente: "no os vale el adusto Juan, ni el más flexible y llevadero que es el Hijo del Hombre". Hoy más que nunca necesitamos derribar los falsos dioses con la única fuerza de la liberación del potencial humanizador que Dios nos dio e hizo suyo al hacese hombre en Jesucristo. Es el descubrimiento de nuestra verdadera estatura, de la humana naturaleza y de la grandeza del Dios que no avasalla ni anula, lo que podrá desenmascarar los becerros de oro y mostrar la senda de la luz de la vida, el camino eterno que pasa por la justicia y la fraternidad.
EL PODER DE LA CONTEMPLACIÓN (Salmo 24)
¡CONSAGRAD al Señor todas las riquezas de la tierra!¡No las consagréis más a la explotación de unos sobre otros!
¡Mirad cómo los ríos corren hacia su muerte
alumbrando la vida!
¡Mirad cómo las montañas están firmes en su soledad
señalando con sus picachos serenos las alturas inalcanzables!
¿Quién se juzga capaz de escalar cumbres de salvación?
¿Quién se cree a sí mismo poseedor de su vida?
Pero el hombre que busca la amistad con Dios,
aquel que derriba por el polvo
los ídolos del dinero, de la jactancia y de las leyes,
ése subirá más alto, y para siempre,
que los astronautas en sus naves espaciales;
ése subirá allí donde descansar
es crecer de admiración en admiración
y de entusiasmo en entusiasmo
por los bosques espesísimos de las maravillas de Dios.
¡Abrid, pues, para todos los hombres
caminos de amistad con Dios!
¡Abridles de par en par las puertas
de la contemplación rendida y amante!
Que todos los hombres puedan experimentar que Dios
es su destino más alto y su alegría más serena.
¡Es el Señor mismo quien se entrega
al hombre abierto a la admiración y al canto!
(Antonio López Baeza, Poemas para la utopía)

No hay comentarios:
Publicar un comentario