LECTURAS
- Hch 13, 26-33. Dios ha cumplido su promesa resucitando a Jesús.
- Sal 2. R. Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
- Mt 13, 54-58. ¿No es el hijo del carpintero?
En realidad, cuando los evangelios se refierena a San José, a veces sin nombrarlo, se refieren a él no como "carpintero", sino como obrero manual, artesano (en griego, tékton). Bien pudieran sus manos trabajar la madera, acarrear cargas de material, construir edificaciones, reparar desperfectos, limpiar suciedad... en Nazaret su pueblo, o en la cercana Séforis, ciudad más poblada y con más vida administrativa y comercial. El caso es que Jesús de Nazaret, el que por su resurrección será despúes confesado como Hijo de Dios, Nuestro Señor, era conocido también por su filiación de aquél obrero, trabajador con sus manos, representante de la mayoría sociológica de un pueblo dividido en ricos y pobres. Este origen humilde, pero compartido por tantos contemporáneos suyos, le da a Jesucristo una raíz histórica que bien se compadece con las demandas de Dios en favor de la justicia con los oprimidos y la rectitud de las relaciones entre las personas como expresión de su Ley, como aplicación del derecho. Por eso, bajo la advocación de san José Obrero, no sólo no nos desviamos de la celebración civil, ni escamoteamos el contenido social de este día mundial del trabajo. Y sin restarle ni un ápice de su contenido reivindicativo, con san José nos ponemos de parte de las reclamaciones de más seguridad en el trabajo y plena aplicación de las medidas que lo protegen de todo tipo de explotación. Es más, queremos recordar a los que, como a veces le pasó a san José, no son nombrados pero existen y trabajan, hacen sociedad y crean properidad sin ver sus derechos reconocidos. Personas trabajadoras sin contrato porque ni son reconocidos, como si no exisistieran. Un motivo más para que la regularización de los inmigrantes sea un hecho que no nos divida sino que nos una para hacer una sociedad más justa y fraterna.

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