Reliquias, milagros, argumentos teológicos, experiencias cercanas a la muerte, pruebas concordantes con los descubrimientos científicos..., corren tiempos apologéticos. Todos andan buscando cómo dar certidumbre a lo que creen y a lo que no creen. Ya sea el microscopio que busca lo pequeño, o los telescopios que se fijan en lo más grande, resultan insuficientes para la verdad de la vida que vence a la muerte y desborda el infinito que avizoramos en el vacío -que según la física no lo es tanto- o en el universo, que tampoco lo es, pues tiene límites por vastos e inalcanzables que sean. No, el resucitado y quien lo resucita, Dios, sí que están allende el silencio eterno de los espacios infintos (que tampoco son totalmente mudos) que aterraba a Pascal. Pero también está más acá de nuestras razones y teorías. Pues es en la comunidad que se reúne en su nombre donde se le sigue encontrando. Y como el extraño que siempre será quien está más allá de mi subjetividad, se nos sigue apareciendo en el hermano que te necesita y en las causas que lo defienden. Hoy, Tomás sigue hurgando en la herida para cerciorarse de que es el crucificado quien tiene delante, y hoy, como entonces a Tomás, Jesús nos dirá una y mil veces más, que dichosos los que crean sin ver, es decir, los que crean.
LECTURAS
- Hch 2, 42-47. Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común.
- Sal 117. R. Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su
misericordia.
- 1 Pe 1, 3-9. Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
nos ha regenerado para una esperanza viva.
- Secuencia (opcional). Ofrezcan los cristianos ofrendas de alabanza
- Jn 20, 19-31. A los ocho días llegó Jesús
Tal vez no sean milagros de los que se certifican en las causas de los santos, o hechos científicamente incomprensibles, para cada vez que se reúne la comunidad en nombre de Jesús y en su nombre se emprenden iniciativas que derrotan el individualismo y restauran la fraternidad, se nos vuelve aparecer el resucitado. La muerte se vence con el amor, la entrega y la generosidad, así le pasó a Jesús y así nos puede pasar a nosotros si somos capaces de ver en los ojos del "hermano eterno" (Stephan Zweiz) la mirada del que es eterno y a la eternidad de su comunión amorosa nos llama. En tiempos de pantallas y comunicaciones digitales, que bienvenidas sean con todas las precauciones que sean necesarias, la reunión, las reuniones, los encuentros y los proyectos colectivos son como la herida luminosa del crucificado a través de la cual podemos sentir su presencia que da vida. Cada bolsa o fondo común, cada aportación para la caridad, cada hora de voluntariado, de servicio al bien común y a la Iglesia, brillan y dan calor de vida como manifestación del Dios que resucita a Jesucristo para que nosotros nos animemos a resucitar antes de morir, para no morir para siempre. Y así, esto de la resurrección deja de ser algo que tiene que ver sólo con mi muerte y mis difuntos, y se convierte en la vida que merece la pena ser vivida, también por lo que viven ya para siempre.

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