viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO. COLECTA DE LOS SANTOS LUGARES

Si en Mateo y Marcos, las últimas palabras de Jesús exclaman una oración de lamento "Dios mío, Dios mío, por que me has abandonado" (Sal 22,2) Tanto Juan como Lucas optan por resaltar con más esperanza y adoración a Dios el sentido de culminación y realización que tiene aquella muerte para la vida con la que Jesús ha llevado adelante su misión. Y así, en la pasión según san Lucas, Jesús muere diciendo: "Padre, en tus manos encomiento mi espíritu" (Sal 31,6) y san Juan, más solemne, "Todo está cumplido". Pero, en todo caso, las cuatro pasiones que narran la muerte de Jesús coinciden que Jesús muere volviéndose a Dios, dirigiéndose al Padre, al que había aceptado como origen y meta de sus pasos, como sentido de todos los latidos de su corazón. Lo que esta muerte cumple, lo que Jesús pone en manos de Dios, aun en la forma de angustiosa requisitoria por su presencia vivificadora, es la total conexión de su ser y su acción con la voluntad de Dios, que siempre fue que tuviéramos vida en abundancia.

LECTURAS

  • Is 52, 13 — 53, 12. Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Cuarto cántico del Siervo del Señor)
  • Sal 30. R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
  • Heb 4, 14-16; 5, 7-9. Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación.
  • Jn 18, 1 — 19, 42. Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

La muerte, incluida la de Jesús, siempre es un corte con el tiempo y los sentidos, de la existencia que nosotros podamos percibir y sentir como nuestra. La muerte suspende el orden de las causas y consecuencias, de las horas y las sensaciones, se impone un silencio a todas las palabras y una ausencia de todas las emociones. La muerte, también para Jesús, pone precio a la vida y la deja toda ella bajo el velo de lo que está fuera de nuestra decisión y voluntad. En la muerte estamos sólo en manos de Dios. Por eso, el que vivió siempre en sus manos, sabe que la muerte no interrumpe, no puede cortar el hilo que nos une a Dios, el afecto que nos tiene y por el que, las más de las veces sin ser conscientes de ello, hemos vivido en realidad, solo por su amor. Jesús muere dirigiéndose a Dios, con el tono angustiado del que lo echa de menos, o con la expresión de quien siempre se ha sabido en sus manos. Pero, la muerte en la cruz de Jesucristo no es un accidente fortuito, ni una mera consecuencia de la injusticia que genera el pecado humano, del extravío de prescindir de Dios y su deseo de bien para todos. Sino que culmina con su lógica aplastante, todo el proyecto de vida Jesús asumió en el desierto, por el que se puso de parte del amor y la misericordia y en contra de la violencia y el odio. Si no hubieran sido los romanos, si no hubieran participado los sacerdotes, habrían sido los herodianos, o los zelotes, o el mismo pueblo que aquí aplaude al profeta bondadoso y allí pide su cabeza, porque tanto bien y verdad acaban por incomodar e interpelan la hipocresía y cobardía con las que vivimos a ras de nuestras propias limitaciones y conveniencias. No, no se trata de que Dios exija una vida como chivo expiatorio, es que sin compromiso y sacrificio malamente se puede uno oponer al mal y plantarle cara a la injusticia y el poder. Y así, la muerte del Señor, voluntariamente aceptada desde el momento en que dijo no a las seductoras propuestas del maligno, señala al mismo tiempo, hasta donde está Dios dispuesto a llegar para decirnos que ni la muerte puede separarnos de Él; y hasta donde podría llegar la afirmación de don de la vida si estuviéramos dispuestos a vivirla con generosidad y compasión, tal que hermanos con sus hermanos, del modo en que viven sus vidas los padres por los hijos, los enamorados con sus parejas, y todos con los que formamos parte de esta misma y única familia que es la humanidad.

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO: VIA CRUCIS DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO



No hay comentarios:

Publicar un comentario

PASCUA DE RESURRECCIÓN

  La tumba vacía y las apariciones del resucitado son los dos registros que emplean los evangelios para confesar que Cristo está vivo para s...