LECTURAS
- Ap 7, 2-4. 9-14. Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar,
de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.
- Sal 23. R. Esta es la generación que busca tu rostro, Señor.
- 1 Jn 3, 1-3. Veremos a Dios tal cual es.
- Mt 5, 1-12a. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será
grande en el cielo.
Por debajo de las bienaventuranzas, además de la confirmación por parte Jesús de que Dios está por la plena felicidad de todas las personas, por la dignidad y la justicia que son requisitos mínimos para esa felicidad, hay una espiritualidad de la alteridad: el otro, su destino y su bienestar, forman parte del sentido de la vida y del contenido de la fe. La religión de Jesús, en su línea profética de radicalización de la fe de Israel, redescubre en el rostro del hermano, la volun tad de Dios. No se equivocan pues los que, sin restarle a este evangelio, su perspectiva escatológica, su mirada hacia una plenitud que rebasa nuestros límites temporales, lo traducen como una propuesta ética para el presente, en un ideario de solidaridad compasiva y compasión activa. Porque es cierto que solo en el futuro de Dios serán totalmente satisfechas las justas expectativas de los pacíficos y las reivindicaciones de todas las víctimas del injusto orden presente.
Pero mientras llega o llegamos nosotros a ese horizonte último y siempre fuera de nuestra corta andadura mortal, el presente se convierte en lanzadera que tira de nuestra esperanza para desplegar todas las energías y compromisos necesarios para acercarnos a la erradicación del hambre de pan y a la saciedad del hambre de justicia. Lejos de convertirse en una escapatoria de la urgencia de las necesidades y desigualdades, la esperanza en un futuro de bienaventuranza es motivación para que nos unamos contra lo que aquí ahora merma nuestro derecho a la felicidad integral y universal. Puede que tuviera razón Marx en que por mucho tiempo, esta fe en el futuro de Dios se empleó por algunos como excusa para aplazar a la otra vida la justicia que faltaba en ésta, pero son muchas las vidas cristianas que se han empleado a fondo en gastar sus días contados para lograr adelantar, siquiera un poco, lo que abarcaban sus fuerzas, la fraternidad y la equidad.
Me decía una vez un querido amigo, activista admirable de las causas de la paz, la justicia y la defensa de la naturaleza, que creo gozará ya de la dicha del Señor: «Vosotros, los creyentes, tenéis la suerte de trabajar a muy largo plazo»... y tan largo, por eso, con ahínco y mucha generosidad hacemos lo posible por acortarlo, por adelantarlo con nuestro compromiso y nuestra coherencia.

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