La tumba vacía y las apariciones del resucitado son los dos registros que emplean los evangelios para confesar que Cristo está vivo para siempre. No es la vida que alcanzó después de muerto Lázaro, es la que todos hemos de experimentar por pura bondad divina. Si su muerte tenía un significado universal: el amor de Dios no se detiene ante nada; su resurrección es igualmente una realidad abierta a todos los hijos de Dios. En este domingo leeremos a Juan, pero tanto da uno que otro evangelio, los relatos pascuales, nacidos de la fe en que Cristo había resucitado porque Dios estaba con Él, coinciden en que ambas vías para descubrirlo resucitado -el sepulcro vacío y los encuentros con el resucitado-, tienen en común la fe y la comunidad. Es la fe y sólo la fe la mirada que puede reconocer el despliegue de la vida que vence a la muerte. Y la fe, la transmite la comunidad, la acepta cada uno, pero se nutre, recupera y experimenta en comunidad. Por la fe y en comunidad sentimos que Cristo no está en la tumba y es reconocible donde siempre estará, donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí, en medio de ellos, estoy yo" (Mt 18,20)
domingo, 5 de abril de 2026
PASCUA DE RESURRECCIÓN
COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA: MISTERIO DE ESPERANZA
COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: NUEVA VIDA
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