LECTURAS
- Is 42, 1-4. 6-7. Mirad a mi siervo, en quien me complazco.
- Sal 28. R. El Señor bendice a su pueblo con la paz.
- Hch 10, 34-38. Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
- Mt 3, 13-17. Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba
En esa conformidad que muestra Jesús con los tiempos y la secuencia de los acontecimientos que hacen historia, "convien que hagamos ahora lo que es justo", Jesús está afirmando su plena disponibilidad a formar parte de una historia que viene de muy atrás y va mucho más allá de su propia muerte. Son los planes de Dios, es la voluntad divina de salvación lo que conviene que se cumpla y que nosotros asumamos nuestra parte en ella. Y para que Jesús, como cada persona que ha vivido en el mundo, pueda responder con todas sus capacidades, libertad y entendimiento pleno de las consecuencias, es menester soltar amarras, salir, buscar, ir más allá de lo recibido y aprendido. Para Jesús eso supone la singladura evangelizadora por Galilea, la formación de una comunidad, el enfrentamiento con las resistencias propias y ajenas a los sueños divinos de misericordia y plenitud. El Bautismo, como después las tentaciones del desierto, están condensando de manera programática, y por eso mismo catequética, todo un proceso que no empieza ahora ni culmina con el gesto, el símbolo y la confirmación profética. Es un proceso que todavía tiene que desarrollar sus recursos, contrastar las dificultades y dar los pasos que no tienen un camino totalmente trazado, que exige crear y descubrir. Con este arranque de la misión de Jesús y de su necesaria preparación para ella, debiéramos echar los ojos atrás, ver los pasos que nos trajeron hasta aquí y evaluar las nuevas decisiones que nuestra propia vocación plantea a cada nuevo recodo del camino. Él, va delante y nos anima a no estancarnos.

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