ADVIENTO 2025
LECTURAS
- Gen 3, 9-15. 20. Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer.
- Sal 97. R. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.
- Ef 1, 3-6. 11-12. Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del
mundo.
- Lc 1, 26-38. Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
El reconocimiento devoto y afectivo que los católicos profesamos
a la presencia de la Virgen María en la vida de su Hijo, por esa misma devoción
y cariño que sentimos por ella, pasa de ser algo privativo de su relación
familiar a ser una realidad extensible para todos cuantos, como ella, también
seguimos a Jesucristo. Pues la que fue madre y acompañó desde antes de nacer
hasta la cruz (según el evangelio de Juan) a nuestro salvador, igualmente
acompañará al conjunto entero de los cristianos, desde Pentecostés hasta la
plenitud del amor de Dios allende la muerte. En cuanto madre, primero, y luego
también como discípula de su Hijo, la madre de Jesús de Nazaret se convierte en
madre de la Iglesia para enseñarle a ser ella también madre, y no madrastra, que
diría el papa Francisco, sino auténtica generadora de fe y coherencia con el
Evangelio. Por eso, todos los títulos se quedan cortos y la letanía del Rosario
no ha cesado de crecer y dar cuenta de tan excelsa participación de la Virgen
María en la Historia de la Salvación que tiene en su Hijo el centro de gravedad
y el horizonte de realización.
Sin embargo, al dejar claro que quien salva es Jesucristo,
quien nos redime es el Hijo de María, porque Él es el Hijo de Dios, respetamos
y distinguimos no sólo la prioridad única e irrepetible del Verbo encarnado,
sino que somos, incluso, más respetuosos con la propia Virgen María. Y es que,
como bien resalta la citada Nota Doctrinal Madre del pueblo fiel, la
Virgen de Nazaret, desposada con José, sabrá con humilde sabiduría ponerse tras
los pasos de su Hijo bendito para ayudarnos a ser discípulos suyos. Esta misión
servicial de la que siempre fue “esclava del Señor” responde con justicia a la
fe de María, puesta de manifiesto desde la Anunciación y puesta a prueba en el
camino de transición del judaísmo a la nueva vida que en Cristo comienza.
Nos dice esta nota doctrinal que “el dogma de la Inmaculada Concepción destaca la primacía y unicidad de Cristo en la Redención, porque también la primera redimida es redimida por Cristo y transformada por el Espíritu" (Nota Doctrinal Mater populi fidelis 14). Y tanto fue redimida y elegida, tan excepcionalmente preservada, que su liberación previa, antes de nacer, del pecado original, anuncia y anticipa, lo que sólo por obra de su Hijo será posible para todo el género humano: llegar a ser uno con Él en Dios. Feliz fiesta de la Purísima.


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