domingo, 10 de mayo de 2026

DOMINGO 17 DE MAYO: VII DE PASCUA (CICLO A). ASCENSIÓN DEL SEÑOR

La referencia de Jesús al bautismo, fórmula trinitaria incluida, en el relato de la Ascensión con el que concluye el evangelio según san Mateo, es muy probablemente redaccional, que no jesuánica. Ello no le quita ni un ápice de verdad en cuanto a lo que los evangelios pretenden ser veraces. Ni de canonicidad, ni de inspiración, ni de carácter revelado. Es tan palabra de Dios como el resto del primer evangelio y la totalidad de la Sagrada Escritura. Como ocurre en el proceso de elaboración de los evangelios, proceso a través del cual, la memoria de los primeros cristianos transmite el Espíritu que es el verdadero y último autor de la revelación escrita, esta alusión directa al bautismo cristiano, aunque se debe a la práctica bautismal de la primera Iglesia, acoge en su motivación y finalidad lo que Cristo es y lo que Cristo nos comunica. Y es ahí donde la meditación, predicación y aplicación pastoral debe incidir para resaltar que la continuidad de la presencia de Cristo en su Iglesia, no es sólo una cuestión espiritual, intimista e individual, sino una experiencia de pertenencia comunitaria, participación comprometida y solidaridad fraternal con los que también comparten esa vivencia de que Cristo está con nosotros hasta el fin del mundo.

LECTURAS

  • Hch 1, 1-11. A la vista de ellos, fue elevado al cielo.
  • Sal 46. R. Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas. 
  • Ef 1, 17-23. Lo sentó a su derecha en el cielo.
  • Mt 28, 16-20. Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.

Ni el mismísimo san Pablo bautizaba (1Cor 1, 17), pues él fue enviado a predicar. El que sí bautizó en el Jordán, según el cuarto evangelio, fue el propio Jesús (Jn 3, 22), información que luego el mismo evangelista intenta suavizar diciendo que no era Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos (Jn 4, 2). En cualquier caso, bautizara o no Jesús, lo que está claro es que él sí fue bautizado por Juan Bautista y que fue próximo a su movimiento profético y bautismal. Pero, aquél bautismo del Jordán no era el Bautismo cristiano, ni debe ser entendido, salvo por la proximidad formal, como el precedente del mismo. Pues se trataba de una práctica penitencial, referida al anuncio del fin de los tiempos y ligado de manera expresa al arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida. Por eso, la referencia trinitaria que Mateo incluye en el envío a bautizar que Jesús hace a sus discípulos, desliga el bautismo cristiano de aquel otro y lo inserta en la nueva experiencia de Dios que Cristo nos ha comunicado con su vida, muerte y resurrección. El Bautismo "en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" tiene su verdadera raíz en la vida nueva que hemos conocido por el Evangelio viviente que es Jesús de Nazaret. Vida nueva que él ha mostrado con palabras y obras, y que ahora, por el Bautismo se experimenta en el anuncio evangelizador de la Iglesia. Si no podemos decir, al menos de manera histórica, que este texto sea la fundación del Bautismo por parte de Cristo, sí que estamos en condiciones de afirmar que el Bautismo se funda y significa en el envío misionero de Cristo, en su llamada al discipulado y en la respuesta que cada cristiano habrá de dar a esta común vocación.

Como expresión de la permanencia de Cristo entre nosotros, la Iglesia y su Bautismo son inseparables de una pertenencia activa a la comunidad. Pertenencia que no es sólo cultual, pues Jesús, en este mismo pasaje, liga el discipulado a la moral evangélica, al cumplimiento existencial de todo lo que Él nos ha enseñado y mandado. Por eso, el envío de Jesús al final de su ciclo mortal, como colofón de su misión temporal, renueva la vocación que nos hace discípulos suyos y que es común a todos los bautizados, laicos y ordenados. Vocación que implica la común misión de seguir anunciando el Evangelio viviéndolo en fraternidad. La Iglesia es sinodal, la evangelización es compartida, porque el que nos envía no hace distingos ni excepciones. No se trata sólo de repartirnos tareas, sino de experimentar que Cristo sigue con nosotros y su envío resuena en cada compromiso, en todos los ministerios, para responder con una misma dignidad y responsabilidad a su llamada, que es la vocación de todos los cristianos.

LECTIO DIVINA DE SAN ISIDRO DE ALMANSA

COMENTARIO EVANGÉLICO DE J. A. PAGOLA

COMENTARIO AUDIOVISUAL DE VERBO DIVINO

HOJA DOMINICAL DIOCESANA

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