LECTURAS
- Ex 12, 1-8. 11-14. Prescripciones sobre la cena pascual.
- Sal 115. R. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo.
- 1 Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte
del Señor.
- Jn 13, 1-15. Los amó hasta el extremo.
En el desierto de las tentaciones, como en el desierto del Éxodo, Jesús al igual que Israel, es conducido para pasar (que es lo que quiere decir "Pascua") de una vida cerrada sobre nosotros mismos a la plena conexión con la vida de Dios y sus motivaciones: el amor, la comunion, el perdón, el amor. Y en la Última Cena, tanto en san Pablo como los sinópticos, esta pascua de la vida auto referencial a la existencia ofrecida y compartida se significa en el gesto eucarístico del pan y del vino. Sin dicho gesto, pero con la misma intención, el evangelio según san Juan expresa que el camino que conduce a Dios pasa por la entrega y la generosidad. Pero aquí son el lavatorio de pies y el mandato del amor fraterno los que explicitan la moral fraterna que puede estar a la altura de la propia vida entregada de Cristo. Por eso sería mancillar la excelencia del sentido eucarístico separarla de la caridad y la solidaridad, vivirla al margen del compromiso comunitario con los hermanos que nos necesitan. La cena del señor que conmemora la Eucaristía es siempre caridad, la que Cristo tiene con nosotros, la que nosotros le debemos al hermano, la caridad con la que Dios nos admite en su íntima comunión de amor y vida plena.

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