lunes, 19 de octubre de 2026

DOMINGO 25 DE OCTUBRE: XXX DE TIEMPO ORDINARIO (CICLO A)

La primacía y conjunción del amor a Dios y al prójimo en la ley de Dios no es invención de Jesús. De algún modo late en toda la crítica profética contra una fe y un culto sin justicia. Como tampoco es exclusiva de los fariseos y escribas la preocupación por la síntesis y jerarquía de los mandamientos, pues a los judeo cristianos, rama con la que se identifica y a la que se dirige el evangelio de Mateo, les preocupaba cómo quedaba la ley de Moisés en la nueva vivencia de la fe que suponía creer en Jesucristo como el maestro definitivo y la realización de las promesas. La auténtica novedad es que ésta sea la lectura y la opción de Jesús para presentar lo esencial de toda la Palabra de Dios y lo decisivo de la volluntad divina para con nosotros. Y también es nueva y determinante que el que lo dice, aún retomando tradiciones y líneas interpretativas ya presentes en las propias Escrituras, lo hace con la autoridad exclusiva del que encarna en su vida, con su muerte y por su resurreección, esa voluntad y su sentido de salvación plena.

LECTURAS

  • Ex 22, 20-26. Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros.
  • Sal 17. R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.
  • 1 Tes 1, 5c-10. Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo.
  • Mt 22, 34-40. Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo.

El correlato ético y relacional del amor al hermano, como acompañamiento imprescindible, verificativo y complementario del amor a Dios no es una mera añadidura en el orden de las consecuencias. La apuesta de Dios por nosotros sólo con una respuesta integral puede ser correspondida. Y si nuestra fe, en cuanto integral, afecta a todas las dimensiones, si implica "alma, corazón y vida" que diría la canción de Los Panchos, ahi entran con derechos propios las relaciones interpersonales, los valores sociales y el compromiso fraternal. 

Luego, cuando Jesús une la fe en Dios con el amor al prójimo "como a ti mismo" (Lv 19, 18), el que sus propios adversarios, no sin retintín, reconocene como maestro, está haciendo una exégesis consecuente y personalmente vivida del precepto de Deuteronomio 6, 5: "Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Porque, aunque sea malintencionadamente, los escribas de este pasaje ven a Jesús predicar, comprueban que tiene discípulos y muy a su pesar, constatan que tiene audiencia entre el pueblo, y eso le confiere la autoridad de los maestros. Pero lo que ellos no saben es que su autoridad no le viene de una escuela, ni siquiera de la lectura personal de la Escristuras. Que claro que Jesús tuvo su escuela en Nazaret y en el desierto, y tuvo su maestro, Juan Bautista, pero como él mismo respondió a los discípulos de Juan cuando le preguntaron por sus avales proféticos (Mt 11, 2-6), es su vida misma la fuente de la verdad con la que comprende y explica la Palabra de Dios. Son sus curaciones, su atención misericordiosa a los pequeños y desvalidos, su oración incesante, su entrega total a la voluntad a Dios... es su filial complicidad con el Padre, los que fundamentan la contundencia y el alcance de su eseñanza, así como la radicalidad en la comprensión y propuesta de lo que es y supone creer en Dios.

Mateo, sistemático en su narración del vida y el mensaje de Jesucristo,  dispone tras la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén un desfile de testigos de cargo que anticipan a los que comparecerán ante el Sanedrín para condenarlo (Mt 26, 57-67). La efervescente sociología religioso - política, pues en Israel no hay separación posible entre ambos órdenes, marcará el destino del mesías de Nazaret. En el contexto común del creciente descontento contra los romanos, las diferentes sectas, corrientes e instituciones del judaismo de las primeras décadas del siglo I, el marco cronológico de los evangelios, tienen que posicionarse tanto frente al hecho del Imperio que les somete, como a la intepretación más correcta de la propia tradición judía, de las escrituras y los ritos que marcan la más profunda identidad de Israel. Desde su llegada a Jerusalén, Mateo hace un desfile de estas posiciones que reclaman de Jesús la suya: los sacerdotes y ancianos ante la purificación del Templo (Mt 21, 12 - 17) que motivará por parte de Jesús la respuesta de las parábola de los dos hijos, los viñadores homicidas y el banquete de bodas desatendido por los convidados (Mt 21, 23 - 45. 22, 1 - 14) Aquí aparecen ya los fariseos (Mt 21, 45) que son los protagonistas del rifi rafe a cuenta del tributo del César (Mt 22, 15 - 22). Aunque la liturgia no lo coloca a continuación, en la secuencia de Mateo, aparecen después de los sacerdotes y fariseos los saduceos, que constituía el partido o corriente a la que pertenenecían los sacerdotes. Estos plantean la cuestión de la resurrección de los muertos (Mt 22, 23 - 33). Y les llega el turno a los escribas, los maestros de la ley, con su cuestión sobre la jerarquía de los mandamientos. Se trataba de una cuestión no menor, pues el judaísmo tradicional había desarrollado la ley de Moisés, los diez mandamientos, en la pléyade de 613 preceptos mayores y menores que debían guiar la conducta del buen judío a lo largo del día y de toda su vida, y que tenían todos ellos su origen en la Biblia. No es, pues, una cuestión baladí la que plantean ahora los expertos en las Escrituras, con ella podían tantear el posicionamiento de Jesús ante la fuente sagrada de la moral y la fe de Israel. La respuesta de Jesús tampoco es exclusiva de él, pero marca su dirección en la lectura de la Palabra de Dios y su aplicación esencial en la moral radical, libre y mística que acompaña al anuncio del Reino de Dios.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: AMAR CON TODO

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: EL AMOR LO ES TODO

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: UNIFICADOS

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

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