LECTURAS
- Hch 2, 14. 22-33. No era posible que la muerte lo retuviera bajo su
dominio.
- Sal 15. R. Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
- 1 Pe 1, 17-21. Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un
cordero sin mancha, Cristo.
- Lc 24, 13-35. Lo reconocieron al partir el pan.
Pretender que los relatos evangélicos de la resurrección del Señor son descripciones exactas, literales, de hechos materiales, sería forzar su significado y desvirtuar su intención. Los evangelios, todos sus pasajes y la redacción de los mismos en forma de un relato biográfico, fueron escritos porque ya era una realidad la fe en la resurrección. No sólo estos referidos a las apariciones del resucitado y la tumba vacía, sino en su integridad, todo el evangelio responde a la nueva iluminación que sobre la vida de Jesús arroja la honda convicción de que ha vencido la muerte. Esta visión creyente y piadosa de la persona y la misión de Jesús debe tenerse en cuenta para todos y cada uno de los episodios que les dan cuerpo, y para todos y cada uno de los mensajes que se quiere transmitir con las palabras y los hechos que cuentan. No son historia, tampoco ficción, pero sí que cuentan la historia de Jesús vivida y recordada con fe. La resurrección está proyectando sobre la predicación, los milagros, los encuentros y desencuentros, el discipulado, la relación de Jesús con el judaismo, su rechazo, pasión y muerte en la cruz, una amplitud de significado que va mucho más allá de una crónica puntual y fidedigna de los hechos.

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