LECTURAS
- Num 21, 4b-9. Cuando una serpiente mordía a alguien, este miraba a la serpiente de bronce y salvaba la vida.
- Sal 77. R. No olvidéis las acciones del Señor.
- Flp 2, 6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo.
- Jn 3, 13-17. Tiene que ser elevado el Hijo del hombre
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.
«Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos.»
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto...
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla... más sencilla...
haz una cruz sencilla, carpintero.
Así decía, y con mucha razón, el poeta León Felipe, y con él, así deberíamos decirlo todos los que seguimos al que crucificaron, pero no sólo hay que apostar por la cruz sin tapujos ni adornos, tampoco queremos una cruz sin el crucificado, que es el que da significado a la cruz, porque sin Él, no es más que instrumento de tortura y dolor. Porque no es el dolor lo que salva, ni exaltamos el masoquismo del sufrimiento por el sufrimiento, es el que cuelga del madero con una intención, por un motivo de solidaria compasión para compartir el sufrimiento de los que sufren e invitarnos a evitar cuantos sufrimientos no sean inevitables, sino fruto del pecado, del odio, de la indiferencia y de la injusticia. Es el crucificado el que consigue, por la fuerza transformadora del amor convertir la cruz y su muerte, el sufrimiento y su pasión en modelo de compromiso liberador, solidario y humanizador. Porque Dios no quiere que suframos y menos todavía, que ocasionemos sufrimiento a nuestros hermanos, por eso sube a la cruz y desciende a los infiernos y se levanta en la mañana de Pascua victorioso sobre la muerte, el odio y la indiferencia.
Que el hijo del Hombre "tiene que ser elevado", no es la afirmación de un determinismo del destino, más propio de la mitología griega que de la Historia de la Salvación que arranca con la creación y no se detiene hasta ser gloria y plenitud. Obsérvese que Jesús asevera que lo que pasará en la cruz es una "elevación", una mostración como la del estandarte curativo de Moisés. Pero ¿qué muestra, qué pregona esta elevación del Hijo del Hombre sobre la cruz? El por qué de su pasión, que es al mismo tiempo el por qué de su misión. La elevación de Cristo en el estandarte de la cruz anuncia la fuerza salvadora, curativa y redentora del amor, de la entrega y de la compasión. Hoy exaltamos la generosidad, la esperanza y la fuerza del amor que llevaron a Jesús en la cruz para descolgar a tantos crucificados, para intentar hacer imposibles tantas cruces innecesarias, cruelmente interesadas o irresponsablemente olvidadas.
LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA: FUE EN LA CRUZ
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: EL OTRO HIJO

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