LECTURAS
- Is 49, 3. 5-6. Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación.
- Sal 39. R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
- 1 Cor 1, 1-3. A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y
del Señor Jesucristo.
- Jn 1, 29-34. Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.
Lo primero que sí sabe bien Juan Bautista es que él no es el mesías, que no es el profeta esperado (Jn 1, 19 - 28). Y ese autoconocimiento es esencial para poder encontrar lo que le supera a uno, lo que trasciende y desborda las propias capacidades y realiza lo esperado. El que sabe quien no es, puede reconocer con más sinceridad y clarividencia a quienes sí lo son. La primera condición para comprender la verdadera identidad y misión de Jesús en nuestra vida, lo que nos puede aportar si lo aceptamos en su propia realidad, es que nos conozcamos y que seamos conscientes de lo que no sabemos, de lo que todavía estamos buscando. El que se conoce bien tiene preguntas, porque también es consciente de lo que no sabe.
El Bautista sabe lo que no es, pero también sabe que hay alguien que es más porque responde a lo que, en fidelidad a la esperanza de Israel, puede cumplir las máximas expectativas de vida y verdad. Por eso podrá dar testimonio de Jesús como cordero de Dios. Pero, ¿qué ha visto Juan en Jesús?, le ha visto abierto al Espíritu, dócil a la voluntad de Dios y confiado en su plan divino hasta el punto de que, como dirá en el pasaje del Bautismo: "conviene que cumplamos lo que es justo". Esta disposición a ponerse en manos de Dios es el poder que el Bautista detecta como acción del Espíritu Santo y le permite reconocerlo como cordero de Dios. Descubrir lo que según el plan de Dios es justo, conveniente o necesario para nosotros sería nuestro bautismo de adultos, nuestra segunda conversión, la que después de lo aprendido y heredado da paso a lo elegido como nuestra verdadera oportunidad de ser quienes estamos llamados a ser por la gracia de Dios.

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