sábado, 4 de abril de 2026

SÁBADO SANTO DE LA SEPULTURA DEL SEÑOR

Mientras llega la mañana del día primero, que anticiparemos gozosos en la vigilia pascual, el silencio y la ausencia imponen su llamada a la conciencia del tiempo que media entre la muerte y la vida, entre la cruz y el sepulcro vacío. Resucitó el Señor, esa es la verdad que nos sostiene en el compás de espera. Pero si hubo que aguardar al tercer día para reconocer la tumba vacía y encontrarse con el Resucitado, será que la muerte reclama para ella, aún vencida por la vida nueva de la fe y la fecundidad del amor, un tiempo de reflexión, tan profunda como oscuro es el velo que la separa de la claridad del día sin ocaso. Callan las campana, cesan los ceremoniales, reposamos el movimiento y dejamos suspensas las agendas de la Iglesia, incluso contenemos un tanto la respiración, porque la espera es premiosa, cargada de ansiedad y contención. 

Mas no está vacío este tiempo intermedio. Como la tierra cubierta de rocío al amanecer, nuestras almas acogen y maduran las escenas de la Pasión, de la Última Cena al piadoso cuidado del cuerpo muerto y resguardado en la tumba de José de Arimatea. Resuenan las palabras, retumban los gestos, inquietan los interrogantes, late la esperanza que trasciende dudas y mantiene el calor que la muerte nos niega. Es fecunda esta espera, está cuajada de todos los descubrimientos que nos ha reportado el seguimiento de Jesús, en compañía de la comunidad, sin la que es más duro seguir buscando. De las catequesis tempranas que recibimos para la primera comunion, hasta esta hora de nuestra vida cristiana, pasando por las oportunidades que cada uno hayamos tenido para ir madurando nuestra fe, este Sábado Santo de la sepultura del Señor sugiere que contemplemos el recorrido creyente que nos ha traído hasta aquí y vayamos extrayendo de su tesoro de experiencias, intuiciones, aprendizajes y opciones lo esencial, que será lo que perdure y nos haga perseverar como discípulos de Cristo y miembros de la Iglesia. Callemos pues y de esa arca del escriba, saquemos de lo nuevo y de lo viejo para quedarnos con lo mejor, con lo que nos haga mejores.



 

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