domingo, 4 de enero de 2026

6 DE ENERO: EPIFANÍA

 

Una estrella marca el lugar del nacimiento de Jesús en Belén. Pero desde aquella primera Navidad, la estrella que marca el nacimiento de Dios con nosotros está en el rostro del hermano que necesita que seamos su prójimo. Rostros, biografías, entrañas de humanidad y pesadas cargas de dolor soportadas a duras penas sobre sus espaldas, esa son las estrellas que marcan el lugar y el momento en los que Dios vueleva a nacer para que no muramos de inhumanidad.

LECTURAS

  •  Is 60, 1-6. La gloria del Señor amanece sobre ti.
  • Sal 71. R. Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra.
  • Ef 3, 2-3a. 5-6. Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa.
  • Mt 2, 1-12. Venimos a adorar al Rey.

Adorar, poner esa carne frágil que preludia toda la ternura de Dios por encima del oro, el incienso y la mirra. Colocar la humanidad tan débil como un recién nacido por encima de los intereses crematísticos o de la vanidad y el poder. Porque adorar a Dios sólo se puede si en nuestra escala de prioridades su voluntad de vida y fraternidad no se posponen, malvenden o escamotean por miedo o comodidad. Adoremos al Dios que nos invita a no caer en el racismo, el clasismo, o la aporofobia, o tantas otras formas de irracional culto al ego o a la superioridad de una pueblo, una raza, una cultura, una religión.

Ni siquiera la religión se puede anteponer al Dios humanado para que no nos deshumanicemos. El culto en verdad y espíritu, que adora al Dios verdadero se practica con las bienaventuranzas y el mandato del amor fraterno. No vamos a descuidar el lenguaje repetuoso y devocional con el que reverenciamos los símbolos de nuestra fe, nos arrodillaremos, santiguaremos, trataremos con delicadeza los espacios, signos y elementos de nuestra liturgia y nuestras iglesias, claro que sí. Pero adorar, lo que se dice adorar a Dios requiere la práctica coherente y esforzada de lo Dios mismo es: amor entragado, compasión entrañable, perdón generoso. Así quiere Dios que lo adoremos y, como los magos, hemos venido a adorarlo.

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: ¿A QUIÉN ADORAMOS?

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: ESTAR A LO QUE SE CELEBRA


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